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“Los economistas han dicho durante mucho tiempo que no hay almuerzos gratis, pero los políticos son elegidos prometiéndolos”.

Thomas Sowell.

Periódicamente, con particular énfasis en los tiempos recientes, han resurgido visiones que desde la política pública o desde algunas organizaciones laborales, promueven la incorporación de elementos de control de precios como parte de una política pública que pretende beneficiar a la población.

Históricamente, no existen experiencias internacionales que de manera clara muestren los beneficios del establecimientos de controles de precios. Por ello, resulta importante entender qué función tienen los precios en una economía y cuáles son los riesgos de controlarlos artificialmente, así como los potenciales efectos negativos para la misma población que se pretende beneficiar.

El precio, es el mecanismo que permite equilibrar la oferta de servicios y productos con la demanda de estos. Es el valor de un producto o servicio que para el consumidor tiene en términos monetarios. Es el mecanismo que permite a una empresa, que produce un bien o servicio, encontrar el nivel al que el mercado y los consumidores están dispuestos a pagar en entornos donde existe cierto nivel de competencia.

Evidentemente, economías como la mexicana, presentan condiciones que no garantizan una competencia plena en muchos sectores, lo cual genera algunas distorsiones en la fijación de precios. Existe frente a ello una tentación importante de buscar mecanismos que, en todos los sectores, permitan reducir los precios que pagan los consumidores. Sin embargo, el establecimiento de precios artificiales, desde una visión de política pública, típicamente genera distorsiones en detrimento para el consumidor.

Un primer efecto asociado al establecimiento de controles de precios es la reducción en la oferta de productos o servicios sujetos de dicho control y ello típicamente se traduce en desabasto.

Las experiencias de controles de precios (por ejemplo en las economías centralizada de Europa central antes de los 80s, en la década de los setentas en Estados Unidos o en algunos momentos de la historia de México de los años setentas, así como otras economías latinoamericanas como la venezolana), muestran evidencia suficiente y contundente de que rara vez un control de precios

no conduce al desabasto y este produce con frecuencia un mercado negro con precios más altos de los que existían antes del establecimiento de los controles.

La creación de mecanismos artificiales de precio genera una afectación en la creación de utilidades de corto plazo para las empresas lo que (al margen de evidentemente reconocer que existen áreas donde los márgenes pueden resultar excesivos), termina por afectar la inversión privada, que históricamente es el principal motor del crecimiento económico futuro.

Existen otras formas de control de precios, que se refieren al establecimiento de precios mínimos, los llamados precios de garantía. Con ello se busca el establecimiento de subsidios que permitan, por ejemplo, en precios de productos agrícolas, garantizar un mínimo nivel de ingreso a los productores de ciertos bienes. Este tipo de controles también genera distorsiones importantes. Una canalización de recursos fiscales que deberían de beneficiar a toda la población apoya apoya un grupo específico al margen de sus niveles de productividad y de la rentabilidad de su actividad. Como ocurrió en México en los años setentas, el establecimiento de precios de garantía no contribuyó a la mejora de la calidad de vida de los productores y se generó en cambio distorsiones que afectaron la productividad del campo y evitaron la canalización de recursos hacia sectores agrícolas más productivos.

En estos casos, también el afectado termina por ser por ser el consumidor final. Porque está comprando productos que tienen en su origen un precio artificialmente elevado.

En el libro “Price Controls and the Damage They Cause”, editado por Christopher y Rachel Coyne, se señala que los mecanismos de control de precios sustituyen la competencia en el mercado por una competencia política, en la que más que los sectores más eficientes, los que resultan más beneficiados son aquellos que tienen más capital político para presionar la definición de la política pública; así como que las empresas, más que vigilar su eficiencia operativa buscan mecanismos que permitan influir en los reguladores gubernamentales como una fuente de seguridad económica.

Siempre resultará atractivo y políticamente rentable anunciar controles de precios. Sin embargo, la historia económica del mundo y de México muestran que los controles de precio acaban por generar más distorsiones que aquellas que pretenden combatir, en detrimento de los intereses de los consumidores y del crecimiento económico, que es la única vía para generar bienestar.

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo de

Mexicana de Becas. raul@martinezsolares.com.mx – síguelo en Twitter @martinezsolares

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