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Hace 26 años, la Asamblea General de la ONU declaró el 3 de mayo como Día Mundial de la Libertad de Prensa, lo que trae consigo la oportunidad de celebrarla y la ocasión de defenderla, de evaluar su situación y de honrar a los profesionales de la información que han sido asesinados por cumplir su responsabilidad.

Tenemos motivo para celebrarla, porque es un activo de las sociedades democráticas, una condición de la convivencia fructífera y un vínculo entre las comunidades, sus gobiernos, sus desafíos y esperanzas.

Infortunadamente también tenemos pérdidas humanas que lamentar y, por lo tanto, motivos para reflexionar sobre qué podemos hacer para fortalecerla.

De acuerdo con la ONU, en 2018 fueron privados de la vida 99 periodistas en el mundo, en tanto que organismos internacionales calculan que alrededor de 300 están ahora en prisión.

En México, en lo que va del año, han sido asesinados ocho periodistas y ya contamos, lamentablemente, con más de 120 víctimas en lo que va de este siglo.

La libertad de prensa nos atañe a todos porque de su vigencia todos nos beneficiamos, así como de su ausencia, en su caso, todos resultaríamos damnificados.

Cada voz de respaldo a esta libertad es una protección a su ejercicio y, consecuentemente, un amparo al derecho a la información.

La libertad de prensa es condición para el ejercicio de otras libertades, al contribuir a la dinámica de la pluralidad, que es el germen de la riqueza de pensamiento, de la diversidad de opiniones, y de la generación de múltiples ideas y propuestas para enfrentar nuestros desafíos comunes y avanzar en nuestras aspiraciones colectivas.

La coincidencia absoluta es tan imposible como indeseable. Sólo la variedad y abundancia de posturas, así como de puntos de vista y fuentes de información y de opinión, hacen que las sociedades tomen, rectifiquen y depuren sus decisiones.

Para la democracia, la libertad de prensa y, más allá, la libertad de expresión es indispensable. Esta libertad implica también la libertad de disentir de la opinión de otros. Siempre será preferible la difusión de ideas divergentes e incluso encontradas que reducir su diversidad a un único pensamiento.

Honremos a los periodistas que han sido víctimas de la intolerancia y la violencia. Entre otras, una forma fundamental de hacerlo es fortalecer las garantías a la libertad de expresión y desalentar, mediante el imperio del derecho y la justicia, las agresiones a la libertad de prensa y a quienes la ejercen.

Cortesía de EL HERALDO DE MÉXICO

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