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“La investigación muestra que, si las personas hablan y escuchan a otras personas de ideas afines, se vuelven más dogmáticas, más unificadas y más extremas”.

Cass R. Sunstein, economista conductual

En entornos polarizados, resulta complejo para las personas analizar de manera adecuada la información que, en los distintos temas, por ejemplo los económicos y financieros, se les presentan y que tienen que tomar en consideración, tanto para formar una opinión, como para tomar decisiones específicas.

En el “How We Misunderstand Economics and Why it Matters”, de David Leiser, especialista en psicología económica, se trata de analizar por qué las personas malinterpretamos y comprendemos de manera incorrecta los fenómenos del entorno económico, lo que nos lleva a adoptar posturas que dificultan la formación de opiniones objetivas y fundamentadas y, consecuentemente, llevan la toma decisiones económicas y financieras equivocadas.

Para la mayoría de las personas, la comprensión de los fenómenos económicos negativos, particularmente aquellos que afectan su bienestar, frecuentemente se deriva de una visión en la que parecería existir una intencionalidad absoluta y voluntarista de actores que crean condiciones que afectan el bienestar. Y, de la misma manera, parecería que, por el contrario, la corrección de los fenómenos económicos negativos en un país puede llevarse a cabo a partir de buenas intenciones y de programas orientados a hacer “lo correcto”.

La historia económica muestra que, con frecuencia en medio de buenas intenciones, el desarrollo de programas o políticas económicas pueden conducir a condiciones negativas, cuando estas no toman en consideración las reglas básicas del comportamiento económico de las personas y de la economía nacional. Detrás de esas visiones frecuentemente existe una postura que menosprecia el efecto negativo que ciertas decisiones pueden tener en el desarrollo económico de un país o por lo menos se considera que dichos efectos potencialmente negativos pueden ser controlados y limitados a voluntad.

En el fenómeno de la inflación, por ejemplo, la mayoría de las personas no alcanzan a comprender integralmente cuáles son las causas que alimentan estos procesos y en muchas ocasiones lo reducen a decisiones específicas negativas de algunos agentes económicos que buscan beneficiarse incrementando los precios. Esta visión, simplista, desconoce el efecto que el déficit público o el gasto

descontrolado del gobierno pueden tener en la alteración de los mercados económicos y la generación de desequilibrios inflacionarios.

La historia económica de México por ejemplo, muestra como en períodos en los que el discurso de la política pública se centraba en el beneficio de las capas más desfavorecidas de la sociedad, la política económica terminó por generar efectos profundamente negativos que afectaron más, precisamente a los sectores que en el discurso se pretendía beneficiar.

Actualmente, la complejidad de la comprensión de los fenómenos económicos es mayor porque, a diferencia de hace algunas décadas, existe una interacción constante entre factores internos e internacionales que alimentan o cancelan las tendencias económicas, lo que hace sumamente complejo predecir movimientos en el corto plazo de la economía.

A ello se suma la confusión que se genera en el espacio de la discusión pública, cuando para muchos pareciera más importante justificar o validar las decisiones y menos entender los datos duros y la información puntual que valida o contradice una visión económica específica. En entornos polarizados, escuchamos aquello que ratifica y hace más dogmática nuestra postura y descalificamos lo que la contradice.

En el caso de nuestro país, la discusión de la economía nacional se vuelve más compleja cuando olvidamos que se trata de una economía dinámica, sumamente grande (entre las primeras 15 del mundo), con comportamientos sectoriales y regionales diferenciados y con profundos desequilibrios que, a veces por simplificación o por diagnósticos incompletos, nos llevan a pensar soluciones simplistas o a olvidar las enormes fortalezas que actualmente tiene.

Si bien resulta complejo entender todos los efectos e impactos que la economía y su comportamiento general tiene sobre la vida cotidiana de las familias, resulta importante que hagamos el esfuerzo por romper la simplificación de la discusión y tratemos de conocer distintas opiniones que, fundadas en datos verificables, ayuden a entender el presente y sobre todas las perspectivas futuras de la economía nacional, para tomar en lo individual y como sociedad las decisiones que, en medio de la incertidumbre, sea más factible que nos favorezcan.

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