Archivos de la categoría Valeria López Vela

El código de ética de la BBC

A propósito de las falsas declaraciones del todavía presidente Donald Trump, la mayoría de las cadenas televisivas cortaron la transmisión, pues decidieron no ser utilizadas como megáfonos de un supuesto fraude; asimismo, calcularon los daños que las palabras de Trump traerían para la democracia americana. Y, sin temor alguno, explicaron a las audiencias su decisión y acotaron las imágenes del mensaje presidencial.

Seguir leyendo El código de ética de la BBC

Obsesión por el poder: rebatingas o bocetos

Las elecciones de ayer en Estados Unidos fueron, al tiempo, construcción y destrucción; esperanza y terror; claridad y penumbra. El país otrora líder del mundo occidental presentó, nuevamente, un rostro inesperado. Y aunque todavía quedan algunos días para conocer al ganador -pues quedarán pendientes los votos de Wisconsin, Michigan y Pensilvania-, hay algunas reflexiones que hacer.

Por un lado, el temor de enfrentamientos violentos en las calles no se materializó. Y esa es una buena noticia; pero un signo terrible de la poca salud democrática del país de la libertad. No es una buena cosa saber que las diferencias no alcanzan a dirimirse en las urnas y que la violencia es una carta más a jugar.

Las amenazas del Presidente Trump de no reconocer los resultados del proceso electoral muestran la perversidad que permite el juego democrático: los candidatos participan y condicionan las reglas a su victoria. La sola declaración muestra cuán mal jugador es el contendiente del partido republicano y, en mi opinión, habría de ser motivo de descalificación.

Para cualquier analista político, la cercanía en votos entre los candidatos rechina como una vieja bisagra oxidada; pareciera que los debates carecen de impacto en las decisiones electorales; lo mismo que los magros resultados, los escándalos o las victorias.

Estas elecciones mostraron, con más claridad, algo que percibimos hace cuatro años: las votaciones no son más que la expresión de las fobias y de las filias de la sociedad que “elige”; son un simple concurso de popularidad, en donde los votantes proyectan sus ilusiones fallidas, al tiempo que aprovechan para vituperar al contrario. Pero no más que eso.

Lamento que ya no haya discusión de ideas; las propuestas parecen irrelevantes mientras que las mofas o las descalificaciones resultan más redituables que un mínimo de previsión por la conveniencia de los resultados.

Solo así se explica que haya latinos que respalden la candidatura del presidente más antimexicano que ha habido en la historia, por ejemplo.

Cualquier votante, tendría que haberse hecho estas preguntas: ¿es necesaria una regulación sobre el mercado de armas? ¿el sistema de salud me da garantías para la cobertura de mis enfermedades? ¿Podré distinguir entre el gobierno una banda de matones? En las boletas electorales, se tendrían que reflejar las respuestas razonadas a estas cuestiones y otras más.

Para mejorar la calidad de la democracia, americana o mexicana, tendríamos que insistir en que las reglas del juego se respetan o no se participa; que las emociones políticas son importantes, pero no pueden ser el factor de decisión y que se vota un proyecto de país que impacta, a su vez, la vida de cada uno de los ciudadanos. Las elecciones no pueden verse como un rebatinga de poder sino como el boceto de los días por venir.

Democracia secuestrada.

“La democracia representativa y sus estructuras básicas han sido secuestradas; al menos, en parte”. Así comienza el libro de Ramón A. Feenstra, profesor del Departamento de Filosofía y Sociología de la Universitat Jaume I de Castelló, en España. El provocador texto incita a la reflexión de las inéditas e inauditas prácticas políticas de nuestros días que se cobijan bajo el manto democrático.

Señala Feenstra que los primeros en hacer sonar las alarmas del secuestro de la democracia —ya sea por gobiernos populistas, de izquierda o de derecha, o autócratas en sus distintas versiones— fuimos los académicos, los periodistas y los activistas sociales, cuando señalamos las irracionalidades de los gobiernos que se permitían mediante “el cheque en blanco” en que se tradujo la representación partidaria.

Dicha concentración de poder, aunada a la necesidad de retención del mismo, hace que los presidentes-plagiarios extorsionen a los ciudadanos condicionando el ejercicio de los derechos a la incondicionalidad en el voto. Así, “ni oyen ni ven” los razonamientos jurídicos que destruyen sus políticas perversas; tampoco consideran las aportaciones que se hacen en los parlamentos abiertos. En vez, justifican sus arbitrariedades en los votos que los llevaron al poder, desde el que ahora abusan de los ciudadanos -incluidos sus propios votantes.

Y, en efecto, el secuestro de las democracias inicia con la figura autoritaria del Poder Ejecutivo, pero alcanza su máximo efecto corruptor con la complicidad del Poder Legislativo y Judicial. Así, las Cámaras de Representantes quienes, en contra de su propia naturaleza, olvidan a los representados para validar atrocidades democráticas que, más tarde que temprano, las cortes tienen que resolver -a veces, con piruetas inconstitucionales.

Los secuestradores de la democracia nos roban la libertad y toda capacidad de actuación en la esfera pública; despojan de su poder al demos, quitándonos derechos a los que califican de privilegios. Así, por ejemplo, las reestructuras a los sistemas sanitarios no han mostrado sino vulneraciones al derecho a la salud de los ciudadanos.

Al igual que una persona secuestrada, los votantes quedamos a merced de los caprichos, delirios y favores de quien busca robarnos todo: desde nuestras propiedades, prestaciones laborales o fideicomisos hasta nuestras libertades y derechos -protesta, expresión y participación política. Este tipo de personajes no merecen el calificativo de malos políticos; son, en realidad, bucaneros del poder.

El propio José Mujica señaló que vivimos en una democracia secuestrada que es peor que una dictadura abierta. Así que, esto no se trata de un asunto de derechas o de izquierdas; en esta ocasión, las ideologías deben quedar de lado si queremos rescatar con vida a nuestra democracia: con los derechos y las libertades que esto significa.

Fuerzas Armadas: si no es ahora, no habrá mañana

De acuerdo con las estimaciones de los epidemiólogos, hacia el final de este año habrá habido tantos decesos por la pandemia del Covid-19 como los que dejaron los seis años de la Segunda Guerra Mundial. Es decir, en 14 meses la pandemia de 2020 habrá igualado el número de fallecidos que hubo en la guerra más sangrienta de la historia.

Seguir leyendo Fuerzas Armadas: si no es ahora, no habrá mañana

Biden vs Trump: primer debate

El impacto de la elección del próximo presidente de Estados Unidos se sentirá en el territorio norteamericano y, que no se nos olvide, en nuestro país. Por ello, el cara a cara entre Biden y Trump es una cita con la historia: se trata de pensar cómo, con quién y en qué condiciones queremos ser gobernados. 

Seguir leyendo Biden vs Trump: primer debate

Emociones políticas

En el 2013, Martha Nussbaum publicó Emociones políticas, un interesantísimo estudio de Filosofía Práctica en el que la filósofa de Chicago argumenta que, en medio de los miedos, los resentimientos y las preocupaciones del día a día, es posible orientar los esfuerzos públicos reforzando las emociones públicas. Con esta tesis, se aleja de la idea weberiana que asumía que en las discusiones sociales habría de imponerse la fuerza del mejor argumento racional, ya fuera el beneficio, la utilidad o el placer.

Seguir leyendo Emociones políticas

El discurso de Melania

La convención del Partido Republicano ha sido un sonoro silencio que le permitió al presidente Trump crear un estruendoso chirrido de insensateces políticas. Por inverosímil que parezca, los republicanos hicieron de lado la plataforma electoral del partido -la agenda y temas que han defendido durante años- y cedieron el uso de la voz a la familia Trump.

Seguir leyendo El discurso de Melania