México se perfila para enfrentar uno de sus años más débiles en términos de crecimiento económico reciente. De acuerdo con el más reciente Estudio Económico de América Latina de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), correspondiente a agosto de 2025, el Producto Interno Bruto (PIB) mexicano registraría un crecimiento anual de apenas 0.3 por ciento al cierre del año, lo que refleja un estancamiento económico prolongado que se arrastra desde el sexenio anterior.
La proyección se mantiene sin cambios respecto a la estimación realizada en abril pasado por el mismo organismo, lo que indica que no ha habido señales contundentes de reactivación económica en el primer semestre del año.
Este escenario se da luego de que en 2024 —último año de la administración anterior— la economía mexicana creciera 1.4 por ciento, una cifra ya considerada baja, pero que aún mostraba un mejor desempeño comparado con lo previsto para 2025.
De cara a 2026, la Cepal anticipa un repunte moderado, con un crecimiento del PIB estimado en 1.0 por ciento, impulsado posiblemente por mejores condiciones externas y una recuperación parcial en sectores clave como la manufactura y los servicios.
Sin embargo, el organismo advierte que las perspectivas de crecimiento siguen siendo frágiles, con riesgos persistentes asociados a la incertidumbre comercial con Estados Unidos, las tensiones geopolíticas globales, la baja inversión y la desaceleración del consumo interno.
La previsión de la Cepal también toma en cuenta un entorno de alta cautela por parte del sector privado, así como una política fiscal que, aunque mantiene el equilibrio en las finanzas públicas, no ha sido suficiente para detonar un nuevo ciclo de expansión económica.
Además, el bajo crecimiento esperado contrasta con las necesidades estructurales del país en términos de empleo, infraestructura, educación y combate a la pobreza, lo que podría agravar problemas sociales si no se implementan medidas de reactivación efectivas.