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“Con frecuencia, la ignorancia engendra más confianza que el conocimiento”.

Charles Darwin.

Vivimos en una era en la que el acceso a la información es tan amplio y diverso, que potencialmente nos genera la oportunidad de tener el mejor conocimiento e información sobre casi cualquier tema. Sin embargo, derivado de las limitaciones para analizar y discriminar información, el riesgo mayor es de estar muy mal informados y ser profundamente ignorantes sobre los temas, en medio de un mar de información.

Éste fenómeno en ningún lugar es más evidente que cuando leemos información por ejemplo publicadas en redes sociales. A partir de un tweet, un post, o un video, de orígenes y procedencia desconocido o dudoso, con información no verificable; la mayoría de las personas asumen posiciones y emiten opiniones como si conocieran a profundidad temas que, en su mayoría y por su complejidad, requerirían tener información de muy diversas fuentes, contrastables y aun así podrían existir posturas contrastantes al respecto.

La ignorancia es más grave cuando esta puede ser calificada como supina (en definición de la Real Academia, aquella que procede de negligencia de aprender o inquirir lo que puede y debe saberse). Es más peligrosa, cuando se trata de una ignorancia que reconocemos y que nos lleva a tomar decisiones como si entendiéramos los temas sobre los cuales opinamos y decidimos.

Cuando estas decisiones u opiniones se expresan por ejemplo en redes sociales, sobre temas del ámbito de lo político lo público, su único defecto es “simplemente” la propagación de información incorrecta. Pero cuando esa ignorancia profunda se lleva el ámbito de las decisiones económicas personales, su efecto es aún más pernicioso que el de la ignorancia reconocida.

Lo anterior, en virtud de que la mayoría de las personas que reconocen desconocer información sobre algún tema, típicamente asumen uno de dos caminos: o buscan allegarse información que les genere algún nivel de confianza y que les permita decidir o, en el peor de los casos, evitan tomar decisión alguna.

Sin embargo, las decisiones tomadas en ignorancia que no es reconocida, típicamente conducen a decisiones erróneas con efectos negativos para las personas.

Así, por ejemplo, si una persona tiene que decidir sobre tomar un endeudamiento y sabe que ignora los elementos fundamentales para tomar la mejor decisión entre las alternativas que se le presentan, optará por no endeudarse o por buscar información confiable que le permita dilucidar cuál es la alternativa que más conviene a su circunstancia específica financiera. Por el contrario, una persona que enfrenta la misma decisión, pero que desconoce su nivel de ignorancia, tomará la decisión a partir de preconcepciones y de información incorrecta, lo que casi con seguridad lo llevará a condiciones negativas para su estabilidad financiera futura.

Hoy, la facilidad de divulgación de opiniones en medios digitales genera la falsa sensación, “democrática”, de que todas las opiniones son igualmente válidas. Pero ello es una falacia. Una opinión basada en datos verificables y en un análisis crítico de los mismos es mucho más valiosa que una basada en información superficial e imperfecta, sin análisis alguno.

En el paper “Digital literacy and the epistemology of ignorance” de Bhatt y MacKenzie, se muestra como incluso en estudiantes universitarios, las prácticas usuales de búsqueda de información digital pueden conducir a la ignorancia sobre fuentes alternativas que contribuyan y enriquezcan su capacidad de análisis.

Opinar sin información sobre ciertas políticas de gobierno, no tiene un efecto potencial para nuestra vida personal; pero no reconocer la ignorancia en decisiones que tienen repercusiones sobre nuestra condición económica y financiera, si tiene efectos negativos para nuestro futuro.

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