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“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Groucho Marx, cómico estadounidense

Alrededor del mundo conocemos y frecuentemente padecemos, situaciones en las que los políticos de todo tipo, corte y orientación ideológica malinterpretan la información que reciben, la que a su vez determina la naturaleza de las decisiones que toman y, con muchísima frecuencia, mal interpretan también las opiniones de sus votantes, ajustándolas para que parezcan – cuando no apoyo irrestricto sus plataformas y políticas – por lo menos no contrarias a las mismas.

Distintos estudios realizados en el mundo muestran que esto es más frecuente de lo que queremos creer, lo cual contraviene uno de los principios básicos de la democracia, que es la noción de que aquellos por quienes votamos representan de alguna forma nuestras visiones y deseos.

Uno de estos estudios (“Correcting Bias in Perceptions of Public Opinion Among American Elected Officials: Results from Two Field Experiments”, de Kalla y Porter) se llevó acabo en Estados Unidos encuestado y entrevistando a legisladores, para propiciar que se acercaran a conocer información que trataba de transmitir las opiniones de sus votantes.

Se estableció una plataforma en la que de manera neutral los legisladores pudieran conocer las opiniones de los votantes de sus distritos, sobre temas específicos de la agenda legislativa.

La mayoría de los participantes no utilizaron el mecanismo, lo cual reflejó una doble condición: Por un lado, el desinterés de los legisladores por conocer de manera precisa las opiniones de aquellos a los cuales se supone representan y, por el otro, la visión, sumamente simplista, de que por el solo hecho de haber sido votados, ellos ya representan las opiniones de los votantes y por lo tanto no requieren ningún mecanismo que les permita ratificar que existió (o continúa existiendo) una alineación entre sus visiones y agenda con las opiniones y necesidades de sus votantes.

Incluso en EUA en que existe la reelección legislativa desde hace mucho (y no como en Mexico que esta posibilidad apenas inicia), no existe evidencia que el interés de relegirse incentive a conocer los intereses reales y concretos de los votantes o analizar información dura para tomar decisiones mas objetivas.

En estudios que se han realizado para tratar de entender la posibilidad de mejorar las decisiones de los ciudadanos en los procesos de votación, se ha encontrado que, si se les presenta información y hechos corroborables, se puede mejorar la eficacia de sus decisiones políticas electorales.

Por el contrario, este estudio demostró que, tratándose de los legisladores, es frecuente que cuando se les presenta información corroborable y dura que podría ayudarles a tomar mejores decisiones y diagnósticos más acertados, existe una marcada resistencia a analizar nueva información y por supuesto a incorporar esta en sus propuestas y posiciones legislativas.

En México, desde hace varios procesos electorales han existido iniciativas que tratan de facilitar la identificación, por parte de los ciudadanos, de las propuestas específicas que tienen aquellos candidatos por los cuales votarán. La gran iniciativa Voto Informado, desarrollada por estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, estableció cuestionarios que sobre tópicos generales permitirían a un ciudadano conocer la opinión de los candidatos sobre esos temas.

El problema es que, de acuerdo con el estudio comentado, existen pocos incentivos hoy para asegurar que aquellos que supuestamente nos representan, efectivamente (más allá del discurso y de posiciones políticas simplistas), representen genuinamente los intereses de aquellos que los eligieron, lo que limita su capacidad para proponer iniciativas que genuinamente generen el beneficio de la ciudadanía en el largo plazo y no únicamente satisfagan el interés político de corto plazo.

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