Los gobiernos populistas frente a una nueva gran recesión

¿Qué es una sociedad decente? Se preguntó con insistencia Avishai Margalit hace ya más de dos décadas. En el texto del mismo nombre, el pensador israelí respondió que la sociedad decente es aquella cuyas instituciones no humillan a las personas.

Y ofrece una distinción en términos éticos: la sociedad civilizada es aquella cuyos miembros no se humillan unos a otros –asuntos sobre los que tradicionalmente se ocupa el derecho privado-; mientras que los Derechos Humanos se ocupan de crear sociedades decentes: aquellas cuyas instituciones no humillan a los ciudadanos.

Es ineludible preguntarse qué significa, humillar. Margalit sugiere que la humillación sólo puede ser atribuible a las acciones u omisiones de los hombres respecto a otros hombres en la convivencia social; es, el tipo de conducta que constituye una buena razón para que una persona considere que se le ha faltado al respeto.

En términos de convivencia democrática, un gobierno humilla a sus ciudadanos cuando sus acciones u omisiones ponen en riesgo la integridad y el mantenimiento corporal de sus ciudadanos. Esto, se traduce en faltas en el derecho a la salud, el derecho a la vivienda digna o el derecho al trabajo.

Traigo a cuenta estas ideas pues, todo indica, que habrá una importante recesión económica en 2020. El famoso economista, Nouriel Roubini ha anticipado una importante recesión económica para el año que viene. Roubini fue de los pocos economistas que reconocieron las señales de la peligrosa burbuja inmobiliaria que llevó al mundo, apenas hace once años, a la Gran Recesión; por ello, es conocido como “Dr. Doom”.

No se trata de la falla de un gobierno, o de los gobiernos de una región; estamos, nuevamente, en medio de un torbellino mundial. En opinión del economista, la tensión económica entre China y Estados Unidos es uno de los factores preponderantes para la tormenta que viene. “Este divorcio se va a poner feo en comparación con el divorcio entre Estados Unidos y la Unión Soviética”.

Esta nueva gran recesión tendrá que ser enfrentada por presidentes populistas. Y eso es, en mi opinión, una prueba definitiva pues impacta directamente en los escenarios electorales y en la idea de país que habían proyectado los gobiernos populistas.

La Gran Recesión de 2008 se enfrentó con medidas de austeridad impuestas por la Troika a la Unión Europea pero, especialmente, a Grecia, Italia y España. Las medidas fueron difíciles para los ciudadanos pues el derecho a la salud, vivienda y empleo fueron vulnerados. Se creó, así, una nueva clase social: el precariado cuyos votos llevaron al poder a los gobiernos populistas que, en las próximas semanas, tendrán que enfrentar una nueva recesión.

Bajo este escenario, es buen momento para recordar que ningún gobierno puede humillar a sus ciudadanos: no pueden faltar medicinas ni recortes en el sistema de salud; la creación de empleos y la desprecarización salarial tendrán que mantenerse; y habrá que adelantar un sistema para proteger la vivienda de los ciudadanos.

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