Ticketmaster en el ojo del huracán: ganancias millonarias a costa de los fans

Ticketmaster y su empresa matriz Live Nation están bajo el escrutinio de la Comisión Federal de Comercio (FTC, por sus siglas en inglés) y siete estados de EE. UU., acusadas de lucrar sistemáticamente a expensas de los fanáticos. La FTC es una agencia gubernamental independiente encargada de proteger a los consumidores y mantener la competencia en los mercados.

Entre sus funciones principales se encuentran: proteger a los consumidores de prácticas comerciales engañosas o fraudulentas, promover la competencia al actuar contra monopolios y acuerdos anticompetitivos, y regular o educar sobre normas de mercado. En el caso de Ticketmaster y Live Nation, la agencia los acusa de prácticas que perjudican a los consumidores y violan las leyes de protección al consumidor y competencia.

La compañía, que controla cerca del 80 % de la venta de boletos para grandes conciertos, permitió durante años que revendedores violaran los límites de compra impuestos por los artistas, generando 3,700 millones de dólares en ingresos por reventa entre 2019 y 2024.

La agencia reguladora reveló un correo interno que evidencia que desde 2018 Ticketmaster “hacía la vista gorda” ante estas violaciones como política de empresa, según información también difundida por Reuters.

La crisis se exacerbó con la fallida venta de boletos para la gira Eras de Taylor Swift en 2022, cuando la plataforma se saturó de bots y revendedores, y millones de fanáticos honestos se quedaron sin acceso, mientras Ticketmaster continuaba cobrando exorbitantes tarifas ocultas a los consumidores.

Además, el Departamento de Justicia ya demandó en 2024 a la compañía por presunto monopolio en la industria de conciertos en vivo, acusándola de usar su poder de mercado para maximizar ganancias sin responsabilidad.

La caída del 2.3 % en el precio de las acciones de Live Nation tras la noticia refleja el creciente costo reputacional y financiero. Este caso deja en evidencia un modelo de negocio basado en la explotación del fanático, con prácticas cuestionables que podrían terminar reconfigurando la industria si las autoridades actúan con firmeza.

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