Todas las entradas de: Guillermo Barba

Inteligencia Financiera Global Economista de la Escuela Austríaca y periodista mexicano, autor del blog Inteligencia Financiera Global. Experto en mercados de oro y plata y comentarista de TV en Proyecto 40

El “caballo de Troya” del Cobro Digital (CoDi)

Ayer el subsecretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, anunció que con el propósito de impulsar la inclusión financiera y reducir el uso de efectivo, a partir del 1 de abril lanzarán tres pruebas piloto de la plataforma de cobros digitales “CoDi”, junto con los bancos y el sector privado en general.

Estas pruebas tardarán entre tres y cuatro meses. En una de ellas, van a seleccionar un programa de gobierno que será operado en alguna zona específica del país exclusivamente mediante la banca digital, y dirigido a los jóvenes, el grupo de edad más familiarizado con el uso de estas tecnologías en sus teléfonos inteligentes.

En un segundo programa se seleccionará una ciudad de 150 mil habitantes y se van a enfocar en la “cultura financiera” de esa localidad (cualquier cosa que ello signifique para la SHCP). En la tercera prueba seleccionarán una población pequeña donde no haya bancos, para introducir la banca digital.

En México el efectivo representa todavía hasta el 90 por ciento de las transacciones cotidianas.

El CoDi es una plataforma que se usa mediante una aplicación de celular o tablet, que permite realizar, sin costo para el usuario y el negocio receptor, pagos electrónicos de hasta 8 mil pesos, de manera inmediata a través de internet o de banca móvil, utilizando los famosos códigos QR y tecnologías NFC para pagos mediante proximidad. Se espera que para septiembre próximo ya esté operando en todo el país.

Ahora, ¿por qué se quiere minimizar el uso de efectivo? Por lo que nos dicen siempre: para “combatir” delitos como la evasión fiscal, el lavado de dinero, y además, para “contribuir” a la formalidad de la economía y a la bancarización de los mexicanos. Suena bien. Pero… es un señuelo.

En realidad, el CoDi no es más que la más reciente versión de un “caballo de Troya” que -en caso de masrificarse y/o de volverse en algún momento obligatorio- se convertiría en el arma perfecta, el sueño dorado del Estado policíaco.

En el mundo del dinero digital “oficial”, no hay transacción, por pequeña que sea, que goce de confidencialidad.

Si bien es cierto que hay criminales que cometen ilícitos y que usan el dinero en efectivo para eludir el ratreo, también lo es que castigar a la gran mayoría que lo utiliza para fines legales y legítimos, es por completo injusto.

Esto, sin mencionar que se viola de forma artera el derecho de los ciudadanos a elegir el medio de pago que más les convenga, su derecho a la privacidad y el principio de presunción de inocencia. Pagamos justos por pecadores.

La criminalización del efectivo no es algo nuevo, y recurrentemente vuelve a aparecer. No sorprende porque, con la cantidad de dinero que va a necesitarse para cumplir con los caprichos siempre crecientes de la 4T, el fisco lopezobradorista buscará sangrar hasta la mínima gota que les quede a los contribuyentes ya cautivos. Los mismos de siempre. Esa y no otra es la intención de fondo de impulsar el CoDi, con los riesgos adicionales ya comentados sobre el derecho a la privacidad.

¿Hay que opornerse entonces al CoDi? No, porque los sistemas per se no son el problema. Bienvenido todo aquello que le haga la vida más fácil a las personas, siempre y cuando sean libres de usarlo o no.

A lo que debemos oponernos es a la criminalización del dinero en efectivo y a la restricción arbitraria de las libertades de los usuarios.

Estos y solo estos, deben decidir cuál medio de pago utilizar según su preferencia, y los gobiernos, hacer su trabajo de castigar a quienes cometan delitos, pero sin pasar por encima de la mayoría de los ciudadanos que al ejercer sus libertades, no atentan contra los derechos de nadie.

Advertencias: recesión (y crisis) a la vista

Por más que molesten a algunos políticos -y en especial a los de la llamada “Cuarta Transformación-, las opiniones y análisis de los expertos en economía y finanzas son importantes porque permiten corregir a tiempo cuando se lleva un rumbo equivocado.

El sexenio pasado por ejemplo, la expansión de la deuda pública fue muy acelerada y prendió focos amarillos entre analistas e inversores. Una vez que esas preocupaciones fueron atendidas (más tarde que temprano), se pudo detener y comenzar a revertir el creciente endeudamiento.

En particular los economistas independientes, tenemos mayor libertad para poder pronunciarnos de manera anticipada respecto a malas decisiones. Otros más, por sus compromisos comerciales, financieros, temor a equivocarse o hasta por meras simpatías, suelen pecar de excesiva cautela.

Tal es el caso de las grandes firmas calificadoras o bancos internacionales de inversión, cuyas advertencias deben ser vistas por los ciudadanos como la “última llamada” antes de una crisis.

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Esto se lo digo porque cada día con mayor frecuencia, leemos reportes y declaraciones de ejecutivos y funcionarios de compañías como Fitch, Moody’s, Goldman Sachs o JPMorgan, haciendo llamados al gobierno de México para evitar una degradación crediticia de la deuda soberana, que ya es cuestión de tiempo.

Una baja en la nota crediticia tendría efectos muy sensibles en la inflación, tasas de interés y el tipo de cambio que serían notables para todos.

La parte más delgada de la cuerda de la que penden las finanzas públicas mexicanas, tiene nombre y apellido: Petróleos Mexicanos (Pemex).

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Para decirlo claro: Pemex es la mayor amenaza a la estabilidad macroeconómica del país, y si bien es cierto que su quebrada situación no es asunto reciente, sí lo es que el gobierno actual lejos de mejorar las perspectivas de la empresa, las empeora.

Debido a esto, ayer un analista de Moody’s dijo hoy que si se continúa dando apoyo financiero a Pemex, la deuda del gobierno podría dispararse más de 5 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB) en los próximos años. Esto presionaría las finanzas públicas y volvería poco creíble el compromiso de López Obrador de mantener el déficit fiscal bajo control.

En este mismo sentido opina el banco de inversión JPMorgan, quien sugiere que se le otorgue un mucho mayor alivio fiscal a Pemex -incluso dando por hecho una baja en su calificación crediticia-, para mejorar sus perspectivas de mediano plazo, aumentando la inversión que le permita producir más.

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Por cierto, la producción de Pemex se sigue hundiendo. En enero, la “Empresa Productiva del Estado” tuvo una baja de 15 por ciento anual en la producción de petróleo y de 5.3 por ciento en la de gas natural.

Este escenario complicado mantiene el pesimismo entre 70 por ciento de los gestores de fondos encuestados por el Bank of America, que estiman que México podría perder la calificación de grado de inversión entre 2020 y 2021.

El grado de inversión es una nota que dan las calificadoras, que le dice a los grandes capitales que México es un país de relativo bajo riesgo para invertir. Y justo eso, miles de millones de dólares en inversión productiva es lo que necesitamos atraer para mejorar los pronósticos de crecimiento, que se han venido ajustando a la baja los últimos meses por la caída en la inversión, el consumo y el gasto del gobierno.

En suma, la prioridad debe estar en hacer lo posible por evitar una recesión o atenuar sus efectos, y atender las recomendaciones que a punto de ser demasiado tarde, nos están haciendo analistas nacionales e internacionales. ¿Estará el gobierno actual a la altura?

Si Banxico deja su oro en Londres, podría perderlo

En fechas recientes las reservas de oro de Venezuela han acaparado los titulares, pero en realidad, el tema de la negación de la entrega de los lingotes por parte del Banco de Inglaterra (BoE, por sus siglas en inglés), lleva ya varios meses.

El gobierno de Nicolás Maduro intentó en noviembre pasado, retirar oro por un valor de 550 millones de dólares, para transportarlo de Londres a Caracas.

Según fuentes periodísticas, el BoE SE NEGÓ a hacer dicha entrega, primero, argumentando de forma absurda problemas de planeación de la logística, y luego, exigiendo al gobierno venezolano que explicara para qué quería usar esas reservas áureas.

Esto es absolutamente irregular, porque es como si a usted el banco le preguntara primero en qué se va a gastar su dinero para ver si le deja retirarlo de su cuenta. Es ridículo e inaceptable.

Pero la cosa no paró ahí. El 31 de diciembre, las reservas de oro venezolanas en Londres, más que se duplicaron a 31 toneladas, tras la liquidación de un adeudo del gobierno venezolano con el Deutsche Bank, con el que tenía empeñados esos lingotes. Es de suponer que Maduro hizo este pago para tener más oro y luego, volver a intentar retirarlo todo de una vez.

Para Maduro era importante que ese oro llegara a Venezuela, porque había venido usando el año pasado esas reservas para hacer trueque con Turquía de oro por alimentos. Con ello se le daba la vuelta a las sanciones financieras que Estados Unidos tiene impuestas sobre Venezuela.

Ya sin acceso al oro que tiene en Londres, y con la congelación de cuentas de la petrolera PDVSA que anunció el gobierno de Trump la semana pasada, se le acaban el dinero y el poder a Maduro.

Pero el punto grave sobre las reservas de oro aquí es: ¿por qué se negó el Banco de Inglaterra a entregar un oro que no es suyo? Si es porque no reconoce a Maduro como presidente, muy bien, pero entonces ¡que lo diga y no guarde silencio!

Además, recordemos que en noviembre no había ni siquiera un “presidente encargado” como lo es ahora Juan Guaidó. De manera que en los hechos, el BoE incumplió con una solicitud oficial de entrega de oro.

El gobierno del Reino Unido se ha lavado las manos, y descargado toda la responsabilidad en el BoE.

Es un hecho que el oro no se entregará al régimen de Maduro. Sin embargo, más allá de quién lo reconozca o no como presidente a estas alturas, el punto aquí es señalar la vulnerabilidad, el GRAN riesgo que significa para otros países el mantener sus barras de oro en el Banco de Inglaterra. Se arriesgan a que con la mano en la cintura, les digan que no.

De esta advertencia deben de tomar nota el Banco de México y la Comisión de Cambios (que preside la secretaría de Hacienda) -al ser quienes administran nuestras reservas-, pues ahora que el presidente López Obrador se ha puesto de facto y ante los ojos de la comunidad internacional del lado de Maduro, no vaya a ser que el oro de las reservas de nuestro país también nos lo quieran negar en algún momento.

No se olvide que 99 por ciento de las 120 toneladas de oro de las reservas de México, están también en el BoE.

Repatriar el oro aquí, es una exigencia que llevamos haciendo en esta columna por casi 7 años, y hoy más que nunca, es válida.

Banxico debería comprar MUCHO más oro -al menos duplicar lo que hoy se tiene-, y repatriar como mínimo la mitad a sus bóvedas en territorio nacional, como lo han hecho otros bancos centrales como el de Hungría, Países Bajos y Alemania. Esa sería una medida de inteligencia financiera que reforzaría la posición del peso y de nuestro país, y vaya que lo vamos a necesitar.

¿Por qué el FMI le recortó la expectativa de crecimiento a México?

El Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó esta semana, en el marco del Foro Económico Mundial de Davos, sus pronósticos de crecimiento económico mundial para este año y para 2020. Llama la atención porque es una baja adicional a la que hizo apenas en octubre pasado.

Para 2019 estima que el crecimiento del PIB global será de 3.5 por ciento, y de 3.6 por ciento el año que entra, es decir, 0.2 y 0.1 puntos porcentuales por debajo de las proyecciones previas. Son pequeñas fracciones pero que equivalen a miles de millones de dólares.

Para México también redujo su expectativa de crecimiento a 2.1 este año, y 2.2 por ciento el año próximo, como consecuencia de una menor inversión privada, debida a la incertidumbre por la llegada del nuevo gobierno.

Este pesimismo del FMI es alentado por la debilidad de la economía de Europa y la de algunos mercados emergentes, particularmente China.

Hizo también advertencias sobre riesgos adicionales que podrían deteriorar más adelante las expectativas de crecimiento, como la llamada “guerra comercial” entre Estados Unidos y China, y la falta de un acuero para la salida del Reino Unido, de la Unión Europea -el Brexit-.

No hay duda. Hay focos amarillos porque la economía mundial se está desacelerando más rápido de lo esperado y los riesgos siguen aumentando.

Ahora bien. Como ya le hemos explicado en este espacio, esto no quiere decir que una crisis y recesión sean inminentes. De hecho, lo más probable es que una caída de ese tipo se postergue, pues la Reserva Federal, banco central de Estados Unidos, ha dado muestras claras de estar cediendo al nerviosismo de los inversionistas y a la caída de las bolsas el año pasado, con lo que podría demorar el alza de tasas de interés. De cuatro alzas que en principio se esperaban para 2019, ahora se anticipan sólo dos.

El crecimiento económico tiende a desacelerarse cuando las tasas de interés suben porque el crédito se encarece. En cambio, si hay una moderación en el alza de tasas o de plano una suspensión de dicho ciclo alcista, la economía mundial y los mercados financieros podrían tener un rebote este año.

En Top Money Report, boletín financiero del que soy editor, estamos convencidos que una nueva crisis y recesión habrán de llegar, pero también estamos conscientes de que el desplome podría postergarse. Esto es una buena noticia por donde se le vea, pues nos da mayor tiempo para prepararnos -a personas, empresas y gobiernos- antes de la siguiente tormenta que podría llegar en 2020.

En este sentido, el FMI hace una recomendación a los gobiernos para contrarrestar los vientos en contra, con medidas que estimulen el crecimiento económico potencial, y así prepararse por si la desaceleración global continúa.

En primer lugar, hace un llamado a que se resuelvan las tensiones comerciales entre potencias, se propicie el crecimiento, pero se mantenga a su vez la disciplina fiscal.

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Esto último en el caso de México es crucial, pues con tantos compromisos y promesas que ha hecho el presidente López Obrador, la presión presupuestal va a aumentar. El secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, es hasta ahora el funcionario más centrado de todo el gabinete, pero algunos tenemos dudas de que pueda resistir los embates que recibirá tarde o temprano de sus compañeros de gabinete cuando exijan más recursos al presidente.

AMLO desestimó el recorte en la previsión de crecimiento del FMI y dijo que lo sorprenderán, pero quizá el sorprendido sea él, pues si cree que decisiones costosas para la economía como la de suspender el suministro de combustible a las entidades más productivas de México, van a ayudar, está muy equivocado.

México: “Bienvenido” al Socialismo

 

Escribo estas líneas con una profunda tristeza y preocupación: se están comenzando a cumplir los peores pronósticos que algunos hicimos respecto a lo que habría de venir con la llegada de López Obrador (AMLO) al poder.

 

El desabasto de combustible es la primera gran crisis económica del sexenio.

 

De nada sirve que las autoridades digan que “hay suficiente combustible” en Pemex, pues de este modo, quizá sea la empresa la que no tiene desabasto, pero los ciudadanos que están padeciendo la escasez en un número creciente de estados.

 

Y no. No se debe a las “compras de pánico” generadas por “una campaña en redes sociales” -como acusa la secretaria de Energía, Rocío Nahle-, sino al capricho de dejar de enviar combustible por ductos para distribuirlo mediante pipas y carros tanque que, además de mucho más caros, serán por completo insuficientes.

 

La secretaria Nahle dijo anoche en una entrevista radiofónica en el programa “Charros vs. Gángsters” de MVS Noticias, que “todos los piperos del país” ya están trabajando para Pemex distribuyendo combustible.

 

Si es así ya, entonces el problema se pondrá mucho más grave en cuestión de semanas, pues a pesar de que “todas” las pipas a nivel nacional ya estén trabajando, el desabasto sigue sin resolverse en Michoacán, Querétaro, Jalisco, Guanajuato, Querétaro y otras entidades.

 

Si a esto sumamos ahora la Ciudad de México, muy pronto la crisis de falta de gasolina se volverá un problema NACIONAL. Así parece que será… y peor.

 

Hoy miércoles el presidente en su conferencia matutina, AMLO ha insistido que no abrirán los ductos mientras siga habiendo “huachicol” (combustible robado).

 

Bien. Esta noticia lo que anticipa es que -si AMLO en efecto se obstina en esa decisión-, el desabasto será una constante durante AÑOS.

 

Es un grave error suponer que las actuales medidas “acabarán” con el robo de gasolina, diésel y gas.

 

No se sabe que haya caído un solo responsable de los huachicoleros “de adentro” o “de afuera” de Petróleos Mexicanos. Tampoco se ha anunciado ninguna estrategia o campaña masiva para clausurar tomas clandestinas.

 

Es decir: AMLO ni siquiera tiene en la cabeza resolver el problema del robo en los ductos, sino que en su opinión -equivocada-, lo mejor es utilizar un “nuevo” (arcaico) sistema de distribución que dejó de utilizarse hace décadas por ineficiente, lento y costoso.

 

Mientras esta sea la situación, los ciudadanos seguiremos injustamente pagando por una crisis que no nos corresponde padecer, y los criminales huachicoleros, seguirán haciendo de las suyas ahora asaltando pipas y expandiendo sus actividades ilícitas.

 

El diagnóstico de ausencia de un Estado de derecho en plena vigencia, es más que conocido. Ese es el problema de fondo en nuestro país: la impunidad.

 

El gobierno NO debería estarse dedicando a ver cómo distribuye “mejor” (según la simple opinión del presidente) la gasolina, sino a garantizar la seguridad de los habitantes, la integridad de sus bienes y el cumplimiento de los contratos.

 

Nada de eso está haciendo. ¡Todo lo contrario!

 

La autoridad está siendo la primera en incumplir los contratos -ahí está el caso del NAIM, por ejemplo-, se hace de la “vista gorda” con la corrupción de los gobiernos anteriores, no va tras los delincuentes que roban gasolina, hará oficial la estrategia fallida de militarización del país y la elevará a rango constitucional.

 

En tanto, en materia económica, AMLO planea cada día decidir sobre más asuntos económicos. Por ejemplo, sobre qué, cómo y cuánto se puede o debe importar; sobre el “adecuado” nivel de salario mínimo, sobre si hay “abuso” en las ganancias empresariales de los gasolineros y otras industrias, etc. No se puede desarrollar ningún país así, y en cambio, sí se le conduce al abismo.

 

“Bienvenidos” pues, al socialismo. Donde los gobernantes deciden por los ciudadanos qué es “lo mejor”, lo que “más les conviene”, en vez de que sean los individuos libres los que decían por ellos mismos, respetando los derechos de los demás.

 

El invierno nos alcanzó.

Cómo ahorrar e invertir en el Guadalupe-Reyes

Acabamos de empezar el llamado maratón Guadalupe- Reyes, que para muchos comercios es el de mayores ventas en el año, y con razón. A los trabajadores formales, por ley, les llega su aguinaldo antes del 20 de diciembre. Desde la creación de El Buen Fin, fin de semana largo de noviembre con “las mejores ofertas del año”, a algunos burócratas y empleados privados les adelantan todo o parte de ese aguinaldo.

 

La gran pregunta que muchos se hacen es: ¿qué debo hacer con ese ingreso extra? Los usos más comunes son: para pagar la cena de navidad, comprar regalos, abonar o salir de deudas y para ahorrar/invertir.

 

Es muy importante no excederse en los gastos desde noviembre y diciembre, pues la llamada “cuesta de enero” se evita así: si te administras bien y no te excedes en los meses previos, no tienes por qué andar “tronándote los dedos”, endeudándote o empeñando tus pertenencias después.

 

El primer tip para llevar el control de gastos es tener por escrito, cuando menos en papel o en una hoja de cálculo -concepto por concepto-, la suma de todos tus ingresos del mes en una columna, mientras en otra, pones el desglose de tus gastos fijos (los que no puedes evitar), y los adicionales -como los regalos y la cena navideña o de año nuevo-.

 

Con que hagas esto estarás elaborando un sencillo presupuesto que, por desgracia, la mayoría no hace, y con ello, se pierde la oportunidad de tener control sobre sus finanzas personales.

 

Si desde ese presupuesto te salen números rojos, o sea, tus gastos son mayores que los ingresos, ¡cuidado! Hay que aplicar la tijera y ver qué podemos recortar.

 

Si estás en números negros, es decir, si tu presupuesto está equilibrado, o si te sobra parte de tu ingreso, ya puedes ahorrar para invertir, ¡excelente! No te va a pesar la cuesta de enero gracias a que fuiste responsable y previsor con tus finanzas. Claro, esto también es válido para todos los meses.

 

El porcentaje mínimo que recomiendo como ahorro, ganes lo que ganes, es del 10 por ciento. O sea, que después de descontar tus gastos, el dinero que te quede debería ser del 10 por ciento no sólo de tu sueldo (si eres empleado), sino de todos tus ingresos.

 

A propósito, parte del no excederse está en ser mesurado con el uso de la tarjeta de crédito. Para algunos están satanizadas, pero la realidad es que es importante tener una, como mínimo, por las ventajas que ofrece y el buen historial que te permite construir si eres cumplido. Esto te permitirá acceder a créditos más grandes e importantes en el futuro, como préstamos para auto o casa.

 

Las tarjetas no compran solas, así que el problema no son ellas, sino los malos hábitos de consumo de uno mismo.

 

Ahora bien: ¿Cómo puedes mejorar tus ingresos? Es más fácil decir que hacer, pero debe hacerse. Si quieres mejorar tu nivel de vida, necesitas más ingresos. No hay más. Para conseguirlos debes analizar todas tus opciones y poner manos a la obra.

 

Puede ser que ya sea hora de buscar un nuevo empleo, de iniciar un negocio de medio tiempo o tiempo completo, expandir tu empresa, invertir más en publicidad, etc. Las opciones son muchas y sólo hay que empezar.

 

No se puede mejorar el nivel de vida recortando gastos. Recuerda que la clave es ganar más.

 

Una vez que se tiene algo de ahorro, el siguiente paso es invertirlo. Dejarlo “debajo del colchón” o en la alcancía, es una pésima idea.

 

Los cetes y las afores tampoco son una buena opción, simplemente -en el mejor de los casos-, serán una alternativa menos perdedora.

 

En otra entrega abundaremos sobre el tema financiero, pero quien esté interesado en adelantar, puede suscribirse gratis a nuestro boletín de inversiones Top Money Report (http://bit.ly/2HGJnJ9) .

Un respiro para la bolsa y el peso, antes de lo peor

Ya se ha comentado que esta semana se vivió un “lunes negro” para la Bolsa Mexicana de Valores, que cayó 4.2 por ciento, y para el peso, que bajó a mínimos frente al dólar no vistos desde mediados de junio pasado. El billete verde se vendió hasta en los 21 pesos en bancos.

Con la intención de dar tranquilidad a los inversionistas, el próximo secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, salió el ,martes por la tarde a dar un mensaje y a aclarar que se van a cumplir las metas de disciplina fiscal en el próximo Paquete Económico 2019, que se entregará antes de la fecha límite del 15 de diciembre.

De paso, Urzúa dijo que el gobierno entrante no respaldará la propuesta legislativa del Partido del Trabajo para que desaparezcan las afores y sea el Estado el que vuelva a administrar los recursos para el retiro de los trabajadores. Buenas señales.

Insistió en que tampoco se utilizarán las reservas internacionales para financiar al gobierno.

Anunció además que Gerardo Esquivel será propuesto por el presidente López Obrador como próximo subgobernador de Banxico, para sustituir a Manuel Ramos Francia, quien dejará el cargo por motivos de salud. Este nombramiento no fue tan bien recibido porque Esquivel es un leal de AMLO, y está a favor de propuestas económicas populares, pero poco ortodoxas, como la de disparar el salario mínimo.

Preocupa entonces que la autonomía y objetivos del banco central pudieran verse comprometidos.

Como quiera, en general los indicios que dio Urzúa fueron vistos como positivos, y avanzan en la dirección correcta de dar certeza a los mercados financieros, condición indispensable para que México atraiga inversión productiva, haya crecimiento económico, y para que no veamos estos desplomes en los mercados que sí nos afectan a todos.

Por eso sería muy bueno que de esta misma manera actuaran todos los legisladores y grupos parlamentarios en ambas cámaras del Congreso.

Sí, es un poder autónomo como afirma el senador Ricardo Monreal, pero forma parte de la mayoría, compromete a los legisladores de Morena y sus aliados, a ser más responsables a la hora de presentar sus propuestas.

No es lo mismo ser miembro de una oposición minoritaria a la que le costaría mucho trabajo sacar adelante una iniciativa, que ser integrante de una mayoría que sí puede cambiar las cosas de modo más fácil y rápido. Es por eso que una estridencia como la de

prohibir las comisiones bancarias o prohibir la explotación minera, tiene un impacto inmediato en pérdidas para muchas empresas.

Mucho ayudaría entonces que antes de dar un paso en falso que tumbe innecesariamente a los mercados, los miembros del Congreso consensuaran sus propuestas legislativas con el equipo económico del presidente López Obrador.

Los desplomes de la bolsa y el peso SÍ nos pegan a todos, tengamos o no invertido ahí, como ya se refleja, por ejemplo, en las multimillonarias minusvalías que han sufrido los recursos administrados por las afores, y en el alza de las tasas de interés, que encarece los préstamos en el país.

Mientras tanto, esta semana en EU, el presidente de la Fed, Jerome Powell, ha hecho un guiño a la posibilidad de poner en pausa el ritmo en el alza de tasas de interés en ese país.

Gracias a esto, siempre y cuando AMLO no haga anuncios fuera de lugar en su toma de posesión, y el Paquete Económico 2019 cumpla con ser responsable, podríamos ver un alivio durante diciembre en la bolsa, las tasas de interés y el peso.

Este será, no obstante, un último respiro antes de la tormenta. AMLO no va a dejar de ser AMLO: tenga la seguridad de que va a ir por empresas inviables como la de construir refinerías, derrochar en una masiva “reforestación”, construir el Tren Maya y un aeropuerto en Santa Lucía, etc., que comprometerán la sustentabilidad de las finanzas públicas.

A los fanáticos se les puede engañar, pero a los inversionistas, no. De este modo, la tendencia mayor de los mercados en México seguirá siendo a la baja, y antes que mejorar, el desplome podría acelerarse disparado por alguna circunstancia, como la baja en la nota de alguna calificadora o una crisis externa, sobre la que no tendremos ningún tipo de control.

Los mercados le dan la espalda a AMLO

La semana pasada dijimos que el tipo de cambio se había visto presionado por diferentes razones, tanto externas como internas. La más importante había sido el nerviosismo por el resultado de la consulta sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México(NAIM).

 

El viernes pasado el precio del dólar cerró en 19.36, pero el domingo en la noche, con los mercados ya abiertos en Asia, el peso comenzó a depreciarse tan pronto como se comenzaron a dar los resultados de la consulta a las 22:00 hrs.

 

La caída se prolongó el lunes, tras la confirmación en conferencia de prensa de que el presidente electo apoyaría la decisión de cancelar el proyecto del NAIM de Texcoco. Mientras AMLO hablaba, el dólar escalaba.

 

Pese a que él y su equipo se cansaron de repetir que “no pasaría” nada, pues según ellos los contratistas no sufrirían pérdidas y se les “respetarían” los contratos en una nueva ubicación, los mercados financieros se encargaron de darle su primera bofetada. Si el presidente electo creyó que los afectados se limitarían a los contratistas y sus empleados, estaba muy equivocado.

 

Después de su conferencia de prensa, el tipo de cambio se disparó hacia la resistencia de los 20.10 pesos, luego corrigió a la baja, y ayer martes alcanzó un máximo de 20.14 pesos, nivel no visto desde principios de julio. Al cierre de este artículo la cotización sigue por encima de las 20 unidades.

 

Pero, ¿por qué es importante seguir el precio de la divisa estadounidense? Porque nos sirve como indicador del sentimiento de los grandes inversores mayoristas en un momento dado: cuando una decisión no les gusta o los pone nerviosos, deciden cambiar pesos por dólares, y con este aumento de la demanda sube el precio. El salto suele ser momentáneo, pero marca tendencia con el paso del tiempo

 

El dólar sigue siendo considerado por el público internacional como un refugio seguro contra la volatilidad, el nerviosismo y las crisis.

 

Por eso el peso tuvo su peor día desde el día siguiente al triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de noviembre de 2016, pues para molestia de AMLO, los inversionistas le dieron en vivo, y ante los ojos de todo el mundo, un voto de desconfianza.

 

Hay además otros mercados que también sirven de indicador, como la Bolsa Mexicana de Valores, que cayó el lunes más de cuatro por ciento, y ayer extendió sus pérdidas, aunque de manera moderada.

 

Así como cambian el peso por el dólar, los inversores también liquidan posiciones bursátiles para buscar protección en otras clases de activos de menor riesgo.

 

¿Qué les preocupa a los inversionistas nacionales y extranjeros? Que mediante consultas o por decisión presidencial, se pueda incumplir con la mano en la cintura, contratos ya firmados en otros sectores como el sector energético y el minero, lo que crea incertidumbre y desincentiva la atracción de inversiones cuando más las necesitamos.

 

Es ese el punto más relevante y preocupante, incluso más que la propia cancelación del NAIM: cuando se pierde la confianza de quienes arriesgan su capital al invertir, los costos se disparan no sólo para el gobierno, sino para toda la economía.

 

No olvidemos que venimos de un proceso de dos años de negociaciones del TLCAN (ahora T-MEC), que detuvieron y pospusieron miles de millones de dólares en inversión. Ahora una vez que se ha llegado a acuerdos en materia comercial, se presenta innecesariamente un nuevo factor de incertidumbre y desconfianza creada por un gobierno que ni siquiera está en funciones.

 

Los efectos de esta pérdida de confianza YA se están haciendo sentir y se mantendrán durante años: al alza del dólar seguirán mayores presiones en la inflación y en todas las tasas de interés.

 

No es casualidad el disparo que se ha visto en los rendimientos de los bonos mexicanos -incluidos los del NAIM y Pemex-, como consecuencia de su pérdida de valor.

 

Tipos más elevados implica también que el gobierno pagará más caro el servicio de su deuda, pagará más intereses por los créditos que vaya a contratar para otros grandes proyectos como las (inviables) refinerías o el Tren Maya, y que la población en general verá cómo los préstamos de vivienda, autos, personales y de tarjeta de crédito se vuelven más difíciles de contratar y pagar.

 

Las críticas que han llovido sobre AMLO lo hicieron intentar calmar las aguas con un video subido ayer a Twitter, en el que -ironías de la vida- afirma que “hubo un desplazamiento en el peso, no una devaluación.” Fallido intento.

 

La decisión de cancelar Texcoco es tan grave, que deben hacerse todos los intentos este mes de noviembre, para que logre salvarse. La cura para una mala decisión, es tomar una buena, no hacer como que la mala no importa.

 

En este sentido, el secretario de Turismo, Enrique De la Madrid, ha puesto en la mesa la propuesta de que empresarios privados compren el resto de la construcción del NAIM al gobierno. Sin costo para el erario público, AMLO ya no tendría pretexto alguno para echarlo abajo.

 

Revivir al NAIM traería beneficios instantáneos, como una mayor estabilidad al tipo de cambio, mejoras en las perspectivas de crecimiento (que se han deteriorado de golpe), mayor inversión al país, y con ello, menores presiones sobre la inflación y las tasas de interés.

 

En este espacio la realidad es que no estamos optimistas, pero ojalá nos equivoquemos. Si el presidente electo insiste en enfrentarse con los inversionistas, las bofetadas que hoy le dan pasarán a convertirse en severos golpes.

 

Quienquiera que se les enfrente está condenado a perder, y si se empeña en desafiarlos, son los ciudadanos los que terminan pagando todos los platos rotos.

 

AMLO debe hacer a un lado la soberbia de su triunfo electoral. Si no lo hace, el colapso económico que muchos tememos, llegará más temprano que tarde.

Hungría hace compra masiva de Oro, ¿Para qué se prepara?

 

Ayer el Banco Nacional de Hungría (BNH), banco central de ese país europeo, anunció mediante un comunicado que durante la primera quincena de octubre realizó una histórica compra de reservas de oro, que además, ha repatriado de manera inmediata. Con esta adquisición récord, el BNH pasó de tener sólo 3.1 a 31.5 toneladas (t).

Esta es la primera compra de oro de esa autoridad monetaria -que no pertenece a la Zona Euro- desde 1986.

Sobre su comunicado, llama bastante la atención leer un tono tan favorable al rey de los metales, si consideramos que se trata de un banco central. El BNH afirma por ejemplo que: “En consonancia con el papel histórico del oro, sigue siendo uno de los instrumentos más seguros del mundo, e incluso en condiciones normales de mercado, proporciona una función de estabilidad y fomento de la confianza.” Cierto.

Agrega que “El papel de las reservas de oro en la nación y en la estrategia económica de la nación, se está apreciando cada vez más, mientras que la posesión y el aumento de las tenencias de metales preciosos de las naciones parecen ser tendencias internacionales decisivas.” ¡Tienen razón!

No olvidemos que China, la potencia naciente, es ya el principal consumidor de oro del mundo. Beijing sabe que para consolidar en el largo plazo al yuan como moneda internacional de reserva, necesita dar muchos pasos, y el primero de ellos pasa por una sólida y grande reserva de lingotes. Los chinos se preparan para la inevitable reforma monetaria que habrá de llegar, en la que el dólar estadounidense perderá su hegemonía.

De forma oficial, la China continental cuenta con 1,842.6 t de oro en reservas (lo que la coloca en el lugar siete del “Top Ten”), pero se sospecha con buenas bases que ocultan por razones estratégicas otra parte, con la que sumarían más de 3 mil t en total.

Ahora bien, ¿por qué es importante que dentro de las reservas internacionales, los países acumulen oro?

El propio banco central húngaro lo responde. Sostiene con acierto que tener reservas áureas dentro del país “apoya la estabilidad financiera y fortalece la confianza del mercado” en su moneda.

De hecho por esas mismas razones y para dar mayor diversificación a nuestras reservas, el Banco de México (Banxico) también realizó en 2011 y 2012, un par de históricas compras de oro por 100 y 20 toneladas, respectivamente.

La diferencia está en que Hungría compró los lingotes y los repatrió, mientras que las 120 toneladas de oro de Banxico siguen bajo resguardo a miles de kilómetros de aquí, en bóvedas del Banco de Inglaterra, en Londres.

Con la compra que le informo, los húngaros tienen ya el 4.4 por ciento del total de sus reservas internacionales, en oro, mientras que México tiene sólo alrededor del 2.6 por ciento. Esto es casi

nada para un país con una de las economías más importantes del orbe, con más de 120 millones de habitantes.

El oro está cotizando hoy cerca de los 1,230 dólares, unos 23 mil pesos la onza troy -más o menos-. Esto es un precio 36 por ciento más bajo que en 2011, cuando llegó a su máximo histórico por encima de los 1,920 USD por oz.

El metal precioso está entonces relativamente barato, por lo que sería muy bueno que Banxico imitara a su homólogo de Hungría, comprara más oro para darle mayor solidez al peso, y cuando menos la mitad de los lingotes se trajeran a territorio nacional, para no dejarlo, por razones estratégicas y de seguridad financiera, en manos extranjeras.

La llegada de un nuevo gobierno Federal parece un momento propicio para hacer un giro notable en esta equivocada política de dejar el oro fuera del país. ¿Se atreverá la Junta de Gobierno de Banxico de la mano de la Comisión de Cambios a dar este gran paso? Sería una buena decisión, en medio de muchas otras que se han anunciado por parte de AMLO, y que no lucen nada bien.

La Bancarrota (que viene)

 

A raíz de las declaraciones del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de que México es un país ‘en bancarrota’, algunas personas tienen una sincera duda sobre si México está o no en esa situación. Por otro lado quedan los fanáticos que creen a pie juntillas lo que declare su líder, sea lo que sea, y hasta lo defienden sin importar lo absurdo que sea.

Para ser justos, la realidad es que no es asunto de blanco o negro, sino que hay matices: nuestro país no ha alcanzado el nivel de desarrollo que debería, pero eso no quiere decir que no tengamos ni para pagar lo que debemos.

Partimos pues de ahí: México no está en la ruina.

Claro, es cierto que el crecimiento económico no ha sido el que todos quisiéramos. Banco de México por ejemplo, pronostica que la economía nacional crecerá entre 2 y 2.6 por ciento este año –en definitiva una tasa insuficiente-, con una inflación en niveles de entre 3.8 y 4.2 por ciento, un poco elevada.

Pero con tan sólo ver estos dos datos tenemos una señal de que NO hay una situación de crisis económica y menos aún de quiebra, como las que ya ha enfrentado nuestro país en el pasado, con recesiones que implicaron una fuerte caída del Producto Interno Bruto (PIB), disparo del desempleo, el tipo de cambio; y tasas de inflación anual de 2 o hasta 3 dígitos.

Pero además, los datos más actualizados del segundo trimestre de 2018, publicados por la Secretaría de Hacienda, reportan que se está cumpliendo con las metas de déficit de 2.5 por ciento del PIB, y que se tiene un superávit primario (lo correcto sería tener un verdadero equilibrio en vez de un ‘superávit primario’, que sigue siendo un déficit fiscal cuando se considera el servicio de la deuda, como debe ser).

Gracias a eso, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) –la medida más amplia de la deuda gubernamental-, que ascendió al mes de julio a más de 9 billones 995 mil millones de pesos, sigue siendo consistente con los techos de endeudamiento aprobados por el Congreso, y con el objetivo de que la deuda pública continúe una trayectoria descendente.

 

Por eso en la gráfica de arriba puede notar cómo el SHRFSP como porcentaje del PIB, que ‘explotó’ al alza durante los primeros cuatro años de Peña Nieto, ya comenzó a descender desde 2017, y se proyecta que mantenga esa tendencia bajista al cierre de este año.

Ahora, en la gráfica de abajo podemos ver el nivel de reservas internacionales del Banco de México (Banxico) desde diciembre de 2012, que si bien ya no tienen una tendencia alcista, se han estabilizado gracias a que ya no se interviene el mercado ‘quemando’ dólares para influir a la baja en el tipo de cambio (ahora se recurre a coberturas liquidables en pesos).

La cifra más reciente de reservas internacionales es de 173.5 mil millones de dólares.

Reitero: tan solo con estos sencillos datos, fáciles de verificar, cualquiera sin mayores conocimientos de finanzas o economía puede comprobar que el país no está en la quiebra. Somos solventes. Por eso no necesitamos ‘rescates’ del FMI, como Argentina y tampoco tenemos cerrado el acceso al crédito internacional –ni hemos caído en impago-, como Venezuela.

A pesar de lo anterior, la lección histórica es que las condiciones económicas se pueden deteriorar muy rápido si no se tiene un manejo responsable de las finanzas públicas.

Por eso preocupa que AMLO siga haciendo compromisos mutuamente excluyentes: por un lado reitera que no habrá déficit ni crecimiento de la deuda, mientras por otro insiste en que cumplirá todas sus promesas de campaña. Para esto último no hay presupuesto que alcance, y su equipo económico lo sabe de sobra.

AMLO a alguien le va a quedar mal: a los que le exigimos disciplina fiscal, o a quienes les prometió todo lo que querían escuchar. Si le queda mal a estos últimos, pagará un alto costo político junto a su partido, Morena, pero la economía seguirá saliendo adelante como hasta ahora. Si en cambio queda mal con las finanzas públicas, será sólo cuestión de tiempo para que ahora sí, entremos en bancarrota.