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Desde hace varios años, el gobierno de Justin Trudeau inició un proceso de reconciliación interna que utiliza los criterios y los mecanismos de la justicia transicional, que es el modelo que ayuda a recuperar el Estado de Derecho después de periodos de conflicto o represión que incluyeron violaciones graves a Derechos Humanos.

Como es de esperarse, los grupos vulnerables suelen ser doblemente frágiles durante dichos conflictos por lo que, generalmente, las medidas de la justicia transicional se dirigen a ellos. Entre sus objetivos principales se encuentran: crear instituciones responsables y recuperar la confianza en ellas; posibilitar el acceso a la justicia de los sectores sociales más vulnerables después de las violaciones de derechos; conseguir que mujeres y grupos marginados participen verdaderamente en la búsqueda de una sociedad justa; facilitar los procesos de paz y promover resoluciones duraderas para los conflictos; sentar las bases para afrontar las causas subyacentes del conflicto y la marginación, y fomentar la reconciliación.

El gobierno de Trudeau ha buscado la reconciliación por los abusos en contra del 5 por ciento de la población: los indígenas. Ellos, como tantos otros en diferentes países, han padecido violaciones graves de Derechos Humanos.

Hace un par de días, el gobierno de Trudeau reconoció que el Estado fue cómplice de un genocidio basado en la raza, la identidad y el género durante la década de los 80. Y pidió perdón por ello.

Previamente, el presidente canadiense se había disculpado antes con el pueblo Inuit, quienes durante la epidemia de tuberculosis fueron confinados, durante los años 40 y 50 del siglo pasado. Trudeau también ha pedido disculpas públicas a los indígenas por los casos de violencia sexual. En esa ocasión, los indígenas innu no las aceptaron. Así, el presidente invitó al Papa Francisco a que se disculpara también, pues dichos abusos ocurrieron bajo la sombra de las sotanas.

Los actos simbólicos son importantes pues crean una nueva sensibilidad social, ayudan a establecer coordenadas de comportamiento y devuelven a las víctimas un poco de lo robado. Les ofrecen el reconocimiento de los errores y la posibilidad del perdón. Parece que sólo así, las sociedades son capaces de sanar las afrentas y aprender a vivir bajo la guía de las cicatrices, pero sin heridas abiertas.

Los procesos de justicia transicional obligan a revisar la historia política —las acciones y las omisiones— bajo la óptica de los derechos humanos. Así, el respeto incondicionado por la dignidad de todos los ciudadanos es el criterio de evaluación, de reparación, de disculpas.

Celebro el compromiso del presidente Trudeau; aunque no puedo dejar de preguntarme cuándo llegará el día de las disculpas para las mujeres mexicanas, para las niñas y niños víctimas de violencia sexual. Espero que pronto.

Cortesía de LA RAZÓN

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