Vivir una vida feminista – Análisis

Sarah Ahmed es una reconocida autora que ha reflexionado sobre las tensiones entre género, identidad y raza. Su obra ha sido provocadora para algunos, pero, para otros, clarificadora y definitiva. Entre sus libros destacan La promesa de la felicidad (2010); The Affect Theory (2009); Fenomenología Queer (2006) y La política cultural de las emociones (2004).

En 2014, Ahmed publicó el libro Living a feminist life -Viviendo una vida feminista– que es oportuno reconsiderar frente a la convulsión social que atravesamos.

Ahmed define al feminismo “como la forma en que sobrevivimos a las consecuencias de lo que nos enfrentamos, ofreciendo nuevas formas de entender lo que nos desafía”.

Es decir, Ahmed parte de la experiencia compartida de violencia estructural que padecemos las mujeres y piensa que la teoría feminista es la encargada de explicar —tanto individual como políticamente— la injusticia entre los géneros.

En ese sentido, señala que: “Encontrar el feminismo puede ser empoderador, ya que es una forma de volver a habitar el pasado. Es personal. No hay duda: es personal”.

Pero, Ahmed sabe que lo personal es político y éste, a su vez, es estructural. Por ello, lo personal es estructural. De esta forma, la violencia que padecemos las mujeres ocurre en tres esferas: la personal —por ejemplo, la violencia física—; la política —por ejemplo, en leyes omisas a las necesidades de las mujeres— y, finalmente, la estructural —que es la que articula a las anteriores.

Señala la autora: “Lo personal es estructural. Aprendí que una estructura te puede golpear; una estructura te puede lastimar. Un hombre individual que te viola recibe permiso: eso es estructura. Su violencia se justifica como natural e inevitable: eso es estructura. Un policía que se da la vuelta porque es una llamada doméstica: eso es estructura. Un juez que habla de lo que llevaba: eso es estructura. Una estructura es un arreglo, un orden, un edificio; una asamblea”.

A este destino manifiesto violento es a lo que la autora llama “la fatalidad del género” en la que, con independencia de las acciones u omisiones de las mujeres, la violencia no sólo nos alcanzará, sino que —por si fuera poco— seremos culpables de ella: “Se le puede responsabilizar tanto si ha modificado su comportamiento como si no, porque la fatalidad del género ya ha explicado que la violencia dirigida contra las mujeres es perdonable e inevitable”.

Así, en la semana del Día Internacional de la Mujer, es importante entender que el feminismo —en todas sus vertientes— busca la igualdad entre los sexos, enfrente a las estructuras de dominación y, sobre todo, ofrece un marco de comprensión que —como escribe Ahmed— permite a las mujeres rehabitar no sólo el pasado, sino el propio cuerpo.

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