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Esta semana conmemoraremos el Día internacional de la Mujer y es, sin duda, una oportunidad para hablar de los asuntos que cada día –se quiera o no- tenemos que enfrentar las mujeres.

Ya se sabe, que los diferentes tipos y modo de violencia son padecidos constantemente por las mujeres. Pero, hoy, quisiera escribir sobre la violencia sexual que es, sin duda, el tipo más lastimoso de violencia que pueden padecer las mujeres.

Cuando hablamos de violencia sexual, nos referimos al acoso, al hostigamiento y a la violación. Dichos eventos marcan de manera definitiva la vida de quien lo ha padecido; sin embargo,

varios países en el mundo han hecho grandes esfuerzos por prevenir, atender y reparar los eventos de violencia sexual en contra de las mujeres; en Canadá, por ejemplo, la jurisdicción contempla la tercera vía de denuncia –con retraso en el tiempo pero conservando la muestra en la cadena de custodia- en caso de que la víctima quiera ejercer acciones penales, aunque hayan pasado años. Esto es, la mujer que ha pasado por esa situación tiene tres opciones: denunciar inmediatamente, no denunciar, denunciar pasado el tiempo.

Por su parte, en Estados Unidos existen protocolos de actuación para los primeros respondientes de violencia sexual –en las escuela, en los servicios de salud, en las oficinas– para que las víctimas reciban el apoyo y el acompañamiento que necesitan para mirar hacia delante.

En México, mucho lamento, estamos en cero en el tema. En las instituciones, los protocolos son la excepción, no la norma. Tampoco hay sensibilización ni personal capacitado para atender estos casos.

Aunque, sin duda, lo más vergonzoso es la ausencia de un banco de datos que nos permita conocer la incidencia de los casos, reconocer los perfiles y evaluar estrategias de acción. Sin una dimensión clara y justa de este fenómeno sociocultural, difícilmente se puede esperar que los indicadores a nivel nacional se puedan modificar.

La CEDAW solicitó a nuestro país la creación de un banco de datos de víctimas de violencia sexual en 2012. Dicho banco aún no existe. Es decir, a pesar de las recomendaciones internacionales, ni el Inmujeres, ni las fiscalías, ni los servicios de salud, han querido ayudar efectivamente a las víctimas de violencia sexual.

Esto es preocupante pues, además, sabemos que el 76% de la investigación que se realiza sobre violencia sexual en México, la hacen las organizaciones de la sociedad civil. De la revisión exhaustiva de dichos esfuerzos, podemos decir que las entidades federativas que tienen mayor documentación por población estudiada son Quinta Roo, Campeche, Chiapas, Oaxaca y Puebla. Además, que las entidades que mostraron documentación de mayor calidad en la muestra fueron Ciudad de México, Morelos y Baja California.

En el Día internacional de la Mujer, valdría la pena que las autoridades miraran a los ojos a las víctimas de violencia sexual e hicieran su trabajo; pues, a pesar de todo, estoy convencida de que nunca es tarde para reparar; tampoco nunca es tarde para devolver un sueño.

Cortesía de LA RAZÓN

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