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Por qué frecuentemente los políticos mal interpretan los datos (económicos) y también las opiniones de sus votantes

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Groucho Marx, cómico estadounidense

Alrededor del mundo conocemos y frecuentemente padecemos, situaciones en las que los políticos de todo tipo, corte y orientación ideológica malinterpretan la información que reciben, la que a su vez determina la naturaleza de las decisiones que toman y, con muchísima frecuencia, mal interpretan también las opiniones de sus votantes, ajustándolas para que parezcan – cuando no apoyo irrestricto sus plataformas y políticas – por lo menos no contrarias a las mismas.

Distintos estudios realizados en el mundo muestran que esto es más frecuente de lo que queremos creer, lo cual contraviene uno de los principios básicos de la democracia, que es la noción de que aquellos por quienes votamos representan de alguna forma nuestras visiones y deseos.

Uno de estos estudios (“Correcting Bias in Perceptions of Public Opinion Among American Elected Officials: Results from Two Field Experiments”, de Kalla y Porter) se llevó acabo en Estados Unidos encuestado y entrevistando a legisladores, para propiciar que se acercaran a conocer información que trataba de transmitir las opiniones de sus votantes.

Se estableció una plataforma en la que de manera neutral los legisladores pudieran conocer las opiniones de los votantes de sus distritos, sobre temas específicos de la agenda legislativa.

La mayoría de los participantes no utilizaron el mecanismo, lo cual reflejó una doble condición: Por un lado, el desinterés de los legisladores por conocer de manera precisa las opiniones de aquellos a los cuales se supone representan y, por el otro, la visión, sumamente simplista, de que por el solo hecho de haber sido votados, ellos ya representan las opiniones de los votantes y por lo tanto no requieren ningún mecanismo que les permita ratificar que existió (o continúa existiendo) una alineación entre sus visiones y agenda con las opiniones y necesidades de sus votantes.

Incluso en EUA en que existe la reelección legislativa desde hace mucho (y no como en Mexico que esta posibilidad apenas inicia), no existe evidencia que el interés de relegirse incentive a conocer los intereses reales y concretos de los votantes o analizar información dura para tomar decisiones mas objetivas.

En estudios que se han realizado para tratar de entender la posibilidad de mejorar las decisiones de los ciudadanos en los procesos de votación, se ha encontrado que, si se les presenta información y hechos corroborables, se puede mejorar la eficacia de sus decisiones políticas electorales.

Por el contrario, este estudio demostró que, tratándose de los legisladores, es frecuente que cuando se les presenta información corroborable y dura que podría ayudarles a tomar mejores decisiones y diagnósticos más acertados, existe una marcada resistencia a analizar nueva información y por supuesto a incorporar esta en sus propuestas y posiciones legislativas.

En México, desde hace varios procesos electorales han existido iniciativas que tratan de facilitar la identificación, por parte de los ciudadanos, de las propuestas específicas que tienen aquellos candidatos por los cuales votarán. La gran iniciativa Voto Informado, desarrollada por estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, estableció cuestionarios que sobre tópicos generales permitirían a un ciudadano conocer la opinión de los candidatos sobre esos temas.

El problema es que, de acuerdo con el estudio comentado, existen pocos incentivos hoy para asegurar que aquellos que supuestamente nos representan, efectivamente (más allá del discurso y de posiciones políticas simplistas), representen genuinamente los intereses de aquellos que los eligieron, lo que limita su capacidad para proponer iniciativas que genuinamente generen el beneficio de la ciudadanía en el largo plazo y no únicamente satisfagan el interés político de corto plazo.

Medioambiente y conducta

“Nuestro uso de los recursos finitos del planeta están creciendo de manera exponencial, junto con nuestra capacidad técnica para cambiar el medio ambiente para bien o para mal”.

Stephen Hawking, astrofísico, y divulgador científico británico.

En las últimas décadas, pero con particular énfasis en los últimos años, se ha hecho evidente el efecto devastador que tiene, tanto para el planeta como para la vida cotidiana de las personas, el uso indiscriminado e irracional de los recursos naturales.

Ya sea en temas como el calentamiento global, la sobreexplotación de los recursos pesqueros, la tala inmoderada de bosques, el uso y contaminación de aguas pluviales, entre otros muchos temas, se genera esta discusión, en la que, por un lado, se trata de establecer cuál es el deterioro los años irreversibles inmediatos que se enfrenta y como resolverlo y, por el otro, una aparente ceguera en reconocer y atender estos temas, ya sea por desconocimiento o incluso de la negación de los datos científicos existentes o por una visión netamente utilitarista y de corto plazo, que no muestra mayor preocupación por el futuro.

Estos temas se abordan desde diferentes perspectivas: ya sea de la eliminación de la actividad que provoca el deterioro ambiental, o la de mitigación progresiva de las actividades que las generan o, en otros casos, de la incorporación de avances tecnológicos que permitan, sumados a un factor de mitigación, corregir los efectos negativos de la actividad humana.

Por ejemplo, cuando se trata del tema de las emisiones de carbono en el mundo, es fundamental entender que la visión de eliminar radicalmente la huella de carbono en el corto plazo es poco realista. Lo más adecuado (y posible) es buscar mitigar las emisiones, acompañados de una perspectiva de generación de energías alternativas, sumada a la inversión en tecnologías que permitan capturar el carbono de la atmósfera y reducir sus efectos dañinos sobre el planeta.

Pero más allá de eso, es importante también reconocer cuáles son las conductas que están detrás de la visualización que se tiene, de personas o grupos, respecto del uso de los recursos naturales.

En el estudio “I feel it is mine!” Psychological ownership in relation to natural resources”, de Matilainen, Pohja-Mykra, Lahdesm y Kurki, se trata de analizar los conflictos y disputas que se presentan cuando distintos grupos de interés compiten

por el uso o aprovechamiento de recursos naturales, lo que frecuentemente conlleva a confrontaciones.

El estudio plantea el concepto de “propiedad psicológica”, definido como el estado en que las personas perciben que objetos, entidades, ideas o, en este caso, recursos naturales, son de su propiedad.

Tratándose de recursos naturales, el concepto de “propiedad psicológica” se hace relevante, porque con frecuencia encontramos esta visión en comunidades que, por ejemplo, tienden a explotar los recursos naturales de forma indiscriminada, partiendo de que su origen o cercanía con los recursos en esa comunidad, les da un derecho de propiedad intrínseco, que consideran les debería permitir el aprovechamiento de dichos recursos. Por el otro lado, ciertos grupos ambientalistas tienen una percepción de “propiedad psicológica”, en la que, de manera más global, perciben que estos bienes rebasan el concepto de una propiedad grupal o comunitaria y por lo tanto perciben un derecho de propiedad más amplia hacia la naturaleza o hacia la sociedad en general.

La importancia de este concepto es que explica por qué la discusión entre la explotación o preservación racional de ciertos recursos naturales, no se resuelve típicamente por vías de un análisis racional, ya que los grupos en conflicto se confieren derechos de propiedad psicológica sobre los bienes.

A ello se suman condiciones específicas que en algunas ocasiones pueden ser atribuidas a factores de desigualdad que incentivan a que ciertas comunidades sobreexploten los recursos naturales.

En otros casos, se trata simplemente de una visión cortoplacista (por ejemplo, en el caso de las pesquerías de asiáticas), que simplemente buscan maximizar el retorno de corto plazo, sin importar los efectos negativos de mediano y largo plazo.

El tema de la preservación del ambiente y de los medios adecuados para mitigar y revertir daños al mismo, es poco probable que se resuelvan simplemente bajo la premisa de provocar un cambio en la conducta de las personas, de los consumidores o de quienes explotan indiscriminadamente ciertos recursos naturales.

Es fundamental entender que se requiere la comprensión de las conductas de fondo y de los factores económicos que motivan la explotación indiscriminada los recursos, sumadas a cambios normativos que, de manera efectiva, permitan mitigar y disminuir gradualmente los efectos negativos de la actividad humana, apoyándose invariablemente además en el avance tecnológico que permita contribuyan a revertir, de madera más acelerada, los cambios en la naturaleza que, de otro modo, terminarán por afectar la calidad de vida de todas las personas en el planeta.

La importancia de la inversión privada en México

“El objeto social de la inversión calificada debe ser derrotar las fuerzas oscuras del tiempo y la ignorancia que envuelven nuestro futuro”.

John Maynard Keynes, economista británico.

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir al 10º encuentro bursátil organizado por la Bolsa Mexicana de Valores, en la cual participamos tanto autoridades, como los representantes de las empresas emisoras de valores bursátiles en el país.

En el caso de la empresa que dirijo, Fibra Educa, ésta recibió el reconocimiento por ser una de las emisoras que colocó en bolsa en los últimos 12 meses, siendo una de las contadas con lo hicieron en este periodo caracterizado por la incertidumbre política, económica y financiera.

En el evento participaron servidores públicos de la Secretaría de Hacienda y de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, especialistas en temas económicos financieros y de cyber seguridad para el sector financiero; así como analistas políticos. Todos, contribuyeron a que los participantes tengamos un panorama más claro de las perspectivas para el futuro inmediato del país en lo económico, lo político y fundamentalmente, desde la perspectiva de las inversiones del sector privado.

Resultó particularmente relevante el señalamiento realizado por el Subsecretario de Hacienda en el sentido de que si México quiere crecer a tasas superiores a las que en promedio ha crecido las últimas décadas y superar además la tendencia de aún más bajo de crecimiento, que se prevé para los siguientes dos años, se requiere de forma indispensable, la inversión y participación del sector privado.

Ello es absolutamente cierto y es precisamente por ello que es fundamental que el mensaje y las acciones del gobierno tengan, ante todo, un componente que garantice la certidumbre tanto jurídica como financiera para los siguientes años. Para realizar inversiones en un país como México, en la escala y en el tiempo que se requieren, todos los inversionistas privados requieren tener certidumbre de que sus inversiones están garantizadas (en lo legal) y la estabilidad necesaria para buscar, mediante proyectos rentables y eficientes, la rentabilidad y el rendimiento adecuado para premiar a los inversionistas.

En el evento, en los distintos foros quedó en evidencia la importancia trascendental de que el gobierno actual mantenga, como hasta ahora, una visión de disciplina fiscal. En un entorno complejo, en el que se anticipa una desaceleración económica a nivel global que, por condiciones internas podía acentuarse en

nuestro país, la disciplina fiscal (que no la astringencia de recursos públicos en sectores prioritarios), es fundamental, porque garantizar la estabilidad de los factores macroeconómicos, que a veces pueden parecer lejanos, pero que tiene implicaciones fundamentales para la vida económica de las familias. Por ejemplo, el déficit público creciente y descontrolado, históricamente se traduce casi de manera automática en un crecimiento de la inflación, que termina por deteriorar la capacidad adquisitiva de las familias y cuyos efectos generalmente tienen una duración prolongada.

México ha recibido enormes cantidades de recursos de inversión financiera que, cuando no está asociada a emisiones primarias bursátiles o inversiones directas privadas, tiene un efecto limitado en la creación de empleo y crecimiento económico. Hoy en México tiene indicadores sumamente favorables en la tenencia de bono mexicanos en manos de extranjeros. Y ello es resultado de una razón simple, la diferencia entre las tasas en Estados Unidos y en México es tan considerable que, aun descontando factores de incertidumbre y riesgo económico y político en México, para cualquier inversionista financiero México sigue siendo altamente rentable. Hoy, la diferencia entre los bonos mexicanos denominados en dólares a 10 años y los bonos del tesoro estadounidense a ese mismo plazo, de las mayores para cualquier economía emergente y la mas alta para una economía similar a la mexicana.

Un inversionista norteamericano puede pedir prestado en Estados Unidos para invertir en México y tendría una ganancia superior al 4% sin haber realizado ninguna actividad productiva; simplemente por la diferencia entre lo que le costaría el préstamo y el rendimiento elevado que pagan los instrumentos financieros en México.

Incluso las inversiones en la Bolsa Mexicana de Valores, a menos que sean primarias; esto es, que se realicen en el momento de la emisión por parte de la empresa que coloca en bolsa, que es cuando utiliza esos recursos mayoritariamente para proyectos de inversión productiva, el resto del tiempo esas inversiones en bolsa no tienen un efecto inmediato en generación de actividad productiva. Por ello, tanto las inversiones financieras en instrumentos de deuda como las inversiones en bolsa no necesariamente están contribuyendo a un aceleramiento del crecimiento.

De ahí la importancia fundamental de garantizar la estabilidad y la certidumbre que permita que más empresas realicen emisiones en bolsa, tanto de instrumentos de deuda como de acciones o certificados y que los recursos que se obtengan por esta vía se destinen a proyectos productivos que ahí sí, contribuyan a generar más empleo, más crecimiento económico y por ende mayor bienestar para las familias.

El efecto de la depresión en las decisiones económicas

“La depresión es como la melancólica, pero sin sus encantos “.

Susan Sontag, escritora, filósofa y ensayista estadounidense.

En las últimas décadas las enfermedades mentales han pasado de ser secretos personales y familiares a un asunto de salud pública.

Específicamente en el tema de la depresión, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más de 300 millones de habitantes del mundo sufren de depresión y en México este padecimiento se considera el primer lugar de discapacidad para las mujeres y la novena para los hombres.

De acuerdo con la misma fuente, cerca del 10% de las personas han sufrido depresión en algún momento y una de cada cinco la sufrirá antes de los 75 años, siendo está cada vez más frecuente en los grupos de edad jóvenes.

Dada la importancia creciente de está afectación, resulta importante entender como esta afecta, entre otras múltiples facetas de la vida, las decisiones económicas y financieras.

El estudio “Time and risk preferences, and consumption decisions of patients with clinical depression”, de Bayera, Shtudinerc, Suhorukova, y Grisarua, se buscó analizar cómo la depresión afecta las decisiones económicas, específicamente aquellas relacionadas con las preferencias de tiempo. Es decir, las que determinan la decisión entre el consumo presente y el futuro o, dicho de otra manera, entre gastar hoy y ahorrar para mañana.

A partir de analizar un grupo de personas diagnosticadas con depresión y contrastar sus resultados contra personas de similares características socio demográficas sin el padecimiento, se encontró que las personas que padecen de depresión clínica son menos propensas a ahorrar y toman decisiones económicas de corto plazo de mayor riesgo.

En muchos casos, las decisiones económicas incorrectas, además, generan una afectación a la condición económica de corto plazo, lo que profundiza o genera nuevas tensiones de incertidumbre de corto plazo que a su vez retroalimentan la depresión.

De manera más puntual, las personas con depresión se caracterizan por tener tasas de descuento mayores en sus decisiones económicas de largo plazo;

entendiéndose como tasa de descuento, el rendimiento implícito que una persona requiere para posponer consumo presente contra consumo futuro. En un ejemplo específico, de manera racional a una persona que se le ofrezca hoy 10,000 pesos o la alternativa de recibir 11,000 pesos dentro de un año, debería aceptar el ingreso futuro dado que se le está ofreciendo implícitamente una tasa de interés del 10%, claramente superior a la inflación.

La mayoría de las personas, requieren el ofrecimiento de un rendimiento mayor para aceptar posponer un año el pago. Pero las personas con depresión clínica requieren la promesa de un premio futuro aun mayor que incluso que el promedio del resto de las personas requiere, lo cual conlleva a no realizar el ahorro o a sólo hacerlo cuando se presentan opciones con promesas de rendimiento sumamente elevadas, pero, consecuentemente, también de riesgo sumamente alto.

Si los estudios realizados en las últimas décadas sobre la conducta económica y financiera de las personas han mostrado que la mayoría de nosotros tenemos sesgos de irracionalidad que afectan la calidad de nuestras decisiones futuras, las personas con depresión clínica presentan una mayor profundidad de estas desviaciones de los modelos racionales de decisión. De ahí que, ante el crecimiento de este padecimiento que afecta a integrantes de muchas familias de nuestro país, estemos obligados a tener el doble cuidado de apoyar a las personas a enfrentar este severo padecimiento y, simultáneamente, a vigilar que no se tomen decisiones que generan desequilibrios más graves para el futuro.

Divorcios y perspectivas educativas

“El divorcio probablemente se remonta a la misma época que el matrimonio. Yo creo, sin embargo, que el matrimonio es algunas semanas más antiguo.”

Voltaire.

Prácticamente en todas las sociedades modernas se ha presentado un fenómeno de crecimiento de la tasa de divorcios y de disminución de los matrimonios.

En México, de acuerdo con información del INEGI publicada en los primeros meses del año, los matrimonios se han reducido en poco menos del 10% en los últimos años. Pasando de registrarse 567,000 matrimonios en el año 2010 a 526,000 en el año 2017. Lo anterior resulta doblemente significativo si consideramos que el porcentaje de personas que empieza a colocarse en grupos de edad donde potencialmente podría casarse, ha aumentado. Ello, como resultado de que las últimas generaciones grandes de la pirámide poblacional del país están entrando a edades de matrimonio.

Simultáneamente, la tasa de divorcios ha mostrado una tendencia contraria y creciente, pasando de tener 86,000 divorcios en el 2010 a más de 146,000 en el 2017. Ello implica, en una relación de divorcios por cada 100 matrimonios, que en el 2010 se presentaban 15.1 divorcios por cada 100 matrimonios, mientras que para el 2017 esta tasa se situó en 28.1 y seguramente para 2019 se estará alcanzando el doble de la tasa del 2017.

También para 2017, la edad promedio de divorcio de los hombres fue de 41 años y de mujeres de 38.4 años. Lo anterior implica que, en muchos casos, los matrimonios se disuelven cuando ya tienen la edad suficiente para haber procreado por lo menos un hijo.

Si bien no existen en México estudios específicos que con profundidad analicen el impacto de los cambios en el estatus de las relaciones matrimoniales en la educación futura de los hijos, en el estudio fulano de tal se hace referencia a una investigación realizada en Taiwán para comprender el efecto detienen los divorcios en educación superior de los hijos.

No se trata en este sentido de juzgar el crecimiento de los divorcios desde una perspectiva moral. Y crecimiento de los divorcios los vendemos tu pieza actores entre otros a procesos en permitido la liberación y empoderamiento aún muy limitado, y grupos de mujeres y una modificación, producto de cambio sociodemográficos, los patrones de relación de las personas.

De lo que se trata aquí ese entender si este crecimiento de los patrones de divorcio tiene una acto específico en la posibilidad de que los niños tengan una educación superior en relación con aquellos matrimonios que permanecen unidos.

Las conclusiones del estudio apuntan a que el divorcio genera una reducción del ingreso promedio de los hogares y típicamente es mayor del lado del hogar dividido en donde permanecen los hijos.

Necesariamente implica que los recursos disponibles para apoyar en todo tus gastos los relacionados con la educación, disminuyan.

En el estudio “Understanding the mechanisms of parental divorce effects on child’s higher education”, de Chen, Fan y Liu, se encontró que, cuando el divorcio se presenta cuando los niños se encuentran en edades entre los 13 y los 18 años, se produce una la disminución de 10.6% en la probabilidad de que los niños ingresen a la universidad cuando alcancen 18 años.

El estudio encontró también que, incluso de manera más pronunciada que los efectos económicos, existen una serie de mecanismos no económicos, tales como los efectos psicológicos, que pueden incidir con mayor fuerza en una reducción de la posibilidad de acudir a la universidad. El efecto es mayor entre menor sea la edad del niño (dentro de esos rangos de edad señalados).

En México, la tasa de divorcios ha aumentado también en segmentos de edad que antes se consideraban de alguna manera protegidos contra este fenómeno, por ejemplo, en rangos de edades de mujeres mayores de 50 años.

Sin embargo, el incremento de la tasa divorcio en ese segmento de edad genera también efectos negativos, pero ahí ya no sólo para los hijos, sino específicamente para el bienestar económico de las mujeres que son divorciados a esa edad.

Dado que estas tendencias son presentes a lo largo del mundo, más que pensar es una perspectiva moral o de valores acerca de cuál es el origen de esta tendencia, conviene que las familias si bien evidentemente busquen permanecer unidas, también contemplen establecer mecanismos de planeación que les permitan, en caso de que el matrimonio se disuelva, que existan mecanismos que les permitan mantener una mayor probabilidad de contar de manera planificada, con los recursos para sufragar los costos de la educación superior de sus hijos. Y, de la misma manera, que las mujeres, que de por si reciben una presión adicional en el entorno laboral, que limita su capacidad de acumulación de recursos para el retiro, planeen con anticipación el construir los recursos para su vejez de manera individual, con independencia de su estatus marital.

Es fundamental ,en este sentido, que entendamos que, como señala algún dicho estadounidense, “hay que esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor”. La planeación financiera invariablemente debe de considerar escenarios negativos

extremos, para impedir que, en caso de que estos se presenten, se altere de manera radical el futuro bienestar económico de las familias.

Economía y educación

“La educación es el pasaporte para el futuro, porque el mañana pertenece a quienes se preparan hoy”.

Malcolm X.

El día de hoy se conmemora el día del maestro, paradójicamente sin que en este día se pueda ejercer la función de educar formalmente, porque es un día feriado para escuelas y maestros.

Por ello resulta conveniente reflexionar acerca de la relación entre la economía y la educación, así como sobre las implicaciones y relaciones que existen entre una y otra.

Distintos estudios conductuales han mostrado la importancia de tratar de modelar o incidir en las decisiones relacionadas con educación futura, en virtud del efecto tan relevante que las decisiones que los jóvenes tomen sobre su educación (áreas, características y calidad), tendrá en su futuro, tanto en su desempeño académico, como por supuesto en su vida profesional y, consecuentemente, en bienestar económico que alcancen.

En el estudio “Nudging in education”, de Damgaard y Nielsen, a partir de la revisión de distintos estudios se plantea la posibilidad (y conveniencia) de realizar intervenciones conductuales en temas educativos, así como que es factible utilizar mecanismos conductuales para apoyar a los jóvenes a tomar mejores decisiones en relación con su futuro escolar, por ejemplo, a través de proveer de manera adecuada información que les permita entender y valorar adecuadamente sus propias habilidades en distintos campos. Ello permite que los niños y después jóvenes, exploten adecuadamente las áreas de conocimiento en que sus habilidades les permitan destacar y alcanzar un mejor desempeño. En mi experiencia personal, cuando se logra que los jóvenes identifiquen áreas específicas que le resulten de interés y que sean afines a sus capacidades y habilidades, se logra una motivación interna más potente, que a su vez se traduce en un mejor desempeño y, posteriormente, en la vida profesional, en mejores resultados que contribuyen a un crecimiento laboral.

De la misma manera, es posible, mediante estímulos conductuales específicos, ayudar a que aquellas habilidades que se encuentra limitadas en los jóvenes alcancen por lo niveles aceptables, sobre todo cuando se trata de habilidades que son indispensables para cualquier campo de la vida profesional. Es frecuente escuchar que, si un hijo es bueno pintando y malo en matemáticas, hay que ayudarlo a que desarrolle sus habilidades de pintor y no darle clases de matemáticas. Esta visión implica es incorrecta, porque asume que ambas opciones

son excluyentes y supone que un área específica de conocimiento es opcional. Lo conveniente sería por supuesto favorecer y desarrollar las habilidades artísticas, pero con una orientación que le permita traducir estás en actividades que le generen oportunidades de desarrollo profesional (y salarial) y, simultáneamente, apoyarlo en la capacidad de comprensión mínima de los temas matemáticos, que son necesarios en cualquier faceta de la vida personal y profesional futura.

Hoy, por ejemplo, se discute como una de las razones de mayor o menor capacidad de innovación y crecimiento de las economías la orientación hacia las áreas denominadas STEM (las iniciales en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingenierías y Matemáticas), encontrándose que en aquellas sociedades en que más jóvenes participan en estas áreas de conocimiento, se produce mayor innovación y crecimiento económico (y con mejores salarios promedio esperados). De la misma manera, uno de los factores que explica la desigualdad salarial de género (además de estructuras de discriminación laboral reales y de la afectación de la maternidad en la vida salarial), es precisamente la baja participación de las mujeres en las áreas STEM.

En temas educativos y económicos, también resulta importante destacar algunos de los planteamientos del libro “Giving Kids a Fair Chance”, del Premio Nobel de economía James Heckman, en el que se concluye, entre otras cosas, que la calidad y duración de la educación inicial que reciben los niños (la que va de los 0 a los 18 meses y después hasta los 48 meses), tiene efectos específicos favorables, tanto en el desempeño académico de los grados superiores, como en el futuro desempeño en la vida profesional adulta.

La educación tiene un efecto fundamental en la vida económica de las personas y a su vez, los fenómenos económicos inciden en el presente y futuro de la educación. Hoy, la educación sigue siendo un factor fundamental para asegurar a nuestros hijos mejores oportunidades de crecimiento profesional, de bienestar económico y de felicidad futura.

Polarización política y expectativas y comportamiento de los consumidores

“Espera todo, para que nada sea inesperado”.

Norton Juster, académico estadounidense, arquitecto y escritor.

Recientemente, en México, enfrentamos el problema de analizar encuestas y datos que reflejan, por un lado, las visiones políticas y económicas de las personas, sus filias y fobias respecto de los temas de la agenda pública, sus expectativas económicas y, por el otro, su comportamiento económico real y específico como consumidores.

En teoría, debería existir consistencia entre lo que creemos, lo que esperamos y cómo actuamos; pero rara vez ello es así y, en entornos volátiles y polarizados como los que vivimos, la inconsistencia se hace más evidente.

Cuando escuchamos las opiniones de muchas personas, en los meses previos a la elección presidencial del año pasado, o en los meses después de la elección y ahora en los primeros meses de gobierno, viendo cómo estás se expresan en encuestas formales (como lo que refleja la confianza de los consumidores) o de manera informal, por ejemplo en rede sociales o espacios de opinión, y las contrastamos con el comportamiento real de los grupos de consumidores, encontramos evidencia de estas contradicciones.

En Estados Unidos de acuerdo con el artículo “Partisan Bias, Economic Expectations, and Household Spending”, de Mian, Sufi y Khoshkhou, al analizar el comportamiento y las opiniones de las personas respecto del futuro económico de Estados Unidos se encontró que en el periodo preelectoral, cuando la sociedad anticipan un cambio ante una situación presente que consideraba negativa, las encuestas de confianza de los consumidores reflejaban una visión positiva del futuro.

Después de la elección, las personas cambiaron su percepción respecto del futuro económico, dependiendo de la cercanía o afinidad, no sólo con el gobierno que triunfó, sino con las expresiones puntuales que el nuevo gobierno manifestaba respecto del rumbo que pretendía imprimir a la economía.

De esta manera, en Estados Unidos se percibió que los votantes republicanos, después de la elección presidencial, tuvieron una visión sumamente favorable, en términos de confianza sobre futuro, mientras que los grupos demócratas abiertamente opositores el presidente Trump, tendieron a mostrar perspectivas mucho más pesimistas.

En el caso de México, el comportamiento ha sido similar. Las encuestas de confianza del consumidor mostraron una perspectiva de futuro sumamente optimista tanto en el período preelectoral como después de la elección. Para muchas personas, aún para aquellos que inicialmente no necesariamente tenían un apoyo declarado hacia el nuevo gobierno, la perspectiva de un cambio resultaba optimista ante una visión negativa de los años anteriores.

Sin embargo, esta postura de optimismo sobre el futuro que hoy todavía está presente en las encuestas de confianza de los consumidores empieza mostrar una reversión de la tendencia, en los tres primeros del año respecto de los últimos meses del año empieza, pero aún muy por arriba de los mismos meses del año anterior.

Pero los datos duros de consumo, no muestran necesariamente una traducción de ese optimismo en las decisiones de los consumidores.

Por un lado, las cifras que publica la Asociación Nacional de tiendas de autoservicio y departamentales, muestran una caída sistemática en las tasas de crecimiento de los indicadores de ventas mismas tiendas, en los últimos meses, incluyendo el año pasado. Y otros indicadores que típicamente sirven también para medir la visión real de futuro que tienen los consumidores, relacionados con la compra de bienes que generarán una obligación de pago para los siguientes años, por ejemplo, los automóviles, también muestran signos de contracción reciente.

La conducta real de los consumidores en sus decisiones de compra es muy importante porque de esas decisiones de consumo depende en gran medida el dinamismo de una economía que, como la mexicana, depende en una proporción importante de la actividad de consumo en el mercado interno.

De ahí la importancia de diferenciar la información y los indicadores que reflejan percepciones y perspectivas de futuro, contra los datos que reflejan la conducta real económica de las personas.

Al país le conviene que gradualmente, a través de consistencia en la señales el gobierno y de mensajes que contribuyan a la confianza de los inversionistas, las perspectivas y la conducta real de los consumidores estén alineadas, en beneficio del crecimiento económico futuro del país para que este se derrame a la mayoría de la población.

La falta de comprensión de los fenómenos económicos

“La investigación muestra que, si las personas hablan y escuchan a otras personas de ideas afines, se vuelven más dogmáticas, más unificadas y más extremas”.

Cass R. Sunstein, economista conductual

En entornos polarizados, resulta complejo para las personas analizar de manera adecuada la información que, en los distintos temas, por ejemplo los económicos y financieros, se les presentan y que tienen que tomar en consideración, tanto para formar una opinión, como para tomar decisiones específicas.

En el “How We Misunderstand Economics and Why it Matters”, de David Leiser, especialista en psicología económica, se trata de analizar por qué las personas malinterpretamos y comprendemos de manera incorrecta los fenómenos del entorno económico, lo que nos lleva a adoptar posturas que dificultan la formación de opiniones objetivas y fundamentadas y, consecuentemente, llevan la toma decisiones económicas y financieras equivocadas.

Para la mayoría de las personas, la comprensión de los fenómenos económicos negativos, particularmente aquellos que afectan su bienestar, frecuentemente se deriva de una visión en la que parecería existir una intencionalidad absoluta y voluntarista de actores que crean condiciones que afectan el bienestar. Y, de la misma manera, parecería que, por el contrario, la corrección de los fenómenos económicos negativos en un país puede llevarse a cabo a partir de buenas intenciones y de programas orientados a hacer “lo correcto”.

La historia económica muestra que, con frecuencia en medio de buenas intenciones, el desarrollo de programas o políticas económicas pueden conducir a condiciones negativas, cuando estas no toman en consideración las reglas básicas del comportamiento económico de las personas y de la economía nacional. Detrás de esas visiones frecuentemente existe una postura que menosprecia el efecto negativo que ciertas decisiones pueden tener en el desarrollo económico de un país o por lo menos se considera que dichos efectos potencialmente negativos pueden ser controlados y limitados a voluntad.

En el fenómeno de la inflación, por ejemplo, la mayoría de las personas no alcanzan a comprender integralmente cuáles son las causas que alimentan estos procesos y en muchas ocasiones lo reducen a decisiones específicas negativas de algunos agentes económicos que buscan beneficiarse incrementando los precios. Esta visión, simplista, desconoce el efecto que el déficit público o el gasto

descontrolado del gobierno pueden tener en la alteración de los mercados económicos y la generación de desequilibrios inflacionarios.

La historia económica de México por ejemplo, muestra como en períodos en los que el discurso de la política pública se centraba en el beneficio de las capas más desfavorecidas de la sociedad, la política económica terminó por generar efectos profundamente negativos que afectaron más, precisamente a los sectores que en el discurso se pretendía beneficiar.

Actualmente, la complejidad de la comprensión de los fenómenos económicos es mayor porque, a diferencia de hace algunas décadas, existe una interacción constante entre factores internos e internacionales que alimentan o cancelan las tendencias económicas, lo que hace sumamente complejo predecir movimientos en el corto plazo de la economía.

A ello se suma la confusión que se genera en el espacio de la discusión pública, cuando para muchos pareciera más importante justificar o validar las decisiones y menos entender los datos duros y la información puntual que valida o contradice una visión económica específica. En entornos polarizados, escuchamos aquello que ratifica y hace más dogmática nuestra postura y descalificamos lo que la contradice.

En el caso de nuestro país, la discusión de la economía nacional se vuelve más compleja cuando olvidamos que se trata de una economía dinámica, sumamente grande (entre las primeras 15 del mundo), con comportamientos sectoriales y regionales diferenciados y con profundos desequilibrios que, a veces por simplificación o por diagnósticos incompletos, nos llevan a pensar soluciones simplistas o a olvidar las enormes fortalezas que actualmente tiene.

Si bien resulta complejo entender todos los efectos e impactos que la economía y su comportamiento general tiene sobre la vida cotidiana de las familias, resulta importante que hagamos el esfuerzo por romper la simplificación de la discusión y tratemos de conocer distintas opiniones que, fundadas en datos verificables, ayuden a entender el presente y sobre todas las perspectivas futuras de la economía nacional, para tomar en lo individual y como sociedad las decisiones que, en medio de la incertidumbre, sea más factible que nos favorezcan.

Cómo modelan nuestras decisiones económicas los consejos de conocidos o de expertos

“La mayoría de las personas que solicitan el consejo de otros ya han resuelto actuar como les plazca”.

Gibran Khalil Gibran, poeta libanés.

La mayor parte del conocimiento que obtenemos las personas a lo largo de nuestra vida proviene de una combinación entre información adquirida mediante un proceso de aprendizaje y la experiencia.

En temas complejos, como lo son los económicos y financieros, ante la ausencia de conocimiento previo, típicamente se requiere o se acude al consejo de otros, para modelar las decisiones que tomamos.

Generalmente existen dos tipos de consejos: por un lado, está el consejo de expertos, a los cuales atribuimos un conocimiento superior sobre el tema que pretendemos decidir y, por el otro, está el consejo de nuestros “pares”, es decir, personas conocidas que creemos que se parecen a nosotros, por lo menos en algunas de las características relevantes para el tipo de decisión que enfrentamos.

En la investigación “How do learning ability, advice from experts and peers shape decisión making? de Läpplea y Barhamb se realizaronh diferentes experimentos para tratar de evaluar cómo toman decisiones las personas sujetas a la influencia, tanto de experiencia personal, como de consejos de conocidos y de expertos.

Una primera conclusión relevante de la investigación es que las personas aprenden fundamentalmente a partir de la realización directa de acciones y decisiones. Es decir, las personas aprenden más “haciendo”. Ello implica que las personas que actúan específicamente a partir únicamente de consejos, sin incorporar sus propios procesos en la decisión, tienden a aprender menos en la decisión y no les genera de manera relevante un factor de experiencia para tomar decisiones futuras. Ello es particularmente notorio en las personas que tienen mayor lentitud en sus procesos de aprendizaje.

En muchos casos, las personas tienden a tomar como válidos los consejos de pares, aún por encima de aquellos por proporcionados por personas que son vistos como expertos en los temas. Parecería como que la identificación de una persona, con la que creemos que compartimos ciertas características, nos hace creer más en su consejo, sin recapacitar acerca de que, si dicha persona se parece a nosotros, probablemente tenga las mismas carencias de información y de conocimiento necesarias para tomar una decisión económica óptima.

Las personas que tienden a aprender más rápido son menos proclives a tomar consejo, que aquellos que son más lentos en su proceso de aprendizaje. Sin embargo, en general, en todos los casos las personas toman en consideración menos de lo que debieran los consejos de los expertos.

Las conclusiones de la investigación son relevantes porque reflejan, en primer término, la dificultad que tenemos para entender que el consejo de un experto puede agregar valor a nuestras decisiones. También, porque muestra la tendencia a tomar decisiones a partir de consejos de personas que, en la mayoría de los casos, son igual de ignorantes que nosotros respecto de algún tema relevante (por ejemplo, los económicos o financieros). Y, por último, porque muestra la importancia que tiene el “hacer” en el proceso de aprendizaje.

Por ello es relevante que propiciemos que las personas, desde muy jóvenes, empiecen a involucrarse en las decisiones económicas y financieras que les atañen y que, apoyados por el consejo de expertos, puedan ir construyendo su propio criterio y proceso de decisión, lo que les garantice que en el futuro tengan una mayor probabilidad de tomar las decisiones económicas que más les convenga.

Cómo maximizar el efecto percibido de las vacaciones

“Mi vocación es mi vacación”.

Nick Cannon, rapero y comediante estadounidense.

Los periodos vacacionales son importantes para las personas en muchos sentidos. En primer lugar, porque representan un espacio de descanso o esparcimiento que rompe la rutina habitual de trabajo personal o, incluso, de convivencia familiar.

Importan también en un sentido financiero, porque representan momentos en los que, dependiendo de su adecuada planeación, pueden generarse presiones financieras o de endeudamiento para las familias.

En términos del efecto sobre la percepción o la conducta, un período vacacional afecta la percepción de bienestar y la condición física de las personas y, consecuentemente, su salud física y emocional; teniendo estas últimas condiciones efectos también financieros para las personas.

En el estudio “An investigation into the effects of vacations on the health status in male white-collar workers”, de Tarumi, Hagihara,y Morimoto, se demostró, por ejemplo, que el descanso vacacional está relacionado inversamente con ciertos factores de estrés psicológicos (incluso ajustado por las horas trabajadas y el tipo de empleo). Aunque también se mostró que la ausencia de periodos vacacionales genera un pequeño menor en la probabilidad de ciertas enfermedades.

También existen estudios que vinculan las vacaciones con el nivel de felicidad percibido de las personas. En la investigación titulada “Vacationers Happier, but Most not Happier After a Holiday”, de Nawijn, Marchand, Veenhoven y Vingerhoets, realizada con1500 personas en Holanda, se tuvo como resultado que las vacaciones generan un efecto de mayor felicidad, pero no después de las mismas, sino primordialmente en el período previo a que éstas se llevan a cabo. De acuerdo con el estudio, la anticipación y preparación de las vacaciones genera un estado de felicidad que no necesariamente se sostiene una vez concluidas las mismas. Parecería que produce más felicidad esperar la llegada de las vacaciones que las vacaciones en sí mismas.

Otro aspecto conductual importante en relación con las vacaciones se deriva de un planteamiento realizado por el Premio Nobel de economía Daniel Kahneman, que distingue la “percepción de experiencia” y la “percepción de recuerdo” de las personas. Cuando se trata de la percepción de experiencia, se refiere a la conducta y sentimientos que tienen las personas en el momento mismo (en este caso, durante sus vacaciones). Mientras que la “percepción de recuerdo” se refiere

a cómo en el futuro las mismas personas recuerdan la experiencia (en este caso el recuerdo de las vacaciones que tomaron). En este sentido, si queremos maximizar el efecto de bienestar que producen un periodo vocacional, lo más importante es que la percepción del recuerdo sea incluso más favorable que la que se tuvo durante las vacaciones mismas y una de las maneras de lograrlo es tratar de que la experiencia propia de la vacación presente el menor número posible de momentos negativos, porque estos tienden a ser recordados de manera más puntual en el futuro incluso que momentos favorables. Esto resulta particularmente complicado, cuando se trata de periodos vacacionales en los que, por ejemplo, en destinos turísticos, es muy probable encontrarse en momentos negativos, como largos periodos de espera o deficiencias en la atención a los turistas.

Parecería que hablar de las vacaciones no es un tema relacionado con la economía o las finanzas de las personas. Sin embargo, tanto en términos del gasto que representan (y de su impacto en el endeudamiento posterior), en la presión sobre los ingresos de las familias y en el efecto que las vacaciones tienen en nuestro bienestar (y en la prolongación de dicha percepción de dicho bienestar en el futuro), el impacto y efecto de las vacaciones es sumamente relevante.

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo de Mexicana de Becas. raul@martinezsolares.com.mx – síguelo en Twitter @martinezsolares