Roe vs. Wade: el derecho a los privilegios de los hombres: López Vela – Análisis

La tarde del lunes, la revista Politico compartió la filtración de un proyecto de sentencia para revertir Roe vs. Wade, que garantizaba el acceso legal a la interrupción del embarazo —en todos los estados de la Unión Americana—. El proyecto firmado por el juez Alito recupera los resquicios sexistas del pasado y convierte su propuesta en una apología de los privilegios de los hombres, sobre los derechos de las mujeres.

En ese sentido, la propuesta de revertir la sentencia es más profunda que la interrupción del embarazo. La pregunta de fondo es: ¿quién tiene derecho a decidir sobre el cuerpo de las mujeres? Cuestión que, solamente en los casos de esclavitud, se ha hecho sobre el cuerpo de los varones. La sentencia original garantizaba la libertad y la igualdad de las mujeres reconociendo la autonomía sobre nuestros propios cuerpos; mientras que, la propuesta de Alito, sugiere que sean los estados mediante el voto de los electores los que decidan la legalidad del procedimiento. Es decir, Alito sugiere que los ciudadanos voten si las mujeres son o no dueñas de su cuerpo y si pueden decidir sobre él. Éste es, precisamente, el punto de quicio de la discusión.

Para comprender el contexto de las personas que promueven esto, revisemos algunas de las posiciones y circunstancias de los jueces que impulsan este dislate jurídico.

El juez Clarence Thomas fue acusado por Anita Hill por hostigamiento sexual en 1991. Entonces, no existía ni el lenguaje ni el marco jurídico para atender y sancionar estos casos. Gracias a la declaración de Hill, el concepto se popularizó y se construyó la base jurídica correspondiente. Clarence Thomas usó el cuerpo de Anita Hill y quedó impune.

El juez Brett Kavanaugh también fue designado como ministro de la Corte, a pesar de la acusación de la reconocida profesora universitaria, Christine Blasey Ford; en la audiencia también testificaron Julie Swetnick y Deborah Ramírez. El señalamiento de Kavanaugh como agresor sexual no fue investigado correctamente y, en un nombramiento apresurado, el agresor ocupó un lugar en la Suprema Corte. Desde ahí, en 2019, Kavanaugh –un hombre con muy poco respeto por los cuerpos ajenos– votó una resolución que respaldó la propuesta de Donald Trump para impedir “pertenecer al ejército y servir en él a las personas transgénero –que requieren o han sufrido una transición de género—”. Kavanaugh es un depredador sexual que usó el cuerpo de las mujeres e impidió el acceso al Ejército de ciertos cuerpos —los de las personas trans—.

El juez Samuel Alito ha sido un férreo opositor al aborto. Pero, también, escribió y votó en el caso Lilly Ledbetter, contra su empleador, Goodyear Tire & Rubber Co., por discriminación salarial por género. En su exposición, Alito desestimó el caso porque habían pasado los días establecidos; al hacerlo, impidió la revisión histórica de la brecha salarial. El juez impidió que la Corte pudiera decidir sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres. 

Los jueces Neil Gorsuch, Clarence Thomas y Samuel Alito fueron los encargados de promover el veto migratorio para impedir el acceso a Estados Unidos de las personas musulmanas. Afortunadamente, Ruth Bader Ginsburg, Stephen G. Breyer, Sonia Sotomayor y Elena Kagan se opusieron. Al final, los votos de los jueces John Roberts y Anthony Kennedy se unieron a los opositores y aprobaron una versión restringida de la propuesta original, impidiendo el abuso de la política trumpista.

Un último dato, tres de los cinco jueces que quieren tumbar Roe vs. Wade fueron nombrados por Donald Trump: un presidente con 16 acusaciones de violencia sexual, amigo personal de Jeffrey Epstein —el famoso pederasta norteamericano—.

En resumen, las personas que buscan revertir Roe vs. Wade —o sobre la autonomía del propio cuerpo— son o agresores sexuales, u opositores a la igualdad salarial, o discriminadores por motivos religiosos o discriminadores de las personas trans.

Estos perfiles dejan claro que la discusión poco tiene que ver con el derecho a la vida o con las convicciones religiosas; es, en vez, la defensa de la propiedad de los cuerpos ajenos desde el sesgo epistémico del privilegio. Al hacerlo, envían una señal clara a la sociedad: en ese país, solamente los hombres tienen derechos y, el más sagrado es el derecho a tener privilegios sobre los cuerpos ajenos. Los demás, tienen que mendigar el derecho a tener derechos. Es difícil imaginar una perversión jurídica tan aberrante. No podemos permitirlo.

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