Alfredo Huerta -

Una semana complicada para el entorno económico de México con tres noticias que cayeron como bocanada de agua “helada” al Gobierno federal, a inversionistas y a la propia sociedad, que llevará las consecuencias de estas decisiones.

Las calificadoras crediticias han sido insistentes en varios aspectos que afectan y afectarán el desempeño de la economía mexicana y que el mismo Banxico ha venido reiterando en cada reunión de política monetaria. La incertidumbre sobre Pemex, su Plan de Negocios a mediano y largo plazos, sus necesidades de capital y generación de flujo, que permita afrontar fuertes requerimientos por vencimiento de deuda y la urgente mejora de su rentabilidad. Pero también el efecto del destino de recursos del Gobierno federal hacia la paraestatal y su fuerte control (quizá exagerado) en el gasto público está teniendo impactos sobre la actividad productiva del país, a la que se suma la falta de confianza de inversionistas de largo plazo y la fuerte desaceleración en el consumo privado.

Así, Fitch bajó la calificación crediticia de México a BBB desde BBB+, dejando la perspectiva “estable” y Moody’s que mantuvo por ahora la calificación crediticia en A3, pero ajustó a “negativa” la perspectiva, lo que implica una presión para el Gobierno federal de ajustar la calificación en el transcurso de los siguientes 12 meses.

Se complica aún más la situación en caso de imponer ahora o más adelante aranceles a las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos, que al cierre de 2018 sumaron 356 mil millones de dólares, y que al multiplicar por 5% inicial, sumaría un efecto cercano a los 18 mil millones de dólares, y que en caso de irlo incrementando a 10%,15%, 20% o hasta 25%, habría que ir acumulando de manera rápida otros 18 mil millones de dólares a cada movimiento hasta alcanzar 89 mil millones de dólares.

Seguramente habría sustitución de productos y servicios beneficiando a otros países o a través de una mayor depreciación de nuestra moneda para mitigar el impacto, y que sea el tipo de cambio el que al final ajuste las condiciones del mercado para exportadores e importadores.

Al final, el efecto es negativo para nuestra economía y el problema para el Gobierno federal que deberá afrontar a futuro una menor recaudación que llevará al Gobierno a tomar una decisión; o ajusta sus programas sociales o tendría que endeudarse, aunque el costo financiero será mayor ante el ajuste en la calificación crediticia.

En conclusión, consideramos que estos efectos tendrán una presión sobre el Banxico, el que quisiera ajustar a la baja las tasas de interés, pero estará dependiente ahora de dos variables: la Fed y los flujos de capital extranjero en los portafolios. La Fed podría ajustar la tasa de interés en septiembre o diciembre próximo en 25 puntos base.

Por el lado del crecimiento de la economía, el intercambio comercial total de México (exportaciones e importaciones) representa casi 80% del PIB nacional y con Estados Unidos alrededor de 53%. Por ello, vemos un efecto inmediato en el tipo de cambio y que todo parece indicar que lo veremos arriba de los $20.00, probando una figura técnica relevante de mediano plazo.

Vendrán meses difíciles para los mercados por la baja operatividad por el verano. Pero, además, dentro de un entorno internacional debilitándose día a día. Ya el FMI volvió a ajustar la previsión de crecimiento a China a 6.2% anual, y si Trump aumenta aranceles a otros 300 mil millones de dólares, probablemente lo veremos en 6.0% anual o por debajo.

Cortesía de 24 HORAS

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