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Norma Mendoza López fue torturada por Los Zetas en una prisión mexicana de la que la organización criminal se apoderó para convertirla en un sitio de hacinamiento y tortura. A Norma le arrancaron las uñas, la quemaron, le dieron golpes con tablas de madera y la martirizaron hasta creer que estaba muerta.

Hace seis años, Norma quedó atrapada en una pesadilla por no acceder a irse 15 días con un “comandante” y “por apretada”, la detuvieron en el Centro de Ejecución de Sanciones de Nuevo Laredo, donde Los Zetas mandan. Los guardias están a su servicio.

En una entrevista, donde narra su historia, la mujer afirma que logró sobrevivir a ocho días de torturas y abusos sexuales: “A diversas horas del día me golpeaban”. Querían que les confesara que era un “halcón” del Cártel del Golfo, agrupación con la que iniciaron una guerra en el 2010.

La torturaron con una “tabla diseñada especialmente” para sus rivales (los del Cártel del Golfo) y le propinaban golpizas en “tandas de 15 tablazos” en diversas partes del cuerpo como la espalda, los glúteos y las piernas. “Me arrancaron las uñas, me quemaban el cuerpo con cigarrillos”, cuenta.

El último día de su martirio, una “mujer obesa” brincó sobre su estómago, provocándole un vómito de sangre y un desmayo tan repentino que los victimarios pensaron que ya estaba muerta. Cuando la trasladaban a la morgue, al noveno día, ella emitió un quejido que reveló que todavía seguía viva.

Cuando la trasladaron a la clínica, recibió primeros auxilios y después fue trasladada al Hospital General de Nuevo Laredo, donde le practicaron 14 cirugías. Había quedado con hemorragias internas, con la vesícula rota, con el cerebro inflamado y el hígado y varias costillas “destrozadas”.

Ella es una de las sobrevivientes de las torturas, pues el cirujano que la atendió revela que “frecuentemente” tenía que retirar tejidos muertos de reos que llegaban de las prisiones del estado. Algunos de los torturados mueren en el penal y los que no, generalmente quedan traumados con la tortura, como locos.

Su historia se remonta a noviembre del 2011, cuando viajó de Reynosa a Nuevo Laredo, Tamaulipas, uno de los estados más violentos del país, para pasar el fin de semana con su pretendiente, Juan Manuel. Tan sólo un día después de instalarse en un hotel, ambos fueron detenidos por un grupo de hombres uniformados.

Una vez en la Fiscalía, les impidieron hacer una llamada y cuando llegó el abogado de oficio, ella declaraba una cosa y ellos escribían otra completamente distinta. Después la obligaron a firmar ese documento lleno de mentiras y aunque Norma jamás lo hizo, fue detenida por “atentado contra la seguridad de la comunidad”.

Cuando Norma Mendoza fue liberada, ordenaron su regreso a la prisión por lo que su padre, Sergio Mendoza, pidió la intervención de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, pero los encargados decidieron ocultar el caso. Las fotografías de sus lesiones también fueron ignoradas por Presidencia.

Finalmente, en el 2012 logró convertirse en la primera mujer mexicana en estar certificada por el Protocolo de Estambul, que incluye una serie de reglas para evaluar a personas torturadas. Así, luego de seis días en los que tuvo que recrear todo lo que le hicieron, pudo comprobarse que sí había sido torturada.

Pero Norma tuvo que regresar a una prisión de Reynosa y luego de tres años de litigio, un juez ordenó su libertad porque no se encontraron pruebas del delito del que la habían acusado falsamente. Actualmente, ella sigue en el proceso para ser indemnizada, pero la Fiscalía estatal “perdió” el expediente con los resultados del protocolo.

Los Zetas son una organización criminal dedicada principalmente al narcotráfico y a actividades destinadas a infundir terror en la población y en sus enemigos. Se constituyeron a mediados de la década de los 90, por un grupo de exmilitares del Ejército mexicano que desertaron. Es por eso que ahora son identificados como el cártel más violento del país, adiestrados en el uso de armas y estrategias belicosas.

agencia/jcd

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