Archivo de la categoría: Raúl Martínez Solares

Nuestra vulnerabilidad ante esquemas de fraude financiero

“No seas tan abierto de mente que se te caiga el cerebro”.

G K. Chesterton escritor y periodista británico.

Históricamente hay mecanismos de defraudación financiera que, en gran medida, se aprovechan ciertos sesgos cognitivos y una conducta proclive a la búsqueda de ganancias aparentemente fáciles y elevadas para engañar a las personas.

Un ejemplo son las llamadas pirámides Ponzi, cuyo nombre viene de Carlo Ponzi, un emigrante italiano que defraudó a miles de personas en Estados Unidos promoviendo un producto aparentemente de grandes rendimientos (por supuesto ficticios), que se pagaron a los primeros participantes con el ahorro de las nuevas generaciones de participantes en la supuesta inversión, perdiendo así la mayoría de las personas su ahorro total.

Este tipo de esquemas, con mayor nivel de sofisticación, se han presentado incluso en la historia reciente. Experiencias como las inversiones de fondos Stanford o las que creó en Estados Unidos Bernie Madoff y más reciente en México, la financiera FICREA, utilizaron variantes de dicho esquema para defraudar miles de personas con la promesa de obtener ganancias elevadas.

En principio, para cualquier persona que tuviera un mínimo de conocimiento financiero, debería ser evidente que una promesa de rendimiento muy elevado necesariamente tiene aparejado un riesgo también elevado; así como que una supuesta garantía de rendimiento, expresamente prohibida bajo ciertos supuestos, debería ser una alerta suficiente para provocar la desconfianza e inhibir la participación en dichos esquemas de “inversión”. Sin embargo, la realidad es que son muchas las personas que son víctimas de este tipo de fraudes, perdiendo en muchos casos casi la totalidad de su patrimonio.

En el studio “Decision-making and vulnerability in a pyramid scheme fraud”, de Bosleya, Bellemareb, Umwalia, y York, se trató de analizar precisamente cuáles son algunos de los mecanismos que propician que las personas participen, por incredulidad o desconocimiento, en este tipo de esquemas.

Como recomendación de política pública, el estudio concluyó que la simple exposición a las personas con recordatorios respecto de la importancia de analizar las probabilidades de ganar o perder en cierto tipo de inversiones, disminuyó su propensión a participar en esquemas piramidales que, de entrada, proponían un rendimiento sumamente elevado. Sin embargo, este tipo de información solo resultó particularmente efectiva tratándose de personas que tuvieran educación

preparatoria o superior o que demostraron tener habilidades cognitivas superiores al promedio.

Lo anterior se explica, en parte, porque presumiblemente a mayores niveles de educación el conocimiento matemático que se recibe permite una más cabal comprensión de los temas probabilísticos, lo que nos permite evaluar mejor qué tan factible es que ocurra algo.

De la misma manera, las personas que, con independencia de su nivel educativo han logrado desarrollar mejores capacidades cognitivas, son menos proclives a caer bajo la presión de los sesgos de conducta que inducen a las personas a tomar decisiones menos analíticas ante la promesa de un premio considerable.

Con base en lo anterior se destaca la importancia fundamental de que las personas adquieran un conocimiento matemático básico desde muy tempranas etapas educativas, que les permita comprender mejor la información cuando se trata de decisiones financieras. De la misma manera, las conclusiones del estudio nos hablan de la importancia de desarrollar en los niños y los adultos jóvenes, las capacidades cognitivas que les permitan evaluar mejor la información, para tomar decisiones que impliquen una adecuada evaluación del riesgo y un mejor control de los sesgos de conducta que nos llevan a tomar decisiones de un elevado riesgo no cabalmente comprendido y, consecuentemente, a incurrir en prácticas financieras que provocan quebrantos patrimoniales.

Lo anterior no implica que solamente personas con educación básica toman malas decisiones. En los ejemplos que mencioné al inicio fue posible encontrar personas de alto nivel ingreso y con niveles estudios superiores que fueron seducidos la promesa de elevados rendimientos e influenciados por los sesgos de su conducta.

Evaluar mejor el riesgo de las decisiones financieras, con base en un mínimo de comprensión de la probabilidad de ocurrencia de los eventos que pueden provocar pérdidas o ganancias financieras, resulta fundamental si queremos construir de manera consistente y sólida un patrimonio que asegure el bienestar financiero de nuestras familias.

Factores que determinan nuestro comportamiento como consumidores de servicios financieros

“Sólo puedo controlar mi propio rendimiento. Si hago lo mejor que puedo, puedo sentirme bien al final del día”.

Michael Phelps, deportista olímpico más condecorado de la historia.

De acuerdo con los modelos económicos convencionales, las decisiones de consumo deberían partir de maximizar nuestro beneficio y ser en nuestro mejor interés. Pero cualquier compra, incluyendo la de productos o servicios financieros, tiene determinantes que inciden en la percepción y la decisión, generando efectos, no solo no óptimos, sino frecuentemente negativos.

Un ejemplo típico es la adquisición de una tarjeta de crédito. La variable fundamental de decisión debería ser la tasa de interés. A tarjetas similares, debería existir una inclinación para contratar aquellas con tasas de interés menores. Sin embargo, la evidencia experimental muestra que existen factores de diferente índole que hacen que la tasa de interés no sea considerada como relevante e incluso en ocasiones, ni siquiera es analizada, siendo otros factores más vinculados con percepción o recompensas de corto plazo, los que condicionan la decisión de contratarlas.

En México, por ejemplo, existen tarjetas cuya tasa de interés es cercana al 20 %, mientras que otras se encuentran en niveles superiores al 80 % de interés anual.

Entre los factores que pueden incidir en las decisiones de consumo financiero, algunas apuntan a temas de personalidad y de percepción, que condicionan la forma en la que tomamos dichas decisiones. En el artículo “Who Is in Control? The Role of Self-Perception, Knowledge, and Income in Explaining Consumer Financial Behavior”, de Perry y Morris, se analizó la relación entre las decisiones de consumo de productos financieros con variables como el nivel de conocimiento financiero, el ingreso y una característica psicológica denominada locus de control.

Para algunos, el conocimiento financiero se refiere simplemente a la cantidad y calidad del conocimiento que tenemos sobre variables financieras, como la tasa de interés, el efecto de la inflación y la capacidad para hacer cálculos financieros sencillos como porcentajes. Para otros, conocimiento financiero implica necesariamente tener una práctica financiera tal muestre la aplicación de dicho conocimiento.

Por lo que se refiere al concepto de locus de control, esto se refiere a la propensión a observar la influencia de los factores del entorno como causa de recompensa o

castigo. En el artículo se define a las personas con un locus de control Interno, como aquellas que esperan que sus acciones tengan resultados previsibles y por lo tanto son más orientadas a tomar acciones que determinen el curso de los acontecimientos de su vida futura.

Por el contrario, las personas con un locus de control Externo perciben los eventos de su entorno como fuera de su control, influenciados por factores como la suerte, el destino o el poder que terceros ejercen sobre distintos aspectos de su vida, lo que los lleva actuar como si sus acciones tuvieran poco efecto sobre su vida futura.

El estudio encontró qué las personas con un locus de control externo tienden a involucrarse menos en decisiones relacionadas con su comportamiento financiero, mientras que las personas con locus de control interno sí buscan tomar decisiones más productivas en ese sentido.

Los dos componentes que combinados pronostican el peor escenario en toma de decisiones financieras, es cuando se tiene simultáneamente un locus de control externo y un bajo nivel de conocimiento financiero.

Lo importante de esta conclusión es que ambas condiciones son reversibles. El conocimiento financiero puede mejorarse, existiendo hoy la posibilidad de acceder a cursos y mecanismos de información simplificada, que permitan tener los elementos básicos para tomar decisiones más informadas.

Simultáneamente, por lo que se refiere al cambio en la percepción relacionada con el locus de control, como muchas características psicológicas, éstas pueden ser desarrolladas y entrenadas. Pero ello exige que las personas asuman procesos sistemáticos de cambio de conducta, en este caso financiera, que gradualmente vaya generando hábitos positivos reforzando la percepción de que la acción individual provoca cambios en el futuro.

Evidentemente, son múltiples los factores que en la vida económica y financiera rebasan nuestra capacidad de influencia, pero de manera existen decisiones que de manera diaria y permanente pueden crear la diferencia entre un futuro de relativo bienestar y una vida de precariedad.

El efecto económico de la desconfianza institucional

“La desconfianza en el gobierno no es cinismo sin fundamento; Es realismo”.

Ben Shapiro, abogado y comentarista estadounidense.

Históricamente, existe una correlación entre el crecimiento económico y el nivel de confianza institucional que los habitantes de un país muestran; particularmente respecto de las instituciones gubernamentales.

Más que una causalidad directa, es decir, que la desconfianza genera un bajo crecimiento económico; lo que se ha evidenciado en distintos estudios es que la desconfianza típicamente es producto de una serie de factores que, a su vez, están asociados con condiciones que inhiben o limitan el crecimiento.

Un primer factor es la corrupción. Cuando la percepción ciudadana es que desde el gobierno se tiene una visión patrimonial de los recursos públicos y que estos son canalizados a enriquecer indebidamente a personajes de la esfera política; cuando se percibe que las decisiones gubernamentales están centradas en satisfacer intereses personales o de grupos específicos, sin importar su pertinencia; cuando se tienen la creencia y evidencia de que ha habido una mala administración de los recursos con acciones o decisiones ineficientes, destinadas a favorecer a algunos; entonces la percepción ciudadana es qué cualquier iniciativa de gobierno estará manchada por alguno de estos elementos y, por lo tanto, no es digna de confianza.

Visiones como esta, por ejemplo, están asociadas a altas tasas de evasión fiscal, bajo la premisa de que si los recursos públicos no son utilizados adecuadamente. es preferible que evadir las obligaciones fiscales.

Un segundo elemento presente en entornos de elevada desconfianza institucional es la debilidad del Estado derecho, que se traduce en una falta de consecuencias jurídicas para quien transgrede la ley, (desde lo público o desde lo privado), lo que a su vez genera el doble efecto de inhibir la inversión privada por desconfianza y de crear condiciones poco propicias para el desarrollo de las iniciativas que desde lo privado realmente se concretan. Una reglamentación excesiva e ineficiente, que permite altísimos grados de discrecionalidad de la autoridad, un incremento de la delincuencia y la criminalidad, al no existir la presión para aquellos que transgreden la ley, de una amenaza creíble de que serán detenidos y encarcelados, generan más presiones negativas sobre la actividad económica.

La experiencia internacional muestra que la manera más eficaz de combatir la corrupción es fortaleciendo las instituciones, particularmente aquellas responsables

de aplicar la ley y, de manera fundamental, dando certeza a la ciudadanía con información puntual y objetiva que permita ir construyendo la certidumbre de que las leyes se aplican y no están sujetas a la discrecionalidad de quienes detentan cargos públicos. La certidumbre en la actuación de las instituciones gubernamentales, que respetan las leyes y las reglas establecidas, así como los contratos y proyectos, vigilando estrictamente que estos sean apegados a derecho y al interés de la ciudadanía, son elementos fundamentales para crear condiciones de actividad económica que alimenten un crecimiento sostenido.

Todas las experiencias exitosas de combate a la corrupción que han permitido incrementar la confianza institucional y, de esta manera, han apoyado el crecimiento económico sostenido, han pasado por reformas de corto plazo y gran profundidad para fortalecer los mecanismos de interacción entre la esfera pública y los ciudadanos. Dichas experiencias han mostrado además que, las visiones típicas de que la corrupción está arraigada en valores a una cultura y que por lo tanto su erradicación es un proceso muy largo, son equivocadas.

Información dura, medible y objetiva en cualquier ámbito; leyes claras y cumplibles con mecanismos que garanticen el castigo a quienes no la cumplan y un gobierno que esté permanentemente sujeto al escrutinio de la ciudadanía, son fundamentales, y para esto último es crucial contar con medios de información críticos que, al margen de que el Estado pueda pensar que responden agendas particulares, señalen la información que debe ser investigada y acusen cuando esté en duda la actuación del gobierno para provocar investigaciones acuciosas e imparciales. Ello es fundamental para garantizar condiciones de combate a la corrupción y fortalecimiento del Estado de derecho que mejoren la vida de las personas y gradualmente contribuyan al crecimiento económico del país.

Cómo afecta la desaceleración económica y los periodos de recesión el empleo para los jóvenes

“El éxito es qué tan alto rebotas cuando tocas fondo”.

General George Patton.

En la actualidad encontramos análisis coincidentes de parte de analistas económicos, con base en cifras actuales verificables y objetivas, que pronostican una desaceleración económica significativa para el país y, en algunos casos, prevén incluso un periodo de recesión.

Factores del entorno internacional que propicien una desaceleración del comercio mundial, sumados a factores estructurales y de coyuntura en el país, hacen poco probable que podamos revertir la desaceleración de manera rápida. Las economías son como locomotoras, que cuesta mucho frenarlas y mucho acelerarlas.

En escenarios de bajo crecimiento y de una posible recesión, uno de los sectores que primordialmente resulta afectado es el del empleo y, de acuerdo con experiencias nacionales e internacionales recientes, específicamente el empleo de los jóvenes.

Yo concluí mis estudios universitarios precisamente cuando, después del periodo de crecimiento irresponsable del déficit público del presidente José López Portillo se dio uno de los periodos de recesión y contracción económica más severos que haya experimentado México, por lo que puedo hablar en primera persona de algunos de los efectos que estos fenómenos generan en el empleo.

Un primer efecto típico, documentado por ejemplo en el estudio “The Short-And Long-Term Career Effects of Graduating in a Recession: Hysteresis And Heterogeneity In The Market For College Graduates”, de Oreopoulos, Wachter y Heisz, es que los jóvenes que terminan sus estudios durante periodos de contracción económica, presentan un impacto inicial de perdida en sus ingresos que desaparece en periodos largos entre 8 y 10 años.

Un segundo efecto es el incremento del desempleo, incluso mayor que el de la población general. En Europa, con posterioridad a la crisis de 2009, el desempleo de jóvenes fue superior al promedio, llegando en países como España a niveles de 50%.

Adicionalmente, de acuerdo con el reporte “Changes in the Character of the Labor Market over the Business Cycle”, de Lisa Kahn, en casos de recesión, los trabajadores empleados en tareas rutinarias ven una depreciación de sus habilidades en términos de salarios y, el ciclo normal mediante el cual las personas

ascienden en la escala salarial de las empresas, al aumentar su experiencia, se ve frenado. Este estudio ratifica que los jóvenes que se emplean por primera vez en periodos de contracción económica presentan salarios en promedio 10% menores incluso varios años después.

También existe una afectación en la movilidad laboral, derivada del hecho de que los jóvenes tienen que aceptar empleos en empresas más pequeñas y más inestables, lo que provoca que en los siguientes años aumente su necesidad de movilizarse hacia otros puestos de trabajo.

Si bien después de los periodos de recesión, tiende a haber una recuperación de los niveles de empleo (como ocurrió en México con posterioridad a la recesión del 2009), típicamente los empleados recuperado son de menor nivel y calidad que los que se perdieron.

En suma, los momentos de desaceleración económica, aun los que provienen de bajos niveles de crecimiento como los que ha presentado México en las últimas décadas, generan afectaciones en los jóvenes que se incorporan al mercado laboral, que se mantienen por lo menos la primera década de su carrera profesional.

Por ello, ante un escenario actual de muy probable desaceleración y falta de crecimiento, es fundamental que los jóvenes universitarios adquieran conocimientos adicionales a los que adquieren en las universidades, que les permitan fortalecer sus capacidades, para ser así más competitivos en lo que seguramente será un complicado y competido mercado laboral.

Hasta dónde deben vigilarse las intervenciones conductuales en política pública

“La única máxima de un gobierno libre debería ser no confiar en ningún hombre que viva con poder para poner en peligro la libertad pública”.

John Adams, primer vicepresidente y segundo presidente de los Estados Unidos.

El día de hoy tuve la oportunidad de conversar con Lucia A. Reisch , destacada economista conductual, profesora Escuela de Negocios de Copenhague y especialista además en Investigación del consumidor y Política del consumidor.

Se trata de una prestigiada investigadora quien recientemente publicó, junto con Cass Sunstein, el libro “Trusting Nudges: Toward A Bill of Rights for Nudging”, en el cual abordan el tema de que tan invasivas y aceptadas pueden llegar a ser iniciativas que buscan utilizar mecanismos de economía conductual, particularmente las llamadas intervenciones conductuales, como mecanismos para dirigir la política pública, de forma tal que incidan en el comportamiento de las personas.

De acuerdo con sus investigaciones la visión imperante en la mayoría de los países investigados, entre los cuales se encuentra México, es que los ciudadanos tienen simultáneamente una visión favorable respecto de las políticas públicas que buscan mejorar a través intervenciones conductuales la conducta de los ciudadanos, cuando se trata de temas como el ahorro y en específico el ahorro para el retiro, pero tienden a ser más cautos o rechazan aquellas intervenciones en las que la política pública trata de incidir en temas que son más cercanos aspectos relacionados con la vida de las personas; por ejemplo, en temas como la salud (como por ejemplo la donación de órganos).

Implícito está el reconocimiento de que, a nivel mundial, es cada vez más frecuente el reconocimiento de que, comprendiendo cómo opera la conducta real de las personas respecto a temas tan diversos como la salud, las finanzas o la delincuencia, es posible buscar cambiar patrones de conducta, para provocar mejores decisiones y conductas que generen una mejora en las condiciones de vida de la sociedad y de las familias y, en muchos casos, un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles.

Sin embargo, existe un temor, fundado, de que dichas intervenciones conductuales pueden responder en algunos casos, a un intento de los gobiernos por dirigir la conducta y la percepción de la ciudadanía, hacia los temas reflejan más la agenda de los grupos políticos que detentan coyunturalmente el poder.

Conviene en este sentido recordar, que estas intervenciones conductuales se refieren específicamente a aquellos mecanismos que, comprendiendo y sobre todo utilizando los sesgos cognitivos y conductuales que tenemos las personas, tratan de dirigir la conducta de manera específica. Por ejemplo, en un sesgo que se conoce como de opción por default, las personas tendemos a optar con mayor frecuencia por la opción que se nos presenta de manera automática. Por ello, en materia de política de donación de órganos se ha reconocido que, en la mayoría de los países, la decisión de donación se establece a partir de una pregunta que requiere una afirmación expresa: “Si desea usted ser donador de órganos marque esta casilla”. Dado que no tachar la casilla implica que no se es donador, esa es la opción por default y la más frecuente. En algunos países a partir de este reconocimiento de sesgo conductual la pregunta es en sentido inverso, lo cual convierte en automático la opción por default el aceptar ser donador; “Si usted no desea ser parte del programa de donación de órganos, tache esta casilla”.

Está simple y muy básica diferencia provoca en algunos casos que la intención de donación de órganos pase del 15 a cerca del 80% de los casos.

En la plática, la profesora Reisch comentó que, cada vez más en el futuro, es fundamental que comprendamos los alcances reales que tienen las intervenciones conductuales y reconozcamos la necesidad de que éstas se vigilen reconociendo los derechos de los ciudadanos, para evitar que su conducta sea manipulada de una forma tal que no refleje genuinamente el beneficio de la población.

Reconocer como actuamos y no como se supone que deberías actuar las personas es fundamental para contar con políticas públicas que sean eficaces y que operen genuinamente en beneficio de la mayoría de la población.

Cuándo y por qué demandamos más información financiera

“Como regla general, el hombre más exitoso en la vida es el hombre que tiene la mejor información.”

Benjamin Disraeli, político, escritor y aristócrata británico

En principio, deberíamos suponer que todas las personas que cotidianamente tomamos decisiones financieras, tendríamos una permanente y constante búsqueda de información que permitiera que esas decisiones estuvieran fundadas y, consecuentemente, fueran de la mejor calidad posible; con el fin de optimizar el rendimiento de nuestros recursos y minimizar el riesgo asociado a su administración.

Sin embargo, es más que evidente que las personas, pero incluso muy frecuentemente las instituciones (al final de cuentas integradas por personas), no buscan información de manera permanente, lo que conduce a decisiones subóptimas, cuando no completamente inadecuadas.

Sobran los ejemplos recientes y antiguos, de momentos en los que de manera masiva se han tomado decisiones de inversión que terminan en una seria afectación patrimonial.

Hace algunos años, por ejemplo, personas físicas, pero incluso tesorerías de empresas y de entidades gubernamentales, invirtieron en vehículos operados por una empresa llamada Ficrea, que aparentemente ofrecía rendimientos “garantizado”, muy superiores no sólo a la inflación sino también al promedio vigente de las tasas de interés en ese momento.

En ese caso, la promesa de un retorno exorbitante inhibió el que los tomadores de decisión buscaran información adicional que les permitirá corroborar la validez y certidumbre de su inversión, lo que provocó severos quebrantos que, hasta la fecha, siguen afectando a cientos de personas y empresas.

Más recientemente, la burbuja que provocó la especulación en torno a las inversiones en Bitcoin llevó a miles de personas en el mundo a contratar inversiones de esta naturaleza, precisamente en momentos en que la especulación alimentó un crecimiento exorbitante del precio de esa criptomoneda, la cual posteriormente tuvo una estrepitosa caída generando un quebranto brutal para muchas de las personas que participaron en esa inversión, sin haberse allegado información puntual para tomar decisiones adecuadas al respecto.

De acuerdo con el estudio “Financial attention and the demand for information”, de Qadanay Zoua’bib, se encontró que la atención por información financiera tiene una correlación positiva con el nivel de incertidumbre y de negatividad que se refleja el sentimiento de los inversionistas. Ello implica que sólo cuando se trata de entornos económicos negativos, los inversionistas buscan allegarse más información, lo que podría eventualmente llevarlos a ser más cautos en sus decisiones de inversión.

El estudio utilizó como referencia las consultas a sitios de internet especializados en temas de información financiera, partiendo de la premisa de que muchas personas acuden estos mecanismos de información, incluso por encima del consejo de expertos.

Aun no siendo necesariamente mejores fuentes información, la posibilidad de contar a través de sitios de internet especializados con datos duros contrastables y verificables, que permitan conocer las bondades y sobre todo los riesgos de determinadas inversiones, resulta fundamental para que las decisiones de inversión tengan, por lo menos, riesgos conocidos y se eviten quebrantos financieros graves.

El sentimiento de los inversionistas es un tema que se puede medir de diversas formas y que típicamente está asociado a la percepción que las personas tienen respecto del entorno presente y, sobre todo futuro, en términos de expectativas de potencial crecimiento de sus inversiones.

En la actualidad, México enfrenta un entorno particularmente negativo, ante perspectivas, fundadas en datos verificables, que apuntan a que el crecimiento económico para este año probablemente sea incluso inferior al 0.5% , con expectativas de crecimiento mayor (pero también sumamente bajo) para el 2020.

Si atendemos a las conclusiones de este estudio, hoy debiera existir entre todas las personas que toman decisiones financieras (ya sea de mucho o poco volumen de recursos) una mayor inclinación para allegarse información dura, verificable y fundada, que les permita mejorar la calidad de sus decisiones.

En entornos inciertos ésa un más importante mejorar las decisiones para evitar que al entorno negativo, se suman los efectos individuales de decisiones que comprometa, en el bienestar financiero futuro.