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“Tu tiempo es limitado, así que no lo desperdicies viviendo la vida de otra persona”.

Steve Jobs, fundador de Apple.

En distintos estudios económicos, se ha mostrado que las personas perciben su bienestar económico y financiero no sólo de manera absoluta, esto es, en términos del tamaño total del ingreso que tienen o del consumo de bienes o servicios que realizan; sino que también existe una “percepción relativa”, que se refiere a la comparación de su nivel de satisfacción, ingreso y gasto, con el de las personas de su entorno inmediato (social, laboral e incluso familiar).

Este fenómeno no opera no solamente para temas relacionados con el ingreso, sino para casi cualquier elemento relacionado cualquier cosa que permita a las personas comparar su bienestar percibido, relativo al de otras personas. Así por ejemplo, distintos estudios han mostrado que ello ocurre en temas como la calidad del trabajo y las horas trabajadas, el tipo de vehículo que se tiene e incluso calidad de las vacaciones que se tienen.

En un estudio recientemente publicado (“Positional concerns through the life-cycle”, de Akay y

Martinsson) se analizó si este efecto, denominado en estudio de “preocupación posicional”, se expresa de manera diferente a lo largo de la vida de las personas, en lo que se conoce como ciclo de vida, ya que este ciclo incide en la conducta de ahorro y consumo que tenemos las personas.

Las conclusiones del estudio muestran que este factor de “preocupación posicional” en temas relativos como el ingreso y la compra de autos, aumenta en función de la edad.

Esta “preocupación posicional” se vincula directamente con los que en economía se conocen como “bienes posicionales”, que se refieran a productos o servicios cuyo valor percibido para las personas se deriva fundamentalmente del valor que creen que tienen para otras personas. Típicamente están relacionados con aquellos que denotan un mayor nivel de ingreso o una mayor “posición social“.

El estudio mostró además que, conforme aumenta la edad, las personas tienden a tener una mayor preocupación sobre este tipo de bienes posicionales, en parte presumiblemente porque de alguna manera reflejan cuál ha sido el éxito económico alcanzado (frente a los demás) a partir de una vida laboral.

El tema no es menor, porque para una persona que en su etapa de adulto, previa al retiro, tiene una propensión mayor a adquirir este tipo de bienes (que cree que manifiestan su posición social), ello puede implicar una menor racionalidad en la selección de bienes que se adquieran y consecuentemente un reducción de la acumulación real de recursos para el bienestar financiero. En ciertos casos, se trata de bienes que implican un costo mayor o esfuerzo extra convertirlos en valor de rentas para la etapa de las personas en que ya dejan de percibir ingresos fijos.

Entender esto nos puede ayudar a que, tratándose de ciertas compras, analicemos hasta donde estamos adquiriendo un producto o servicio por el bienestar real presente o futuro que nos genera o sólo porque este mayoritariamente representa ante nuestra propia imagen, algo que únicamente contribuye hacernos sentir que ocupamos una posición relativa a las demás personas de nuestro entorno superior.

Al final de cuentas, la percepción que otros tengan de nuestro nivel económico o incluso la que nosotros podamos sentir que tienen otros respecto de nosotros mismos, debería ser secundaria frente al tema importante que es alcanzar un nivel de bienestar financiero (absoluto) futuro para nosotros y nuestras familias.

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo de Mexicana de Becas. raul@martinezsolares.com.mx – síguelo en Twitter @martinezsolares

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