Carlos Alberto Martínez -

A raíz del cambio de gobierno y la propuesta de un cambio a fondo, así como la llegada al poder del primer gobierno de izquierda a la Presidencia con una amplia mayoría en ambas cámaras, comenzó a incrementarse de manera sustancial la incertidumbre por el rumbo que tomaría nuestra economía.

Contrario a lo que ocurre en cualquier democracia, el triunfo inobjetable de un partido político y su coalición, con amplio respaldo de la ciudadanía, gran popularidad del candidato y un claro mandato popular por acabar con la corrupción e inseguridad, en México estas condiciones han abonado muy poco a la certidumbre económica, al menos en el corto plazo. El porqué ocurre esto podría contestarse al menos por dos razones.

La primera de ellas estriba en que en nuestra economía subyace una enorme conexión entre la empresa privada y el gobierno, que genera una insana dependencia de la primera con el segundo; en este sentido, la propuesta de un cambio profundo en las reglas del juego puede causar en el arranque, dificultades para materializar certidumbre económica.

La segunda razón pudiera encontrarse en el infundado temor por los gobiernos de izquierda al frente de una economía, lo cual no tiene fundamento, en tanto existe abundante evidencia en donde gobernantes con una mayor sensibilidad social llegan a tener considerable efectividad en el manejo de los fundamentales de la economía, cuando así se lo proponen.

En este sentido puede resultar conveniente el mencionar tres avances que nuestra economía está presentando dentro de estos primeros cinco meses de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

1. El pasado 26 de abril, con datos del Inegi, nuestro diario El Economista dio cuenta de cómo las políticas y planes tanto salariales como fiscales de este gobierno están detonando un mayor consumo en las regiones norte y sur del país contrario a la dinámica de crecimiento que se venía teniendo en las zonas de Occidente y el Bajío. No se trata de que dejen de crecer las zonas que ya se encuentran cerca del desarrollo como lo es Bajío, por el contrario. Es claro que en nuestro país existen zonas que crecen a tasas iguales o superiores a los países asiáticos a los cuales hay que seguir empujando, en tanto son fuente de buena parte del ingreso nacional y de los recursos con los que el gobierno apoya a otras zonas. No obstante, también es claro que hay amplias partes del territorio que se encuentran lejos de alcanzar el desarrollo deseado y que necesitan que se les voltee a ver para apoyarles sin el mayor regateo, pues los beneficios de la globalización y la integración comercial con Norteamérica no los han alcanzado todavía. Así las medidas de estímulo tanto fiscal como laboral estarían apoyando el comercio al menudeo en 5% en el norte del país y 1.7% en el sur-sureste, en donde el total nacional fue de 1.3% en su variación anual durante el primer bimestre del año 2019.

2. En el mismo sentido que el inciso anterior, puede expresarse la elevación de los salarios reales que desde el sexenio del presidente Vicente Fox, administración en el que se vieron incrementados de manera real, no se había notado un aumento en términos reales. Si bien la recuperación de los salarios tiene que ver en buena medida con el control a la inflación que el Banco de México ha tenido, los salarios mínimos están avanzando de manera importante también por la política de este gobierno de ajustarlos hacia arriba de manera paulatina como una medida no sólo de equilibrio macroeconómico sino de equilibrio social. Luego del triunfo del presidente quedó del lado el incompleto debate de que los salarios sólo pueden subir tomando en cuenta únicamente la productividad; esta medida impulsada por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, que encabeza Luisa María Alcalde, está teniendo efectos positivos. El aumento al salario en la frontera promovido por este gobierno no ha causado desempleo y, por el contrario, claramente mejoró los ingresos de las familias. En esta tendencia, el resto de los salarios en el país, según reportó el IMSS, ha crecido durante este año 6.9%, lo que está por arriba de la inflación. Queda pendiente desde luego, el tema de la informalidad, pero al menos ya comienza a haber una variación positiva en los salarios de los trabajadores no registrada en los dos sexenios anteriores.

3. El formar un equipo económico de talento en la hacienda pública es algo que deja aún más de lado en infundado temor sobre los gobiernos de izquierda en el manejo macroeconómico. La disciplina fiscal desplegada hasta el momento por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público al frente de un experto como el dr. Carlos Urzúa mantiene a los mercados tranquilos, que junto con este pilar y las tasas de interés tienen al peso mexicano con la fortaleza que nos presenta. Adicionalmente, es de aplaudirse la propuesta de disminuir el uso excesivo de fideicomisos públicos que por años se abusó para limitar la transparencia en el uso del dinero en los gobiernos, lo que incluso provocó un impacto negativo en general en el funcionamiento fiduciario en México. Cuánto se ahorra nuestra economía con esta medida, seguramente será mucho.

Existen elementos adicionales que pueden argumentar en sentido contrario al que hay cosas positivas en nuestra economía y con ello abonar a la incertidumbre. No obstante, nadie puede objetar que el tema social que impulsa esta administración está coadyuvando a la recuperación de los salarios reales, desde luego con la labor conjunta del Banco de México y la vocación de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público por la disciplina fiscal y la austeridad, dará certidumbre macroeconómica de largo plazo al margen del ruido político coyuntural. Adicionalmente, nadie puede objetar que todavía hay mucho por hacer en materia económica, de ello no hay duda, pero para eso son los cambios.

Cortesía de EL ECONOMISTA

Deja un comentario