Alfredo Huerta -

Las diferentes instituciones como el FMI que recientemente redujo nuevamente su previsión de crecimiento, así como el Banco Central Europeo (BCE) que esta semana decidió mantener sin cambio su tasa de interés con una política monetaria laxa y la Fed que a través de su minuta confirmó que no moverán la tasa de interés en este 2019.

Estas acciones obedecen a un claro proceso de desaceleración que vive la economía mundial, derivado de conflictos comerciales que Estados Unidos enfrenta con China, Europa y Japón, entre otros, y que al final generan mayores aranceles y barreras comerciales en automático.
Afortunadamente para nosotros, Estados Unidos vive una desaceleración más moderada. Se estima que el crecimiento en 2019 se ubique en 2.35% versus 2.90% anual de 2018. La inflación a marzo se ubicó en 1.9% anual y 2.0% la subyacente, muy cerca del objetivo de la Fed, pero sin mostrar grandes presiones, ya que algunos indicadores ligados al consumo han moderado su ritmo de crecimiento. El empleo se mantiene bien, con una creación promedio de 204 plazas mensuales.

Una economía creciendo a ritmo moderado sin presión inflacionaria no requiere de movimientos de ajuste en tasas de interés, a menos que las condiciones de la economía y algunos indicadores de la misma mostraran algo diferente.

En el caso de México, existen riesgos externos e internos que siguen afectando el entorno de la economía. El tema de gobernanza, considerado por el Banxico como un riesgo interno, logra relevancia. La inseguridad, la corrupción e impunidad están tomando gran parte de las acciones y del tiempo del Gobierno federal, dejando a un lado la búsqueda de la generación de “confianza” hacia el consumo y la inversión privada.

Ante este entorno, el Banxico aún no puede aislarse de movimientos de la Fed, ya que el bajo nivel de crecimiento e inversión privada hacen muy sensible el tema de flujos. Hasta ahora, han sido los flujos de cartera los que han ayudado a la estabilidad cambiaria, pero una reducción en el spread con las tasas americanas pudiera afectar, sin duda.

El mercado espera a la SHCP para analizar el plan de fortalecimiento financiero y estratégico de Pemex, que al final llevará a las calificadoras a confirmar o ajustar la calificación crediticia de Pemex y de la nota soberana de México.

Bajo crecimiento de la economía y bajo nivel de confianza no pueden ser generadores de beneficios en nuestros mercados, a menos que existan algunos catalizadores. Seguiremos alineados a los mercados americanos, pero con mayor exposición y riesgo.

La bolsa accionaria ha recuperado un poco de terreno, y en el año acumula ganancia de 7.1% después de un 2018 en el que registró un rendimiento negativo en -15.7%. Vendrán los reportes corporativos del primer trimestre del año. Las expectativas de ventas y flujo operativo son moderadas.

Además, tiene en contra la tasa de interés libre de riesgo de 8.25% anual que representa la tasa real más alta en mucho tiempo.

La divisa nacional se ha beneficiado justamente del spread entre las tasas de interés de México y otros países. Mientras la Fed no mueva su tasa de interés, muchos gestores de inversiones aprovecharán las tasas mexicanas como parte de maximizar rendimientos.

Sin embargo, una limitación que tienen es el nivel de la calificación crediticia en México. En caso de no satisfacer el nuevo plan para Pemex, existe un riesgo de movimientos de flujo importantes, porque la paraestatal estaría perdiendo el “grado de inversión”.

El peso se encuentra en un nivel atractivo de “acumulación”. En los Precriterios del Gobierno federal estiman, de entrada, un tipo de cambio más cercano a $20.00.

Cortesía de 24 HORAS

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