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“Cuantos menos hechos se tienen, más fuerte es la opinión”. Arnold H. Glasow, empresario estadounidense.

 

Imaginemos por un momento que acudimos una consulta a un médico y, apenas después de haber hecho algunas preguntas, el médico nos diagnostica diabetes y prescribe un tratamiento a base de insulina. En principio, como pacientes deberíamos preocuparnos por, en primer lugar, asegurarnos que el médico realizó los exámenes adecuados para confirmar su diagnóstico.

 

Porque, suponiendo que tuviéramos estudios clínicos en la mano, que mostraran datos no consistentes con un diagnóstico de diabetes, debería preocuparnos enormemente que el médico nos respondiera “pues para mí es diabetes”, sin importar los datos duros al respecto.

 

En la actualidad, paradójicamente vivimos una doble condición que nos permite en teoría tener acceso a la información más puntual y confiable para tomar decisiones de cualquier tipo (incluyendo por supuesto las económicas y financieras); pero, al mismo tiempo, la mayoría de las personas presentan serias limitaciones para allegarse y valorar adecuadamente la información relevante e incluso para reconocer la importancia de contar con datos verificables y puntuales para tomar decisiones.

 

Se dice que todo el mundo tiene derecho a su propia opinión, pero no a sus propios datos. A nivel mundial y por supuesto en México, escuchamos frecuentemente argumentaciones respecto de tópicos muy diversos, en los que se invalidan datos simplemente negándolos a partir de opiniones sin ningún tipo de sustento.

 

En temas económicos, por ejemplo, es fundamental analizar los problemas con base en datos puntuales y verificables, que nos permitan generar diagnósticos a partir de los cuales y sólo entonces, se propongan distintas alternativas de acción sobre las cuales decidir.

 

Distintos estudios demuestran, por ejemplo, que frecuentemente las personas al analizar sus decisiones financieras familiares o personales, parten de una valoración subjetiva de su situación, sin analizar las causas reales o la enorme cantidad de información disponible que permitiría comprender el origen de la problemática, su situación presente y, consecuentemente, las mejores alternativas y cursos de acción para resolverla.

 

En el libro “Factfulness”, el investigado hace algunos años fallecido Hans Rosling, especialista en análisis de datos, plantea la importancia de analizar adecuadamente los hechos y reconocer los sesgos y desviaciones que nos llevan a malinterpretarlos, a desvirtuarlos o incluso a dejarlos de lado antes de tomar decisiones.

 

En economía conductual, se conoce como sesgo de confirmación la propensión de las personas a rechazar cualquier dato o información que no encaje con su preconcepción sobre algún tema determinado y a sólo aceptar información, aun cuando presente inconsistencias u orígenes dudosos, cuando esta ratifique la posición subjetiva que se tiene.

 

Cuando abordamos temas relacionados por ejemplo con las finanzas familiares, ante condiciones de restricciones importantes en la capacidad de gasto, frecuentemente se presenta una visión completamente centrada del lado de los ingresos. Se presume, también casi siempre con razón, que el nivel inadecuado de las percepciones familiares es el origen y fundamento único de una precaria condición de bienestar financiero. Sin embargo, casi siempre, dicho análisis es incorrecto o por lo menos, incompleto.

 

En un altísimo porcentaje de los casos, los desequilibrios de las familias tienen como un detonador fundamental la generación de endeudamiento, mal manejado y asumido con información deficiente, lleva a cargas de deuda con altas tasas de interés y pesado servicios mensuales a la deuda que aprietan y limitan enormemente los probablemente producidos ingresos familiares.

 

De la misma manera, frecuentemente en el análisis de las condiciones que afectan las finanzas familiares, se tiene un diagnóstico incompleto respecto de la estructura del gasto familiar que puede presentar, incluso niveles de ingreso bajo, gastos inadecuados que consumen una porción relevante de los ingresos disponibles pero que, además, no generan valor de largo plazo para la familia.

 

En el mundo y en México por supuesto, vimos un entorno en el que se ha abandonado e incluso hecho de lado, la importancia fundamental que tiene la capacidad de un pensamiento crítico y basado en la ciencia. Sólo la disciplina, la consistencia y el análisis basado en datos objetivos y verificables, nos permite realizar los diagnósticos que conduzcan a las medidas adecuadas para la corrección de los grandes problemas que presentamos como país, como sociedad, como familias y como individuos.

 

 

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM, columnista en El Economista y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. director_general@mb.com.mx – síguelo en Twitter @martinezsolares

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