Nissan ha finalizado la producción del GT-R R35 tras 18 años, despidiendo a uno de los superdeportivos japoneses más emblemáticos. El último modelo, un T-Spec en Midnight Purple, salió de la planta de Tochigi, Japón, marcando el fin de una era que comenzó en 2007.
El GT-R R35 fue diseñado para competir con leyendas europeas como el Porsche 911 Turbo. Su desarrollo comenzó en 2001, con un prototipo en 2005, y debutó oficialmente en el Salón del Automóvil de Tokio de 2007. Conocido como “Godzilla” por su potencia y herencia de los Skyline GT-R, el R35 se destacó por su capacidad de evolución. Inicialmente, contaba con un motor V6 biturbo de 3.8 litros y 480 hp, cifra que aumentó a más de 600 hp en las versiones NISMO. Su tracción integral y transmisión de doble embrague le permitieron dominar tanto calles como circuitos exigentes, estableciendo tiempos de referencia en Nürburgring a lo largo de su historia.

Su carrera también estuvo llena de récords y hazañas. En 2016, un GT-R modificado logró el récord Guinness del derrape más rápido, alcanzando velocidades superiores a los 300 km/h. Además, fue protagonista en múltiples campeonatos de motorsport, consolidando su reputación como un deportivo capaz de combinar confiabilidad japonesa con un rendimiento digno de los mejores superautos europeos.
A lo largo de su historia, el R35 recibió constantes mejoras tecnológicas, desde refinamientos aerodinámicos hasta actualizaciones en su sistema de infoentretenimiento. Sin embargo, lo que nunca cambió fue su filosofía: ofrecer prestaciones extremas a un precio relativamente más accesible que el de sus competidores directos.

Nissan ya ha confirmado que se trata del fin de una generación, no del linaje. El gran desafío ahora es imaginar cómo será su sucesor. En una industria marcada por la electrificación y la reducción de emisiones, el futuro “R36” podría incorporar tecnologías híbridas o eléctricas, aunque siempre bajo la premisa de mantener la esencia de un auténtico superdeportivo japonés. Más allá de eso, su legado ya está asegurado: durante 18 años, el “Godzilla” japonés demostró que la pasión, la ingeniería y la ambición pueden desafiar a los gigantes de Europa.
Sebastian Pilotzi
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