Advertencias: recesión (y crisis) a la vista

Por más que molesten a algunos políticos -y en especial a los de la llamada “Cuarta Transformación-, las opiniones y análisis de los expertos en economía y finanzas son importantes porque permiten corregir a tiempo cuando se lleva un rumbo equivocado.

El sexenio pasado por ejemplo, la expansión de la deuda pública fue muy acelerada y prendió focos amarillos entre analistas e inversores. Una vez que esas preocupaciones fueron atendidas (más tarde que temprano), se pudo detener y comenzar a revertir el creciente endeudamiento.

En particular los economistas independientes, tenemos mayor libertad para poder pronunciarnos de manera anticipada respecto a malas decisiones. Otros más, por sus compromisos comerciales, financieros, temor a equivocarse o hasta por meras simpatías, suelen pecar de excesiva cautela.

Tal es el caso de las grandes firmas calificadoras o bancos internacionales de inversión, cuyas advertencias deben ser vistas por los ciudadanos como la “última llamada” antes de una crisis.

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Esto se lo digo porque cada día con mayor frecuencia, leemos reportes y declaraciones de ejecutivos y funcionarios de compañías como Fitch, Moody’s, Goldman Sachs o JPMorgan, haciendo llamados al gobierno de México para evitar una degradación crediticia de la deuda soberana, que ya es cuestión de tiempo.

Una baja en la nota crediticia tendría efectos muy sensibles en la inflación, tasas de interés y el tipo de cambio que serían notables para todos.

La parte más delgada de la cuerda de la que penden las finanzas públicas mexicanas, tiene nombre y apellido: Petróleos Mexicanos (Pemex).

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Para decirlo claro: Pemex es la mayor amenaza a la estabilidad macroeconómica del país, y si bien es cierto que su quebrada situación no es asunto reciente, sí lo es que el gobierno actual lejos de mejorar las perspectivas de la empresa, las empeora.

Debido a esto, ayer un analista de Moody’s dijo hoy que si se continúa dando apoyo financiero a Pemex, la deuda del gobierno podría dispararse más de 5 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB) en los próximos años. Esto presionaría las finanzas públicas y volvería poco creíble el compromiso de López Obrador de mantener el déficit fiscal bajo control.

En este mismo sentido opina el banco de inversión JPMorgan, quien sugiere que se le otorgue un mucho mayor alivio fiscal a Pemex -incluso dando por hecho una baja en su calificación crediticia-, para mejorar sus perspectivas de mediano plazo, aumentando la inversión que le permita producir más.

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Por cierto, la producción de Pemex se sigue hundiendo. En enero, la “Empresa Productiva del Estado” tuvo una baja de 15 por ciento anual en la producción de petróleo y de 5.3 por ciento en la de gas natural.

Este escenario complicado mantiene el pesimismo entre 70 por ciento de los gestores de fondos encuestados por el Bank of America, que estiman que México podría perder la calificación de grado de inversión entre 2020 y 2021.

El grado de inversión es una nota que dan las calificadoras, que le dice a los grandes capitales que México es un país de relativo bajo riesgo para invertir. Y justo eso, miles de millones de dólares en inversión productiva es lo que necesitamos atraer para mejorar los pronósticos de crecimiento, que se han venido ajustando a la baja los últimos meses por la caída en la inversión, el consumo y el gasto del gobierno.

En suma, la prioridad debe estar en hacer lo posible por evitar una recesión o atenuar sus efectos, y atender las recomendaciones que a punto de ser demasiado tarde, nos están haciendo analistas nacionales e internacionales. ¿Estará el gobierno actual a la altura?

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