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“Espera todo, para que nada sea inesperado”.

Norton Juster, académico estadounidense, arquitecto y escritor.

Recientemente, en México, enfrentamos el problema de analizar encuestas y datos que reflejan, por un lado, las visiones políticas y económicas de las personas, sus filias y fobias respecto de los temas de la agenda pública, sus expectativas económicas y, por el otro, su comportamiento económico real y específico como consumidores.

En teoría, debería existir consistencia entre lo que creemos, lo que esperamos y cómo actuamos; pero rara vez ello es así y, en entornos volátiles y polarizados como los que vivimos, la inconsistencia se hace más evidente.

Cuando escuchamos las opiniones de muchas personas, en los meses previos a la elección presidencial del año pasado, o en los meses después de la elección y ahora en los primeros meses de gobierno, viendo cómo estás se expresan en encuestas formales (como lo que refleja la confianza de los consumidores) o de manera informal, por ejemplo en rede sociales o espacios de opinión, y las contrastamos con el comportamiento real de los grupos de consumidores, encontramos evidencia de estas contradicciones.

En Estados Unidos de acuerdo con el artículo “Partisan Bias, Economic Expectations, and Household Spending”, de Mian, Sufi y Khoshkhou, al analizar el comportamiento y las opiniones de las personas respecto del futuro económico de Estados Unidos se encontró que en el periodo preelectoral, cuando la sociedad anticipan un cambio ante una situación presente que consideraba negativa, las encuestas de confianza de los consumidores reflejaban una visión positiva del futuro.

Después de la elección, las personas cambiaron su percepción respecto del futuro económico, dependiendo de la cercanía o afinidad, no sólo con el gobierno que triunfó, sino con las expresiones puntuales que el nuevo gobierno manifestaba respecto del rumbo que pretendía imprimir a la economía.

De esta manera, en Estados Unidos se percibió que los votantes republicanos, después de la elección presidencial, tuvieron una visión sumamente favorable, en términos de confianza sobre futuro, mientras que los grupos demócratas abiertamente opositores el presidente Trump, tendieron a mostrar perspectivas mucho más pesimistas.

En el caso de México, el comportamiento ha sido similar. Las encuestas de confianza del consumidor mostraron una perspectiva de futuro sumamente optimista tanto en el período preelectoral como después de la elección. Para muchas personas, aún para aquellos que inicialmente no necesariamente tenían un apoyo declarado hacia el nuevo gobierno, la perspectiva de un cambio resultaba optimista ante una visión negativa de los años anteriores.

Sin embargo, esta postura de optimismo sobre el futuro que hoy todavía está presente en las encuestas de confianza de los consumidores empieza mostrar una reversión de la tendencia, en los tres primeros del año respecto de los últimos meses del año empieza, pero aún muy por arriba de los mismos meses del año anterior.

Pero los datos duros de consumo, no muestran necesariamente una traducción de ese optimismo en las decisiones de los consumidores.

Por un lado, las cifras que publica la Asociación Nacional de tiendas de autoservicio y departamentales, muestran una caída sistemática en las tasas de crecimiento de los indicadores de ventas mismas tiendas, en los últimos meses, incluyendo el año pasado. Y otros indicadores que típicamente sirven también para medir la visión real de futuro que tienen los consumidores, relacionados con la compra de bienes que generarán una obligación de pago para los siguientes años, por ejemplo, los automóviles, también muestran signos de contracción reciente.

La conducta real de los consumidores en sus decisiones de compra es muy importante porque de esas decisiones de consumo depende en gran medida el dinamismo de una economía que, como la mexicana, depende en una proporción importante de la actividad de consumo en el mercado interno.

De ahí la importancia de diferenciar la información y los indicadores que reflejan percepciones y perspectivas de futuro, contra los datos que reflejan la conducta real económica de las personas.

Al país le conviene que gradualmente, a través de consistencia en la señales el gobierno y de mensajes que contribuyan a la confianza de los inversionistas, las perspectivas y la conducta real de los consumidores estén alineadas, en beneficio del crecimiento económico futuro del país para que este se derrame a la mayoría de la población.

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