El Plan Nacional de Desarrollo: la oportunidad de la izquierda en México

En las próximas semanas la sociedad mexicana tendrá la oportunidad de comentar y enriquecer el Plan Nacional de Desarrollo (PND). Desde que se instauró en nuestro país la obligación legal de que cada gobierno presente un proyecto de desarrollo al inicio de su administración nunca habíamos tenido la oportunidad de participar en uno que realmente abra la posibilidad de un cambio a profundidad como ahora. Para ser honestos, desde el inicio de este deber durante la administración del presidente Miguel de la Madrid, los planes nacionales han servido para simular que en México se planea el desarrollo. Cómo hacer planes de algo tan serio como el desarrollo de una nación en cinco años, ello sólo se explica mediante nuestra fantasía y simulación que ha representado esta práctica en la que se cumple con la obligación legal y la forma de entregar un documento del que nadie se vuelve a acordar el resto del sexenio. Esta realidad se hace aún más clara cuando se observa, por ejemplo, que los términos de adelgazamiento del Estado, la apertura comercial y la desregulación de la actividad económica fueron las premisas más importantes que sostuvieron la lógica del desarrollo justamente desde los tiempos del presidente de la Madrid hasta nuestros días.

Sin embargo, el primer PND de un gobierno de izquierda en nuestro país, con la legitimidad en las urnas y la fuerza política que tiene el presidente Andrés Manuel López Obrador, abre la puerta de par en par para incorporar elementos que pongan a México en la senda del desarrollo que incluya a los que ya están en éste y a los excluidos. Por un lado, y ésta quizá sea la aportación más importante del presidente, está el incorporar a los que menos tienen al desarrollo; al mismo tiempo, mantener y acrecentar los niveles de desarrollo que ya alcanzan más de la mitad de los mexicanos que aprecian que las regiones en las que viven se crece a tasas superiores a 4% de manera sostenida. La tarea no es fácil, los primeros necesitan ya ser incorporados al desarrollo pues no pueden seguir a la espera de que la apertura y la mano invisible de la libertad económica les lleven las mieles de desarrollo material, cuando además ven que la aplicación de estos preceptos en México se había venido tergiversando bajo la lógica de la corrupción y el enriquecimiento de unos cuantos; los segundos no pueden ser arbitrariamente frenados porque son el aporte de recursos para el resto del país y del propio gobierno.

En la anterior transición encabezada por el presidente Vicente Fox no se tuvo la misma oportunidad. A pesar de la legitimidad electoral de su triunfo, el entonces gobierno del cambio no tuvo las herramientas políticas como la mayoría de los gobiernos de los estados y, sobre todo, la mayoría en ambas cámaras para siquiera intentar hacer cosas de fondo. En esta ocasión, la ola de cambio es mucho más profunda y cuenta con todos los instrumentos para llevarlo a cabo. La oportunidad no se debe perder para sentar las bases de un crecimiento sólido, no al viejo estilo en donde se pretendía que desarrollo es todo y para todo. El revoltijo de poner en un mismo documento para salir del paso temas como: desarrollo social, político, económico, cultural, lo mismo que local, comunitario, regional, sustentable, global, así como democrático, derechos humanos, justicia, derecho, educación, ciencia y tecnología, humanidades y un sinfín más de cosas en el guiso, generó que todo quedará en el olvido mientras millones de personas se alejaban del desarrollo.

Probablemente sea tiempo para abandonar la tendencia a la simulación y a la eterna búsqueda aspiracional de pretender todo sin lograr nada y entender con Wallerstein que desarrollo puede ser un mito o una ilusión, la especie humana no se sacia en sus necesidades. Este gobierno tiene la oportunidad de hacer un ejemplar ejercicio democrático invitando a la sociedad a construir juntos un PND objetivo y realista, al mismo tiempo que atienda la prioridad de voltear a ver a los que menos tienen, sin descuidar a quienes hasta ahora vienen cargando con toda la responsabilidad de la generación de riqueza que sostiene al resto del país.

El valor del primer PND de un gobierno de izquierda en México estriba en el complemento que su visión le pueda dar a nuestra larga percepción del desarrollo, con la responsabilidad de que se tienen las condiciones políticas suficientes para llevarlo a cabo siempre partiendo de las capacidades económicas reales que se tienen para lograr realmente algo. Tal vez es tiempo de considerar la tesis de Esteva que nos conmina a ver el desarrollo como cada comunidad o nación lo conciba y a su paso, dejando de lado la influencia extra lógica que sólo nos lleva al mito o a la ilusión.

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