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“Las criaturas de aquella (esta) realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido (es) la insuficiencia de recursos para hacer creíble nuestra vida”

Gabriel García Márquez, al recibir el Nobel de Literatura

Las campañas por la Presidencia de la República coinciden en el diagnóstico, igual o semejante, al que tenemos también la inmensa mayoría de mexicanas y mexicanos.

En la apreciación convergente de lo que se debe resolver están: inseguridad, corrupción, impunidad, pobreza, desigualdad, insuficiente crecimiento económico y fallas del sistema de justicia, entre otros padecimientos. Como espejo del diagnóstico, López Obrador, Anaya y Meade ofrecen seguridad, justicia, igualdad, crecimiento económico…

Los pronunciamientos en contra de nuestras dolencias y dificultades se multiplican, como ocurre también con los enunciados para combatirlas.

Mientras tanto, hechos infortunadamente cotidianos martillean nuestro ánimo:

Asesinan a secuestrado y lo dejan en Viaducto. A un año de Valdez, matan a periodista en Tabasco; van 140 desde el año 2000. Narcotraficantes usan a Iztapalapa como su guarida. Consumo de drogas en niñas enciende alerta de especialistas. Sustraen hackers 400 millones de pesos de bancos. Crece en México venta de drogas online. Acelera 476% robo a trenes. El Tribunal Electoral dice que homicidios son una forma de quitar candidatos; ya suman 91 políticos asesinados. Afecta el crimen a 30 por ciento del agro. Los servicios forenses del país tienen registrados 27 mil cadáveres como desconocidos. Ninguna de estas líneas es producto de la imaginación, a manera de ejemplo. Cada una de ellas es real, como lo son otras de similar talante que usted ha leído o escuchado cualquier día de la semana, durante años. Dardos cotidianos en un escenario que nunca imaginamos.

Es esta narrativa lacerante la que parece estar lejos de los pronunciamientos de campaña, no porque esté ausente, pues en ocasiones uno u otro candidato alude a ella, sino porque una de las demandas más sentidas es saber qué y cómo se actuará frente a esta pesadilla que se empeña en perpetuarse.

La impresión, en consecuencia, es que, o no existe o no hemos podido identificar el antídoto para esta violencia que se expande y diversifica; y que la realidad nacional está rebasando los discursos por la derecha, por la izquierda y por el centro.

Coincidente el diagnóstico en temas torales, se extrañan proyectos de solución en muchos de ellos. Más aún, surgen divisiones sociales y polarizantes en tiempos en que la unidad es indispensable.

Es urgente dar un giro al tono y contenido de las campañas, para hacerlas empáticas con el dolor de México e identificarlas con una realidad que demanda nuestras mayores capacidades y una gran solidaridad social para promover la unión y proponer soluciones explícitas y viables. Los ganadores del proceso electoral debemos ser todos, pues este periodo nos ofrece la posibilidad de asumir nuestros desafíos y contrastar las vías que se propongan para superarlos. Si nutrimos de ideas y opciones específicas a la competencia política, el resultado será la claridad de rumbo y la unión nacional, imprescindible para reemprender el camino.

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