Carlos Alberto Martínez -

Durante los últimos 100 años se ha intentado implantar siete modelos de desarrollo económico. En ninguno de los casos se pudo concretar a plenitud las bases suficientes para un crecimiento sostenido para cumplir con el bienestar de la mayoría de la población. Actualmente, más de la mitad de la población se encuentra marginada con millones de personas que por su color de piel, lugar de nacimiento u origen étnico están condenadas a la pobreza toda la vida. Al mismo tiempo, los empresarios que generan los empleos y sostienen financieramente al Estado vía sus impuestos, han carecido de la claridad suficiente de largo plazo. El último modelo de desarrollo se trató de establecer a partir del año 1982 bajo la premisa de la apertura comercial y liberalismo económico y muchos quisieron llamar: neoliberalismo mexicano. En esta nueva transición ha comenzado a ser demolido para dar paso al octavo modelo económico de desarrollo que aún no está nítidamente definido.

En tanto se materializa la nueva propuesta económica, es pertinente analizar en qué consistió el modelo anterior, cuáles fueron sus errores y aciertos. Claramente el error más grave fue el haberse autodenominado liberalismo económico cuando en realidad la mayoría de los principios fundamentales del liberalismo nunca fueron aplicados. Ahora bien, en el sentido estrictamente económico, se pueden mencionar cinco áreas:

1. Privatizaciones. Bajo el estilo mexicano de no llamar a las cosas por su nombre y hacerlas a nuestra forma, se le conoce como desincorporación de empresas públicas. La verdad es que han sido más de 1,100 privatizaciones sin que haya habido un sólo caso de éxito en éstas. Una empresa del Estado al ser vendida a un particular debe garantizar un beneficio real a tres actores. El Estado debe beneficiarse de la privatización al mismo tiempo que otorgar un beneficio al particular que la compra y, más importante que los dos anteriores, debe generar un claro beneficio a la sociedad. En esta lógica, no hubo un sólo caso que se haya cumplido con estos tres beneficios.

2. Disciplina Fiscal. Una de las principales intenciones fue alcanzar un equilibrio en las finanzas públicas. El adecuado balance entre los ingresos (impuestos), los egresos (gasto de gobierno) y la deuda pública, estuvo siempre en el discurso y la intención de los últimos gobiernos sin que muchas veces se haya logrado. En años muy recientes la deuda pública aumentó de manera sustancial y, en los últimos dos sexenios, los niveles casi alcanzaron el límite internacional permisible (50% con relación al PIB). El tema de la deuda, sin embargo, no es el más dramático. Los impuestos sólo se cobran a unos cuantos, en tanto, 60% de la población con actividad económica se encuentra en la informalidad y año con año los recaudadores: SAT, IMSS e Infonavit continúan su política de presión y en ocasiones abierto acoso al contribuyente cautivo sin que se hagan esfuerzos reales para que millones de personas en la informalidad contribuyan al desarrollo del país. Por parte del gasto público, ha aumentado desproporcionadamente sin impacto en el desarrollo, siendo uno de los más ineficientes del mundo.

3.Disciplina Monetaria. Contar con un banco central autónomo con el prestigio internacional del Banco de México ha sido uno de los principales aciertos del modelo económico aplicado hasta el momento. En contraste con la política fiscal; la base monetaria, las reservas internacionales y el sistema financiero se manejan con notable disciplina y autonomía. Lo anterior, le ha quitado al gobierno la tentación que por años tuvo de hacer uso de la fábrica de dinero para estimular crecimiento ficticio y endeudar al país.

4. Desregulación de la Actividad Económica. Como un intento de liberalizar la economía se buscó, particularmente desde 1994, suprimir los trámites burocráticos para permitir una mayor actividad económica. La idea de que el sector privado sea el que compita entre sí en un entorno de mercado de libre competencia no prosperó. No sólo no han desaparecido trámites, permisos, licencias, reguladores, supervisores y demás, sino que han aumentado considerablemente con un costo muy alto para el erario. Los empresarios en el día a día, se enfrentan un marasmo de trámites que lejos de mejorar la competencia económica real, representan obstáculos para abrir y operar empresas lo que es una de las razones del aumento exponencial de la corrupción.

5. Apertura Comercial. Sin lugar a duda, lo que mejor se ha hecho dentro del modelo ha sido la apertura comercial. En los últimos 36 años, el país ha logrado ser una potencia exportadora y ha dejado de depender de los ingresos del petróleo como fuente principal de divisas. México posee la mayor red de tratados de libre comercio y cada vez más ciudadanos cuentan con los beneficios de tener al alcance más y mejores productos a menores costos. La apertura al sector externo ha permitido que nuestra economía no sólo esté sustentada en la extracción de materias primas sino en la industria manufacturera y esté en camino a una de mayor valor agregado.

Cortesía de EL ECONOMISTA

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