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“La mayoría de las personas que solicitan el consejo de otros ya han resuelto actuar como les plazca”.

Gibran Khalil Gibran, poeta libanés.

La mayor parte del conocimiento que obtenemos las personas a lo largo de nuestra vida proviene de una combinación entre información adquirida mediante un proceso de aprendizaje y la experiencia.

En temas complejos, como lo son los económicos y financieros, ante la ausencia de conocimiento previo, típicamente se requiere o se acude al consejo de otros, para modelar las decisiones que tomamos.

Generalmente existen dos tipos de consejos: por un lado, está el consejo de expertos, a los cuales atribuimos un conocimiento superior sobre el tema que pretendemos decidir y, por el otro, está el consejo de nuestros “pares”, es decir, personas conocidas que creemos que se parecen a nosotros, por lo menos en algunas de las características relevantes para el tipo de decisión que enfrentamos.

En la investigación “How do learning ability, advice from experts and peers shape decisión making? de Läpplea y Barhamb se realizaronh diferentes experimentos para tratar de evaluar cómo toman decisiones las personas sujetas a la influencia, tanto de experiencia personal, como de consejos de conocidos y de expertos.

Una primera conclusión relevante de la investigación es que las personas aprenden fundamentalmente a partir de la realización directa de acciones y decisiones. Es decir, las personas aprenden más “haciendo”. Ello implica que las personas que actúan específicamente a partir únicamente de consejos, sin incorporar sus propios procesos en la decisión, tienden a aprender menos en la decisión y no les genera de manera relevante un factor de experiencia para tomar decisiones futuras. Ello es particularmente notorio en las personas que tienen mayor lentitud en sus procesos de aprendizaje.

En muchos casos, las personas tienden a tomar como válidos los consejos de pares, aún por encima de aquellos por proporcionados por personas que son vistos como expertos en los temas. Parecería como que la identificación de una persona, con la que creemos que compartimos ciertas características, nos hace creer más en su consejo, sin recapacitar acerca de que, si dicha persona se parece a nosotros, probablemente tenga las mismas carencias de información y de conocimiento necesarias para tomar una decisión económica óptima.

Las personas que tienden a aprender más rápido son menos proclives a tomar consejo, que aquellos que son más lentos en su proceso de aprendizaje. Sin embargo, en general, en todos los casos las personas toman en consideración menos de lo que debieran los consejos de los expertos.

Las conclusiones de la investigación son relevantes porque reflejan, en primer término, la dificultad que tenemos para entender que el consejo de un experto puede agregar valor a nuestras decisiones. También, porque muestra la tendencia a tomar decisiones a partir de consejos de personas que, en la mayoría de los casos, son igual de ignorantes que nosotros respecto de algún tema relevante (por ejemplo, los económicos o financieros). Y, por último, porque muestra la importancia que tiene el “hacer” en el proceso de aprendizaje.

Por ello es relevante que propiciemos que las personas, desde muy jóvenes, empiecen a involucrarse en las decisiones económicas y financieras que les atañen y que, apoyados por el consejo de expertos, puedan ir construyendo su propio criterio y proceso de decisión, lo que les garantice que en el futuro tengan una mayor probabilidad de tomar las decisiones económicas que más les convenga.

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