-

En los últimos meses, la mirada internacional se ha enfocado en la tensión entre la primera economía —la estadounidense— y la segunda —la china—. Hoy estamos frente al inicio de una guerra comercial que, no se puede dudar, nos alcanzará a todos.

Mientras tanto, la tercera economía –la del Japón– se mantiene sólida, aunque hay ajustes que no se pueden dejar pasar: la reforma constitucional, el aumento en el presupuesto militar y, finalmente, la posible remoción del primer ministro —artífice de la reforma y del presupuesto—, tejida con la maestría de un viejo político quien se opone, tajantemente, a los ajustes constitucionales.

Durante años, el Primer Ministro Abe ha buscado una nueva interpretación al artículo nueve de la Constitución, que es antibelicista; este artículo fue escrito con la tinta de la derrota de la Segunda Guerra Mundial. Pero de eso han pasado 72 años. Los japoneses han caminado sobre los rastros de la radiación; saben bien, de las secuelas de la guerra. No así los estadounidenses, los norcoreanos o los chinos.

El 2 de julio de 2014, Abe anunció una rotunda reinterpretación del texto constitucional; en ella, sostuvo que era posible la participación militar de Japón en acciones internacionales en el extranjero y deslizó la idea de la autoprotección. El pasado mayo, insistió en el replanteamiento del artículo nueve, considerando las amenazas de Corea del Norte. El Primer Ministro insistió aun en contra de la opinión pública.

El artículo nueve la Constitución señala: Aspirando sinceramente a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o al uso de la fuerza como medio de solución en disputas internacionales. Con el objeto de llevar a cabo el deseo expresado en el párrafo precedente, no se mantendrán en lo sucesivo fuerzas de tierra, mar o aire, como tampoco otro potencial bélico. El derecho de beligerancia del Estado no será reconocido.

Pero las nuevas condiciones geopolíticas, la guerra comercial entre Estados Unidos y China y las amenazas nucleares de Corea del Norte, parecen dar la razón a Shinzo Abe. Hace unos días, el Parlamento aprobó un presupuesto récord de 924,336 millones de dólares para 2018; un aumento de 1.17%. Se trata del monto más generoso de los últimos años, con todo y artículo nueve.

Pero no todo es miel sobre hojuelas para el ministro Abe, pues un escándalo de corrupción hace tambalear su reelección al frente del Partido Liberal Demócrata; la renuncia de Abe la solicitó Seiichiro Murakami, un importante miembro del partido, quien defiende las restricciones pacifistas marcadas por la Constitución y que no ha dudado en enfrentarse al otrora omnipotente Shinzo Abe.

Si el Primer Ministro pierde la elección interna del partido, tendría que ceder el poder a Shinjiro Koizumi, “el Macron japonés”, quien ocuparía su sitio en el Palacio de la Dieta.

Sin duda, son días complicados en el Imperio del Sol.

Deja un comentario