Si el dinero produce felicidad, ¿la felicidad produce dinero?

 

 

“El dinero es Felicidad humana en abstracto”. Arthur Schopenhauer, filósofo alemán. Habiendo sido este 20 de marzo, día mundial de la felicidad (y evidentemente de forma relacionada, mi cumpleaños), conviene recordar que, con frecuencia, distintos estudios han tratado de encontrar la relación que existe entre la condición económica de las personas y su felicidad.

 

Se trata en su mayoría de estudios que tratan de analizar los efectos que pueden tener ciertos comportamientos o conductas económicas en la percepción subjetiva de bienestar asociado a la felicidad. En este sentido, se han estudiado factores como el desempleo, la inflación, el nivel de ingreso y su impacto en la felicidad; destacadamente, algunos modelos permitieron encontrar una correlación entre el nivel de ingreso y la felicidad percibida, la cual crece en la medida en que lo hace el ingreso, pero llegado cierto límite deja de crecer: es decir, llegado cierto nivel de ingreso ya no hay incrementos en la percepción de felicidad

 

En el estudio “Reversing the Question. Does Happiness Affect Individual Economic Behavior?”, de Cahit Guven, se trata de revertir la pregunta y encontrar, por el contrario, si existe alguna relación en la que la felicidad percibida incida en la conducta (y bienestar) económico de las personas.

 

Los resultados del estudio presentan – a partir de Información de los hogares en Holanda – arrojan datos interesantes.

 

Por un lado, se concluye que incrementos inesperados de felicidad de corto plazo, no tiene efectos duraderos en la conducta económica de mediano plazo; sin embargo, se encuentra que las personas que se declaran así mismos felices tienden a incurrir con menor frecuencia en hábitos que están asociadas con conductas que afectan negativamente a las personas, como el fumar o beber alcohol.

 

También se muestra que las personas que se perciben como felices, tienden a ahorrar más y gastar menos en el corto plazo y conductas claramente correlacionadas positivamente con hábitos financieros que producen bienestar económico sostenido en el largo plazo.

 

Ese efecto no sólo se materializa en el corto plazo, ya que también las personas más felices manifiestan planes de ahorro para el futuro más consistentes, lo que les permite, por lo menos en términos previsionales, establecer mejores elementos para un futuro y vejez más tranquila.

 

Los datos muestran también, que las personas que reportan niveles de felicidad más altos tienen una propensión marginal a consumir menor; esto es, que, ante incrementos de su ingreso, su propensión a gastar más es menor que en el caso de personas que se reportan así mismo como menos felices.

 

En particular, esta investigación arrojó datos que, de manera contradictoria con otras investigaciones, muestran que las personas más felices son más adversas el riesgo y, en términos de inversión prefieren instrumentos más seguros. También reportan mayor control y seguimiento sobre sus cuentas de ahorros y de inversión.

 

Un resultado adicional sumamente importante, es que las personas que reportan niveles significativos de felicidad muestran en general mayores habilidades cognitivas y de toma de decisiones; condiciones ambas directamente relacionadas con la capacidad para tomar mejores y más frecuentes decisiones que contribuyan al bienestar financiero de corto mediano y largo plazo.

 

En este sentido, así como es posible afirmar que investigaciones anteriores muestran que el dinero si hace la felicidad (pero hasta cierto nivel), también es señalar que estar felices nos llevará a tomar mejores decisiones, que a la larga contribuyan a una felicidad más duradera con finanzas y bienestar patrimonial sólido para nosotros y nuestras familias.

 

 

 

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM, columnista en El Economista y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. director_general@mb.com.mx – síguelo en Twitter @martinezsolares

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