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Los discursos nacionalistas de los gobernantes, que a menudo van de la mano de las voces mercantilistas, suelen terminar mal. No es para menos. Así como la libre circulación de mercancías propicia la competencia, el aumento de la oferta de bienes, la mejora de precios, la cooperación internacional, el crecimiento y la paz, las restricciones comerciales, los controles de precios y la planificación centralizada de un país, conducen al atraso y la crisis económica.
Este sencillo principio basado en la libertad y el respeto al derecho individual de todos los agentes económicos de usar, comprar o vender su propiedad privada como mejor le parezca, está de lleno asociado al hecho de que sólo aquellos países con libertad económica son los que logran prosperar, mientras que los más controlados se hunden en la pobreza. Pensemos por ejemplo en Cuba, Corea del Norte o Venezuela.
Por las razones anteriores, México ha dado pasos en el sentido correcto con la Reforma Energética, que por desgracia, el gobierno actual ‘vendió’ al público con una ilusoria promesa de que los energéticos bajarían de precio. Era mucho más que eso.
Lo más importante es que se trataba de un avance para acabar con el monopolio, ineficiencias y corrupción de Pemex, y para permitir que la inversión privada hiciera posible que los recursos energéticos del país se aprovecharan en vez de quedarse en el subsuelo. La inviabilidad de la petrolera mexicana, ahogada en deuda y pasivos contingentes, lo hacían ya insostenible.
No por nada de acuerdo con cifras de Pemex, la producción diaria de crudo, que al terminar el sexenio de Ernesto Zedillo era de 3 millones de barriles (mdb), y que seis años después se mantenía casi igual, en noviembre de 2012 era ya de sólo 2.5 mdb. A junio pasado, el dato más reciente, la producción de petróleo es de apenas 1.84 mdb diarios… y cayendo.
El caso de las gasolinas es aún más dramático.
Mientras que al inicio del actual sexenio de Peña Nieto se importaban más de 363 mil barriles diarios de gasolina, en 2017 se importaron en promedio 570.6 mil. En lo que va de 2018 el promedio está en 586.7 mil barriles cada día.
El valor de las gasolinas y el diésel importados en 2017 creció 35 por ciento a 21 mil 126 millones de dólares, la mitad de las importaciones petroleras del país y 69 por ciento del volumen total del consumo automotriz.
Esta situación deficitaria se explica por la (adecuada) política de Pemex de refinar, sólo cuando las condiciones del mercado le permitan rendir ganancias. No tiene caso producir para perder.
Dicha postura contrasta con la del presidente electo Andrés Manuel López Obrador, quien pretende construir dos refinerías cueste lo que cueste.
Esa óptica es errada porque se basa, como decíamos al inicio, en una concepción mercantilista del comercio internacional como un juego de suma cero, donde lo que uno gana el otro lo pierde. Es por ello que quiere que México ‘deje de importar gasolina’, pese a ser lo económicamente viable para Pemex y para el país.
Nymia Almeida, analista senior para Pemex de Moody’s –citada por diario de economía y finanzas -, ha dicho que la empresa productiva del Estado podría perder el grado de inversión si distrae recursos en construir refinerías en vez dedicarlos a la producción de crudo, que es lo que le reditúa.
Según Moody’s, la rehabilitación de las refinerías es viable y sería suficiente para satisfacer la demanda de combustibles en el país, por lo que no tiene ningún sentido construir más refinerías.
Sería mejor que Pemex dedicara ese capital para exploración y producción, pues de paso, si tiene menos ingresos por refinar, va a pagar menos impuestos al gobierno, en un momento en el que estará ávido de recursos públicos para cumplir los compromisos de más beneficios sociales que ha hecho AMLO.
A esta crítica y preocupación se han sumado también otras voces como la de Carlos Serrano, economista en jefe de BBVA Bancomer, quien ha declarado que le preocupa que se hagan “inversiones tan cuantiosas en una industria que tiene problemas de eficiencia hoy. (…). Nosotros creemos que es más eficiente seguir importando gasolinas.”
El prominente economista español Daniel Lacalle, ha advertido por su parte que sería un despilfarro construir refinerías cuando las actuales están subutilizadas, y hay exceso de capacidad de refino en el mundo.
No hay ninguna duda. La ocurrencia nacionalista de AMLO, desde la óptica económica, es un sinsentido.
El riesgo de aferrarse a esa idea, como podrá entenderse, no sólo es que se ponga en riesgo la estabilidad de Pemex, sino de las finanzas públicas y con ello, de todo el país.
La estabilidad macro no es condición suficiente, pero sí indispensable para que, cualquier logro social que se consiga con AMLO, no termine perdiéndose más tarde con una nueva gran crisis que debió y pudo haberse evitado. Estamos a tiempo.

1 Comentario

  1. Hubieras mencionado algo al respecto cuando estuvo Fox, Calderón, y Peña. Vgr,..en Mexico se exportan naranjas y se compra jugo de regreso. No tiene sentido verdad??

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