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Trump es Trump y la reelección es la reelección, así es que resulta impensable esperar que cambie de actitud y de discurso.

Al tiempo que lo oímos lamentar y condenar los flujos migratorios, puede suponerse que los celebra porque le dan motivo para usar sus palabras favoritas de campaña: migración, amenaza, invasión, delincuentes, seguridad, muro, maldita frontera, emergencia nacional, salvación del país. En ese discurso se siente cómodo y aplaudido por sus bases.

Pero imaginemos que realmente el mandatario estodounidense quiere resolver lo que implica la migración desde los países de Centroamérica. ¿Cuál es su idea de solución?

Para Trump, sólo hay una solución: detener. Lo tiene tan claro que hasta sabe quiénes deben hacerlo: los mexicanos. Nosotros debemos detener a los migrantes. A todos. Es nuestra obligación. Así México sería un maravilloso país y su primer mandatario un presidente maravilloso (su adjetivo favorito cuando está contento). Su simplificación lo lleva a reducir: detener a los migrantes y se acabó.

Pero esta solución no sólo es superficial e insuficiente sino también imposible. Nunca nadie ha podido detener la migración, que en decenas de miles de años siempre ha estado en el mapa de las decisiones humanas. No podemos evitar la migración. Lo que hay que hacer es despojarla de su carácter de indispensable o solución desesperada, es decir, lograr que para toda persona la migración sea una opción, no un fatal destino.

Al parecer al presidente de la Unión Americana le cuesta entenderlo porque, por estrategia, convicción o conveniencia, parte de tres premisas que le resultan inamovibles: la inmigración es invasión, los migrantes son delincuentes, lo extranjero es indeseable.

Estos prejuicios le generan amplios puntos ciegos, aquello que no está dispuesto a ver aunque le pase frente a los ojos, por ejemplo lo que sucede en Centroamérica, donde la pobreza y la violencia orillan a miles de personas a desplazarse a Estados Unidos con la esperanza, a prueba de los mayores obstáculos, de quedarse allá de alguna forma.

De poner atención, sabría que el mejor muro no es de hormigón ni de acero sino de estrategia y buena fe, esto es, armonizar la cooperación para el desarrollo regional y convertirlo en una fuente de oportunidades económicas, laborales y sociales.

Esta ceguera voluntaria de no ver ni comprometerse con las causas de la migración impedirá atenderla de manera adecuada. Porque para hacerlo se requiere conciencia humanitaria, solidaridad y asumir que la región importa. Y si estos principios no se consideran relevantes, cabe recordar que la Unión Americana ha gastado decenas de miles de millones de dólares para contener la migración sin lograrlo.

Contribuir de alguna forma a que los países con gran pobreza y con altos índices de violencia salgan de ese estado de incertidumbre e inseguridad es una solución de largo plazo que requiere acuerdos y esfuerzo. Nadie está legalmente obligado a ello, pero es lo que procede.

Si en el pasado han podido diseñarse planes para reconstruir naciones luego de guerras, con mayor probabilidad de éxito pueden acordarse para mitigar pobreza e inseguridad, sin que ello implique que sea fácil.

Estados Unidos, se ha dicho, no ayuda a los países porque sí. Siempre que lo hace tiene un interés. Pues entonces es el caso.

Imposible saber si ocurrirá en un futuro próximo o cercano, pero sucederá, porque la otra opción será siempre detener, contener, arrestar y perseguir a los migrantes. Historia sin fin, que además lleva consigo un sufrimiento extremo, muerte en el camino, y rechazo y marginación en el país de llegada.

Si todo lo que se logra empieza siempre con una idea y sigue con la voluntad, habrá que seguir insistiendo. No podemos renunciar a la única solución de fondo: reducir la necesidad extrema de emigrar como única forma de sobrevivencia.

La cooperación para el desarrollo puede ser hoy una utopía, pero o empezamos a avanzar para alcanzarla o seguiremos repitiendo la historia de dolor e injusticia que ha sido y es hoy el camino del migrante.

Cortesía de EL UNIVERSAL

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