Jorge Gordillo Arias -

En estos primeros 100 días de la Administración del Presidente López Obrador el comportamiento del peso mexicano ha sido positivo, con una apreciación total de 4.3%. Sin embargo, para efectos prácticos en ejercicio de agenda de gobierno y de afectación en los mercados financieros lleva ya ocho meses (en ese periodo la moneda se ha depreciado 2.5%).

Hay elementos internos que contribuyeron al buen comportamiento de la moneda mexicana en los 100 días de gobierno: un presupuesto para el 2019 que ofrece disciplina fiscal a lo largo del sexenio y un acuerdo satisfactorio con la mayoría de los tenedores de bonos sobre el aeropuerto cancelado de Texcoco. El resultado ha alejado la preocupación de algunos sobre una próxima crisis económica en el país; los niveles del tipo de cambio reflejan esto.

Sin embargo, los riesgos hacia adelante se mantienen altos en el sentir de las mayoría de los inversionistas. Éstos han estado lidiando la mayor parte del tiempo con las sorpresas y dudas sobre las acciones de política económica-financiera que ha implementado (e implementará) la Administración del Presidente López Obrador. A lo anterior, se le suma la incertidumbre que genera el plan de negocios de Pemex, los recientes pronunciamientos de las agencias crediticias sobre la calificación de la deuda soberana de México y de la petrolera, así como de las propuestas de iniciativas que han surgido de algunos legisladores del partido Morena (en su gran mayoría no han logrado trascender como la relacionada con el uso de las reservas de Banxico y recientemente la que busca revocar la autorización para operar en México de agencias calificadoras ). Estos elementos son suficientes para pensar que el peso mexicano podría haberse presionado o mantenido en niveles cercanos a los $20.0 spot.

Lo que ha salvado o dado fuerza a la moneda mexicana en este periodo han sido factores externos principalmente. Después de que los mercados financieros globales empezaron a elevar su preocupación por una evidente desaceleración económica en el mundo, la Reserva Federal (FED) de EUA cambió su plan de normalización de política monetaria, dando pausa a su intensión de seguir aumentando sus tasas de interés de fondeo. Desde finales de diciembre pasado, tanto el presidente de la FED, Jerome Powell, como los distintos integrantes del comité de política monetaria del banco central, prometieron que serán “pacientes” y “flexibles” a la hora de seguir endureciendo la política monetaria, debido a que la inflación ha mostrado señales de menor presión, ubicándose en niveles dentro de su meta (menor al 2.0%) y crecientes expectativas de desaceleración económica para los próximos trimestres, lo que da margen a la autoridad monetaria de mantener su tasa de interés de fondeo sin cambios.

En sentido estricto, aunque la FED ha dicho que podría hacer una pausa, los mercados financieros lo han interpretado como que el proceso de normalización de tasas de interés ha llegado a su fin.

Lo anterior ayudó a que la mayoría de las monedas en el mundo (particularmente las emergentes) se apreciaran de forma generalizada frente al dólar, al incentivar la búsqueda de activos considerados con mayor riesgo.

Este es quizá el principal factor detrás de la mejora de la moneda mexicana y que explica que en semanas recientes, a pesar de la incertidumbre interna, el peso cotice con relativa estabilidad y en niveles aceptables.

En el ínter se han presentado otras condiciones que le han jugado a favor de la moneda mexicana, destacando:
•Alza en el precio internacional del petróleo (WTI con alza alrededor de 10.0%)
•Optimismo creciente de una solución cercana al conflicto comercial entre EUA y China que permitirá eliminar los temores de una guerra comercial.
•Los cierres de oficina del gobierno federal de EUA (shutdowns), que afectaron negativamente al dólar.

Esto no significa que la moneda haya estado exenta de fuertes episodios de volatilidad externa durante estos primeros 100 días de la nueva Administración. Por ejemplo, la constante preocupación entre los inversionistas sobre una posible desaceleración de la economía global, en particular en EUA, ha provocado que las ganancias de las monedas no se intensifiquen. Incluso algunos de los temas que le han jugado a favor del peso mexicano, en determinados momentos generan el efecto contrario, como es el caso de las negociaciones entre EUA y China. Existen días en que desaparece el optimismo de que puedan alcanzar un acuerdo.

Hacia adelante, la evolución de los temas externos de riesgo y de mayor preocupación para los mercados seguirán dominando en el comportamiento de la moneda mexicana en lo que resta del 2019: política monetaria de la FED, conflicto comercial EUA y China, Brexit, aprobación del T-MEC, entre otros.

Internamente, posibles desviaciones de las finanzas públicas a lo presupuestado, nuevos pronunciamientos (a la baja) de las agencias calificadoras sobre la situación crediticia de México y de empresas como Pemex y CFE, así como decisiones “controversiales” en materia económica y financiera por parte del Ejecutivo y del Congreso mexicano, se sumarán a la volatilidad generada por riesgos externos.

Así, en CIBanco estimamos que el tipo de cambio finalice el año en niveles cercanos al $20.20 spot.

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