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El papa Francisco está de visita, nuevamente, en nuestro continente. Y aunque no pise tierras mexicanas, debemos estar atentos a su mensaje, pues los problemas y los retos de los chilenos y los peruanos no nos son ajenos.

Esta visita ha sido complicada, pues no son pocos los grupos chilenos a quienes disgustó la presencia del Papa. No hay que perder de vista que, aunque la mayoría de los chilenos se reconocen como católicos, también es cierto que los casos de pederastia hicieron que el índice de credibilidad de la Iglesia chilena cayera hasta el 36 por ciento.

Los lamentables actos de violencia perpetrados en las iglesias quemas intencionales, pintas, amenazas de bombas son inaceptables; en la cultura democrática, todas las voces merecen tener espacios para ser escuchadas y el respeto por las instituciones incluso por las que no pertenecen al Estado es condición necesaria de la convivencia plural y tolerante.

Pero, todavía más importante, porque el derecho a la libertad religiosa es una prerrogativa de todos los ciudadanos. Las y los católicos chilenos tienen derecho a asistir con seguridad y con tranquilidad a los multitudinarios eventos a los que convoca el Papa.

Por ello, aunque no se compartan los principios de la fe o haya críticas que hacer a la Iglesia, es indispensable mantener un ambiente de respeto. Se vale disentir, pero no se vale violentar.

Hay cuatro aspectos de la agenda del Papa Francisco en Chile, que llamaron mi atención: la visita a la cárcel de mujeres, el encuentro con sus hermanos jesuitas, la visita a la Universidad y el encuentro en Temuco, con la comunidad Mapuche.

Celebro que el Santo Padre dedique buena parte de su tiempo a acompañar a las mujeres que se encuentran en situación de cárcel, pues suelen ser abandonadas por sus familias. El mensaje cariñoso que les dejará el Papa, puede servirnos como guía del trato y responsabilidades que, como sociedad, tenemos para con ellas.

Me encantaría poder escuchar el interesantísimo diálogo que sostendrá con sus hermanos de la Compañía de Jesús; estoy segura de que se abrirán líneas de discusión teológicas de avanzada y que enriquecerán la vida de la Iglesia en el siglo XXI. En tercer lugar, la parada en la Universidad Pontificia de Chile es un acercamiento con los jóvenes y con la intelectualidad. Finalmente, el encuentro con la comunidad Mapuche será clave para comprender las líneas de defensa y protección a los indígenas que tomará el Papa.

En mi opinión, el itinerario en Chile comunica dos cosas: al Papa le preocupan, de manera especial, las mujeres y los indígenas. Y para acompañarlos y protegerlos cuenta con los jóvenes, los intelectuales y los religiosos, mediante una fundada asistencia moral, racional y espiritual.

Creo que el Papa nos dejará un abrazo al corazón y un puñado de ideas, para reflexionar y hacer de éste, un mundo más humano.

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