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“Nos hacemos sabios no por el recuerdo de nuestro pasado, sino por la responsabilidad de nuestro futuro”. George Bernard Shaw, dramaturgo y Premio Nobel de Literatura irlandés

Generalmente, cuando se trata de anticipar las posibles decisiones de las personas en relación con potenciales inversiones, se considera que la tasa de interés es un factor central de la decisión.

 

Sin embargo, distintas investigaciones han probado a lo largo el tiempo, que otros factores pueden determinar con mayor puntualidad las decisiones de inversión, con independencia de la tasa de interés que se espera obtener por mi inversión determinada.

 

Particularmente cuando se trata de decisiones de inversión que se toman como continuación de una inversión similar que pudo haber presentado ganancias o pérdidas, resulta fundamental entender qué factores pueden influenciar el comportamiento de las decisiones y propiciar comportamientos de inversión favorables o perjudiciales al interés financiero.

 

La investigación “Different investors–different decisions: On individual use of gain, los and interest rate information”, de Nichel Gonzalez, analiza cuál es el comportamiento posible de personas a las que se les presenta información sobre el desempeño de los últimos cinco años de una inversión, incluyendo si esta tuvo ganancias o pérdidas y cuál fue la tasa de rendimiento del periodo; así como información sobre el potencial desempeño futuro de esas inversiones para los siguientes cinco años, con pronósticos tanto de tasas de rendimiento potencial como de riesgo, para que las personas analizaran a la luz de información pasada y del potencial futuro, sus decisiones de inversión futura.

 

Del resultado del análisis se encontró que, a nivel grupal, la percepción de ganancias o pérdidas de la inversión en el pasado (sin importar el tamaño de las mismas) predice mejor las decisiones futuras, por encima de la tasa de interés esperada.

 

Sólo cuando hay variaciones significativas en las tasas de interés obtenidas en el pasado, estas influyen en una mayor orientación de inversión hacia el futuro. Las tasas de interés resultan poco significativas en las decisiones de inversión, cuando la percepción es que estas mismas inversiones presentaron pérdidas en el pasado, sin importar el tamaño de las pérdidas o el nivel de las tasas anteriores.

 

A nivel individual, la información y percepción sobre las ganancias y pérdidas del pasado tienen poca relevancia ante las decisiones futuras, si existe una gran diferencia respecto de las tasas de interés que se presentan como posible retorno futuro.

 

Dado que la mayoría de los inversionistas tienen una limitada capacidad para analizar las implicaciones de sus propias estrategias de inversión, la forma en la que analizan la información de productos financieros, puede sesgar sus decisiones y llevarlos a invertir en productos que no necesariamente satisfagan sus necesidades objetivas de riesgo y rendimiento.

 

Cotidianamente encontramos casos en que las personas (con independencia del comportamiento pasado de algunas inversiones o con una visión sumamente limitada en el desempeño muy reciente de las mismas), toman decisiones basadas exclusivamente en una expectativa de rendimiento futuro, aunque esta no necesariamente está soportada en información objetiva sobre el comportamiento esperado de ese activo financiero.

 

Frecuentemente, en escenarios como los descritos, las personas olvidan que uno de los principios básicos de la inversión es que, a mayor rendimiento ofrecido, corresponde necesariamente un mayor riesgo implícito a la inversión, porque un mayor retorno implica que se tiene que ofrecer un premio más grande sobre una tasa “libre” de riesgo.

 

Y este problema de comprensión, no solamente afecta a grandes inversionistas. Cotidianamente escuchamos casos en los que productos o servicios financieros (dirigidos incluso segmentos de menor capacidad económica), ofrecen retornos sumamente elevados sin evidenciar a los potenciales inversionistas que existe un riesgo importante asociado a estas inversiones.

 

De ahí la importancia de analizar puntualmente y, en caso de ser necesario, acceder a asesoría calificada, para tomar las decisiones adecuadas inversión, que permitan un mayor beneficio para nuestro patrimonio futuro.

 

 

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM, columnista en El Economista y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. director_general@mb.com.mx – síguelo en Twitter @martinezsolares

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