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Si nadie actúa, lo haremos nosotros. No somos simples jóvenes que se saltan las clases. Somos la vía para el cambio. Juntos somos imparables.

Greta Thunberg

Hay 108 millones de personas que necesitan asistencia humanitaria por el cambio climático.

Y si no actuamos, en 2050 serán 200 millones los afectados, según cifras del Informe 2017 de la Federación de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja.

Y para finales de siglo, si seguimos con la mayoritaria actitud destructiva, apática o contemplativa, el mundo presenciará un desastre.

El fin de siglo no está lejos: ya nacieron millones que lo vivirán. Pero aunque no fuera así, nuestro egoísmo no puede llevarnos a calcular si en lo personal sufriremos el cataclismo.

Ya fuimos muy irresponsables al creer que el progreso industrial, los métodos de producción masiva y la sociedad de lo desechable eran inocuos. Entonces quizá nos justificaba la ignorancia. Pero ya hace tiempo que lo sabemos: estamos propiciando el cambio climático.

Eso significa un adelanto de una visión apocalíptica y probable: más nivel de calentamiento, mayores temperaturas medias, deshielo de los polos, aumento de los niveles del mar. Aliento a una dinámica de destrucción del medio ambiente, encadenamiento de una devastación inimaginable.

Todos contribuimos a la generación de gases de efecto invernadero. Algunos lo hacen a lo bárbaro: China aporta 30 por ciento, Estados Unidos 15, la Unión Europea 9, India 7, Rusia 5, Japón 4, y el resto de los países 30 por ciento.

Estados Unidos abandonó desde hace dos años el Acuerdo de París, orientado a la colaboración global para frenar el aumento de los gases invernadero y poner un alto al incremento de la temperatura en el mundo.

Por decisión de Donald Trump no sólo se evaporó el compromiso de nuestro vecino de reducir su emisión de gases en 28 por ciento para 2025, sino que obtuvimos a cambio la certeza de que el segundo país más contaminante del mundo oficializa su indiferencia, y, por lo tanto, valida, alardea y anuncia que dará libre marcha a su capacidad destructiva.

Por eso y por muchísimas razones más, el viernes pasado cuatro millones de personas, en su mayoría jóvenes, se manifestaron en más de 150 países para demandar responsabilidad y acción de los líderes del mundo.

Lo hicieron en la víspera de la Cumbre sobre la Acción Climática que se realizará hoy en Nueva York, en la que la ONU espera detallar acciones concretas para implementar el Acuerdo de París.

En la cumbre, 19 países presentarán nueve proyectos para contrarrestar desde muy diversos frentes el calentamiento global. Urge.

Los jóvenes lo dicen más claro: el viernes, adolescentes que se manifestaban en Washington portaban dos consignas rotundas: Una: “No hay planeta B”. Y otra: “Esto no puede esperar hasta que termine la secundaria”.

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