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Los últimos días no he parado de pensar en Rodión Raskólnikov, el protagonista de la novela Crimen y castigo, de Fiódor Dostoyevski; la historia cuenta la vida de un joven pobre cuya familia hace grandes esfuerzos para mantener sus estudios. A pesar de los grandes sacrificios, Raskólnikov atreviesa penurias y conoce el hambre.

El estudiante de derecho no se conforma con su destino y decide cometer un crimen: robará y asesinará a una vieja usurera, Aliona Ivánovna y a su hermana, Lizaveta; el botín —supone el joven— será bálsamo suficiente para aliviar tanto su economía como su alma.

El crimen, sin embargo, daña profundamente a Raskólnikov: padece fiebres, tiene delirios. La culpa hace imposible el día a día del estudiante quien, a pesar de la ausencia de pruebas, termina por entregarse a la justicia.

Si la culpabilidad dependiera exclusivamente de los indicios y de las pruebas que pueden aportar los abogados, Raskólnikov no hubiera ido a la cárcel. Para algunos, esto podría significar que es inocente, aunque de hecho haya robado y asesinado a dos mujeres. Aunque, una mirada sensata, sabría que no es así. La verdad jurídica no es la verdad histórica, aunque muchos rufianes intenten convencernos de ello.

A pesar de su pobreza, el personaje de Dostoyevski tiene un lujo que pocas personas pueden darse: conciencia moral. Sabe que, más allá de papeleos de leguleyos, es culpable y que se ha comportado de manera ruin; que sus actos merecen un castigo y que quedar impune sería peor que cumplir la condena. En efecto, Raskólnikov se equivocó: tomó decisiones equivocadas por ambición. Pero no fue cobarde ni irresponsable. Por ello, se entregó, reconoció el delito y aceptó la condena en Siberia.

¡Cuán distinta y cuán cercana es esta trama rusa de Dostoyevski a la actual trama rusa de Trump!

Hace unos días, el fiscal especial Mueller entregó los resultados de la investigación sobre la participación rusa en la campaña de Donald Trump. Las pesquisas giraban alrededor de dos preguntas: ¿la campaña de Trump está coludida con el Kremlim? ¿Trump tomó medidas posteriores, incluyendo el despido del director del FBI, para obstruir la pesquisa Desafortunadamente, el fiscal no encontró pruebas suficientes para condenar al presidente. Sin embargo, el informe tampoco lo exonera.

A diferencia de Rodión Raskólnikov, Trump se autoexculpó y señaló a los demócratas por haberlo acechado, tras la entrega del reporte. Ambas afirmaciones son falsas. El fiscal Mueller solamente dijo que “no encontró pruebas suficientes”; afirmación que no es equivalente a decir que “Trump es inocente”. Así como tampoco son frases sinónimas: “solicitar una investigación” a “acechar al Presidente”.

Pero ni la lógica, ni la moral, ni la verdad están entre las principales preocupaciones de  Donald Trump. No así para Raskólnikov, ese personaje más humano que algunos seres humanos.

Cortesía de LA RAZÓN

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