Yesica Flores -

 

Parece ser que es el mal moderno y estamos condenados a vivir en la postergación de las cosas, en la filosofía de “al rato lo hago”; después de todo, gracias al boom de las redes sociales, la conexión móvil y Wi-Fi, el uso de datos, en fin, muchas cosas propias de la era digital, ahora es muy fácil perderse entre muchas cosas entretenidas, sobre todo, aquellas que no importan.

 

Esta es la razón, por la cual, muchas empresas y el sector privado, han optado por bloquear a sus empleados desde la conexión en sus computadores, sitios de entretenimiento, pero, ¿esta es la solución a la procrastinación?, o meramente es una práctica obsoleta que hacen las empresas buscando de forma ilusoria el control; después de todo, ahora los empleados pueden conectarse al ocio, desde sus smartphones, mientras su confiado jefe, cree que está siendo totalmente productivo.

 

Acaso, ¿estamos condenados a la decidía, la postergación y el ocio laboral?

 

Creo que la respuesta es relativa, y ese relativismo dependerá siempre, del como una empresa, un empleador/jefe afronta este nuevo mal empresarial, la procrastinación; que no solo sucede en el trabajo y a cada momento de la vida, cuando debemos estudiar o tenemos alguna obligación, decidimos de forma consciente, dejarlo para “al rato”.

 

De hecho, procrastinamos tanto, que incluso dormir, termina siendo algo que se puede hacer después.

 

Pero, bien, a ciencia cierta, ¿qué es exactamente procrastinar?

La procrastinación es el postergar actividades importantes, para realizar actividades lúdicas o entretenidas de menor importancia; es decir, procrastinar es dejar de hacer un reporte laboral, para revisar rápido las actualizaciones de Facebook.

 

Parecería que no tiene nada de malo, pero especialistas en el área laboral estiman que el tiempo que se pierde procrastinando es tan importante, que en verdad afecta el desempeño de un empleado de manera considerable.

 

Y las actividades que reemplazan lo importante, son de cualquier tipo, desde tomar una foto del escritorio ordenado, lo cual ocupara tiempo de la persona ordenando el escritorio para tomar la foto y luego subirla a Instagram, y este es solo un ejemplo, de como todos, estamos siendo afectados por este nuevo síndrome en el que lo menos importante, ocupa nuestra atención.

 

Pero, sí, viene otro GRAN PERO, ¿por qué lo hacemos?, porque dejamos que nuestra mente se distraiga y se entrega con actividades superficiales que demeritan nuestro desempeño, ¿por qué?

 

Los especialistas en la mente, llevan este tema al campo científico, y afirman, que cada que decidimos postergar el trabajo para revisar Twitter, es una batalla que el sistema límbico ganó, y en la cual optamos por elegir una tarea placentera que a corto plazo nos dará satisfacción, sin importar preocuparnos por lo que sucederá después.

 

El gran problema que existe en dejar que el sistema límbico gane, es que, nos hacemos adictos a este sentimiento placentero a corto plazo; para ceder a nuestros impulsos químicos hasta que nos hacemos adictos a la procrastinación y todas nuestras decisiones serán afectadas por este sentimiento, por la postergación.

 

Finalmente será labor de cada organización, y por supuesto, cada persona, combatir la procrastinación y no dejar para mañana, lo que se pueda hacer hoy.

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