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Este texto está enfocado a los jóvenes como víctimas
de la violencia, pero en el Día del Niño hay que recordar
también que en 11 años han desaparecido 2 mil 788
bebés y niños de entre cero y 14 años

 

Imposible imaginar el sufrimiento padecido por los tres jóvenes jaliscienses que fueron asesinados por la crueldad de una batalla criminal a la que eran ajenos.

Imposible imaginar el dolor de sus padres, hermanos y familiares. La noticia del secuestro, la angustia continua y finalmente la información desoladora.

Deplorable, y ya no tan imposible porque hay antecedentes de hechos similares, es que dos jóvenes, tan jóvenes como las víctimas, se hayan encargado de disolver los cuerpos. Uno de ellos declaró que le pagaban por esta práctica tres mil pesos a la semana.

Ahora Omar “N” y Gerardo “N” tendrán que pagar por sus delitos, lo mismo que los otros implicados, los que interceptaron a los muchachos y los mataron y los que ordenaron tal vileza.

De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero de 2007 a enero de 2018 se reportaron 34 mil 268 desapariciones, de las cuales 9 mil 404 corresponden a jóvenes de entre 15 y 24 años, 27% de los casos, lo que equivale a decir que tres de cada 10 víctimas tenían ese rango de edad, en el infame momento de su desaparición.

Daniel Cunjama, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales (El Universal,Teresa Moreno, 25 de abril), acierta al destacar que la juventud se encuentra en un estado de vulnerabilidad, ante la violencia en México: en un porcentaje alto, son jóvenes quienes la ejecutan y jóvenes los que la padecen

“Es una violencia esencialmente joven, masculina, de clase media o baja, enfocada en delitos de alto impacto, sobre todo el homicidio doloso, y ubicada en territorios donde la delincuencia organizada tiene una gran actividad.” Alto riesgo ser joven en México: ser víctimas de la violencia, ser criminalizados, a veces en vida y a veces después, y ser reclutados por la delincuencia para obligarlos a hacer lo que jamás imaginaron.

Prácticamente todas las instituciones nacionales tienen algo que aportar en la atención y solución de esta situación inaceptable, la que hoy debe ser una prioridad para la candidata y los cuatro candidatos presidenciales, más allá de la condena y la condolencia.

Necesitamos saber qué se proponen hacer Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya, José Antonio Meade, Margarita Zavala y Jaime Rodríguez, para impedir que los jóvenes sigan siendo amenazados por estos graves y desgraciadamente reales riesgos. Hace falta que expongan la esencia de las políticas públicas y las líneas de acción que pondrían en marcha, así como el compromiso que asumen con las mujeres y los hombres jóvenes de México.

Me parece que un cambio de paradigma relevante es alejarnos del cliché que afirma que las víctimas inocentes tuvieron la mala fortuna de estar en el lugar y en el momento equivocado, lo que volvió a invocarse en el caso de los jóvenes de Jalisco.

Tiene razón Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional de Seguridad, cuando dice: No tiene por qué haber lugares equivocados.
No, no tiene por qué haber momentos ni lugares equivocados.
Impedirlo es una responsabilidad del Estado.

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