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Charly Pérez

Sin hacer un análisis profundo, porque ni soy analista, ni soy profundo, en el imaginario colectivo, en esa idea que todo mundo, por alguna razón, tiene en la cabeza, Manuel Bartlett es el orquestador del fraude electoral de las elecciones presidenciales de 1988. En aquel entonces, como secretario de gobernación “se le cayó el sistema”. Ese señor puso a Carlos Salinas de Gortari en la silla presidencial. Él fue fundamental para que la “mafia del poder” se adueñara de golpe y porrazo, de una vez por todas, de las riendas de este país. Es parte del equipo de los malos de malolandia. Tampoco voy a hablar de su amplio currículo, no es necesario.

Por el otro lado tenemos a nuestro (porque también es mío) presidente electo, ese que nos va a sacar del atolladero en el que estamos metidos, ese que va a sanar las heridas, que nos cuidará y nos apapachará, ese que, en un “tris” acabará con la corrupción y con el cáncer que aqueja a México. AMLO lleva años y felices días luchando contra el régimen opresor, lleva mucho tiempo atacándolo y jurando que va a acabar con todo aquello. Ahora, después de tanta lucha, le llegó la oportunidad, es su turno al bat, y todos estamos esperando el jonrón.

Agua y aceite ¿no? El presidente electo ha dicho que aquí se aplica el “borrón y cuenta nueva”. Total, si el Tlatoani ya lo perdonó, ¿por qué nosotros le tenemos que seguir guardando rencor? Lo hecho, hecho está, y ahora todos aquellos pecados le han sido perdonados, ¡demos gracias al señor, nuestro dios, es justo y necesario!

Así, Andrés Manuel se ha hecho súper brother de aquellos a quienes juró destruir, ¡qué pena!

Obituario: Gael, ¿y hasta ahorita te diste cuenta? De verdad que eres lento.

 

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